No basta con desear sueños grandes de parte de Dios: importa cómo vives mientras esperas verlos. Cuando dormimos, hay un momento en que los ojos se mueven rápidamente bajo los párpados: es cuando empezamos a soñar, y el cerebro reorganiza la información y descarta lo que no sirve. ¡Qué perfecto es Dios! Así como tienes ojos físicos, tienes ojos espirituales. Y el soñador necesita tener los ojos abiertos. Un soñador ve, persevera y vive con alegría.
Ver: acércate a Jesús, la luz del mundo
Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?». Jesús respondió: «No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él… Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo».
Versículo clave
«Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.»
Juan 9:5
Jesús escupió en tierra, hizo lodo con la saliva, untó con el lodo los ojos del ciego y le dijo: «Ve a lavarte en el estanque de Siloé». El hombre fue, se lavó y regresó viendo. Los vecinos discutían si era el mismo que antes se sentaba a mendigar. Él decía: «Yo soy». Y contaba: «Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista». Obedeció, y recibió la vista.
Jesús vino para que puedas ver. Si tienes a Jesús cerca, recibes luz. Acércate a él: mientras más cerca estés, más empezarás a ver lo que antes no veías.
Quizá te preguntas por qué atraviesas dolor, o por qué te tocó vivir ciertas circunstancias. Deja de insistir en el «por qué» y permite que Dios sea luz en tu vida. Dios es soberano, y a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Confía en que él sabe lo que permite.
Ni el lodo ni el estanque tenían propiedades curativas. Hay situaciones en tu vida que parecen no tener lógica. No te preocupes: Dios tiene el control y puede obrar aun cuando el proceso no parezca lógico. Dios formó al ser humano del polvo de la tierra; el que te formó con propósito puede hacer milagros en tu vida.
Imagina a ese hombre caminando por el pueblo con lodo en los ojos, sin poder abrirlos, quizá preguntándose si se veía ridículo. Así se siente cuando, además de una crisis económica o de dificultades en tu matrimonio, parece sumarse otro problema. Pero él no se quejó ni protestó: recibió la instrucción y fue a lavarse.
Camina en obediencia aunque las circunstancias no parezcan lógicas y no puedas ver con claridad. Caminar sin ver es difícil, pero Dios está presente y tiene planes. Siloé significa «enviado». Hay cosas que esperan tu respuesta obediente a una palabra que Dios te dio. El poder no estaba en el lodo ni en el agua, sino en la palabra de Jesús.
El soñador necesita ver. Y ver no es tener todas las explicaciones por adelantado, sino acercarte a Jesús, reconocerlo como tu luz y seguir su instrucción, aunque el camino parezca extraño.
Perseverar: cuida tu sueño en medio de la pérdida
Rispa era concubina del rey Saúl: una esposa de menor rango, cuyos hijos eran parte de la casa real, aunque no eran reyes. Su sueño era que sus hijos llegaran a ser reyes.
Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos. David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: «Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas». David preguntó a los gabaonitas qué podía hacer por ellos; no quisieron oro ni plata, sino siete hombres de los descendientes de Saúl.
El rey entregó a siete hombres: cinco nietos de Saúl y los dos hijos que Rispa le había dado a Saúl, Armoni y Mefi-boset. Los siete fueron ahorcados. «Tomando luego Rizpa hija de Aja una tela de cilicio, la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche».
Le contaron a David lo que hacía Rispa. Entonces David fue y tomó los huesos de Saúl y de Jonatán, que estaban en Jabes de Galaad, y los huesos de los siete ahorcados, y los sepultaron en tierra de Benjamín, en el sepulcro de Cis, padre de Saúl. «Y Dios fue propicio a la tierra después de esto».
¡Qué perseverancia la de Rispa! Tendió su tela de luto sobre la roca: puso su dolor sobre la roca, que es Dios. Lleva a Dios tu dolor, tu frustración y tu fracaso, en lugar de aferrarte a ellos.
Rispa cuidó esos cuerpos durante meses, desde la siega hasta la lluvia. Cuidar tus sueños requiere perseverancia. El nombre Rispa significa «brasa encendida». Una persona apasionada no es la que se deja llevar por las emociones, sino la que tiene una convicción interna que la impulsa a seguir adelante.
Imagínala diciendo: «Usaré la fuerza de mi tristeza para luchar por lo que creo». De día espantaba a los buitres; de noche, a las fieras. Aunque parezca que tu sueño está muerto, no entierres lo que Dios no ha dado por muerto. El buitre sabe cuándo algo está muerto, pero la persona perseverante sigue creyendo que Dios está con ella.
El fracaso solo ocurre cuando te rindes. Mientras no te rindas ni sueltes tu sueño, todavía puedes perseverar. La constancia y la pasión te permiten seguir esperando el milagro. Cuando la lluvia llegó, se abrieron los cielos y vino la bendición. No te des por vencido antes de ver la lluvia descender sobre tu vida, sobre tus seres queridos y sobre tus generaciones.
La perseverancia de Rispa tocó el corazón del rey, y sus hijos fueron sepultados con honra, junto a los reyes de su familia. Dios hizo el milagro. Si sigues creyendo aunque tu sueño todavía no se haya cumplido, y los obstáculos te incomodan, espera que el cielo se abra y la bendición venga. Persevera, persevera, y no sueltes la esperanza.
Vive con alegría y suelta el pasado
¿Estás alegre? «Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos». No se puede perseverar en algo que no se ha visto: el sueño y la alegría van juntos.
Versículo clave
«Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan.»
Salmos 126:1
¿De qué está llena tu boca: de risa y alabanza, o de quejas y negatividad? Da gracias por un nuevo día, por la expectativa de ver un milagro, por las puertas abiertas. Que tu lengua se llene de alabanza, no solo en la iglesia, y que quienes te miren digan: «Grandes cosas ha hecho Jehová con estos».
Una iglesia soñadora es una iglesia alegre. ¿Crees que no puedes reír porque no tienes sueños? El sueño está ligado a la alegría. El soñador ve lo que Dios tiene para su vida, persevera y vive con alegría.
En tu vida hay victorias, éxitos y logros, y también cosas difíciles, dolor y momentos complicados. Suelta el pasado. Si no lo sueltas, no podrás ver lo nuevo que Dios quiere para ti. «Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta».
Abre tus ojos, persevera y suelta el pasado. Dios ha depositado grandes sueños en tu vida. Recibe lo que tiene para ti, levanta tu rostro con alegría, mira al cielo y sigue adelante.
Referencias bíblicas
- Juan 9:1-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 21:1-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 126:1-3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 2:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 9:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 126:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


