Volvamos a lo básico: da una buena melodía. «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe». Una melodía reúne sonidos de manera agradable; el amor es lo que evita que tu vida y tus acciones se conviertan en ruido.
Versículo clave
«Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.»
1 Corintios 13:1
Puedes tener talento, ser atractivo, conocer la Biblia o alcanzar éxito profesional, pero nada de eso reemplaza el amor. Sin amor, sigues sonando como ruido. Que Dios afine tu corazón, y que des una melodía dondequiera que vayas.
«Todas vuestras cosas sean hechas con amor». Hay distintas formas de amor: el amor de amistad, el amor de pareja y el amor de Dios. Seas soltero, casado, viudo o viuda, hay una melodía para ti.
La melodía de mostrarte amigo
«El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano». En lugar de esperar siempre que otros den el primer paso, ofrece amistad, bendice y da lo mejor de ti. Ese es el reflejo de un corazón sano. Puedes decir «si no me habla, no le hablo», o puedes decidir hablar y actuar con amor. Valora la bendición de tener amigos. ¿Te has mostrado amigo, o solo esperas recibir amistad?
Unos amigos llevaron a un paralítico en su lecho hasta la casa donde Jesús enseñaba, pero la multitud no los dejaba entrar. Entonces subieron al techo, abrieron una abertura y lo bajaron delante de Jesús. Imagina el esfuerzo de bajarlo con cuidado por el techo.
«Al ver Jesús la fe de ellos». No dice que vio la fe del paralítico, sino la de sus amigos. Cuando alguien no puede sostener la fe por sí mismo, la amistad de quienes lo rodean puede acompañarlo y acercarlo a un milagro. Que tengas buenos amigos, y que tú seas un amigo cuya fe acompaña a otros.
Soltería: elige desde una identidad afirmada en Dios
Si estás soltero, esta etapa es una oportunidad para elegir una melodía para tu vida, y no a alguien que sea ruido. Abraham envió a su siervo en un largo viaje a buscar esposa para Isaac. El siervo pidió una señal: que la joven le ofreciera agua a él y también a sus camellos. Y Rebeca lo hizo.
Imagina a Isaac preguntando cómo era el corazón de Rebeca antes de verla. Mira más allá de la primera impresión: ¿ocupa Dios el primer lugar en la vida de esa persona? Rebeca sirvió agua al siervo y a diez camellos sedientos, sin que nadie se lo pidiera. Ese servicio revelaba un corazón dispuesto a servir y a amar.
No elijas guiado solo por la emoción. Atiende a los principios: amar y hacer las cosas con amor. Da una segunda mirada, más allá de lo primero que ves, y busca que Dios sea el primero en la vida de esa persona. Si Dios ocupa ese lugar, él le mostrará sus errores y transformará su vida. Hay cosas que tú no puedes cambiar en tu pareja: solo Dios puede cambiarlas.
Encontrarás amor para tu vida cuando primero encuentres el amor de Dios. No vivas con ansiedad por ser amado. «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero». Busca pareja desde una identidad afirmada en Dios: él te da valor, y eres especial para él. «Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra». No te conformes con menos de lo mejor.
Que llegue una melodía a tu vida. Y si sientes que elegiste ruido, no es irreversible: Dios puede transformar ese ruido en melodía por medio de su amor.
Matrimonio: vuelve a las primeras obras
Si estás casado, recupera la melodía del primer amor. «Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras». A Dios no solo le importa que las cosas estén bien hechas, sino que se hagan con amor. Vuelve a aquellas acciones del comienzo que marcaron la diferencia.
Vale más una chispa que se mantiene encendida que una hoguera que se apaga en la noche. No esperes a sentir una emoción para actuar. Decide amar, da lo mejor de ti, y vuelve a hacer con amor lo que hacías al principio; así experimentarás cosas que antes no habías sentido. No te des por vencido.
El amor de pareja es imperfecto, y se convierte en ruido cuando siempre espera algo a cambio, exige perfección o condiciona el amor a recibir la actitud correcta. Sigue alimentando tu amor y vuelve a las primeras obras; no vivas en automático. Muchos matrimonios se rompen; que el tuyo no haga ruido, sino que dé una melodía.
Viudos y viudas: un Dios de oportunidades
Si quedaste viudo o viuda, hay dos actitudes posibles, como las de Orfa y Rut. Quizá dices que no quieres volver a casarte, que con una experiencia fue suficiente; cada matrimonio es diferente, y nadie te impone casarte otra vez. Rut tuvo una actitud que le permitió dejar atrás el ruido del luto y dar lugar a una nueva melodía en otra etapa de su vida. Dios es bueno, y es un Dios de oportunidades.
El amor de Dios: la melodía más importante
El amor más importante es el amor de Dios, manifestado en Jesús en la cruz del Calvario. La sangre de Cristo es una melodía de amor y de perdón; la cruz es una carta de perdón para tu vida. Si hoy no estás experimentando el amor de pareja ni algún otro, no tengas pena: deja que el amor de Dios se manifieste en ti.
«Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti». Es un romance eterno, una melodía de amor. El amor de Dios no depende de que estés bien con él: puedes disfrutarlo a pesar de tus errores.
Pedro negó a Jesús tres veces. Y después de la resurrección, Jesús le preguntó tres veces: «¿Me amas?». El amor de Jesús no abandonó a Pedro a pesar de sus errores. Las malas decisiones traen consecuencias, pero el amor eterno de Dios sigue esperándote.
«Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia». «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». ¿Qué haríamos sin su amor? Una cosa es hablar del amor de Jesús, y otra es experimentarlo. Recíbelo.
Versículo clave
«Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»
Romanos 5:8
Recibe la melodía
El amor de Dios es una melodía disponible para todos: no solo para unos pocos, ni para personas perfectas, sino para quienes estén dispuestos. Dile a Dios que lo necesitas. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Hay demasiado ruido en mi vida, pero hoy recibo tu melodía de amor. Te recibo como mi Señor y Salvador».
Referencias bíblicas
- 1 Corintios 13:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 16:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 18:24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 5:18-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 24:12-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 54:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 21:15-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 5:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


