EN Oración
Serie Dreamzzz

Sigue soñando: los sueños de Dios se cuidan en su presencia

Sigue soñando. Los sueños de Dios se cuidan en su presencia y se manifiestan por su poder. Cuida tu corazón en medio del dolor, vuelve a leer sus promesas, y no des por muerto lo que Dios no ha dado por muerto: tu sueño vive aún.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Sigue soñando. Los sueños que vienen de Dios se cuidan en su presencia y se manifiestan por su poder. Dios da los sueños y hace que se cumplan; a ti te toca cuidar tu corazón delante de él.

Tu corazón puede dar vida a los sueños que Dios depositó en ti, o contribuir a apagarlos. Llévalos ante Dios y cuida tu corazón en su presencia. Las dudas, y la experiencia de vivir lo contrario de lo que esperabas, pueden dañarlo. Tu corazón es como una semilla que necesita ser regada cada día con la promesa de Dios.

Una promesa en medio de un camino difícil

Dios le dijo a Jacob: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho». Esa promesa fue el ancla de Jacob. Confía: Dios no te dejará. No se trata solo de atravesar un camino difícil, sino de ser transformado en el trayecto hacia el cumplimiento del sueño.

Versículo clave

«He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.»

Génesis 28:15

No midas todo solo por si el sueño ya se manifestó, sino también por lo que Dios está haciendo en ti mientras avanzas. Jacob soñó con la cabeza sobre una piedra, y al final de su vida adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Ese bastón lo acompañó, con sus promesas y sus sueños, a través de circunstancias muy duras.

La noticia de José y el dolor de Jacob

Rubén volvió a la cisterna, y José ya no estaba allí; y rasgó sus vestidos. Los hermanos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, tiñeron la túnica con la sangre y se la enviaron a su padre. Jacob la reconoció y dijo: «La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado».

José era parte del sueño de Jacob, parte de la promesa sobre sus generaciones. Imagina a Jacob poniéndole a José aquella túnica de colores, pensando en todo lo que Dios haría con él. Y ahora tenía la túnica en sus manos, manchada de sangre.

Ante la túnica ensangrentada, Jacob creyó que su hijo había muerto, y que el sueño se había terminado. Hay un tiempo para llorar, y Jacob hizo bien en expresar su dolor. Pero ¿qué pasa cuando crees tener en tus manos la evidencia de que aquello por lo que esperabas ya no seguirá adelante?

Quizá creíste que levantarías una gran empresa, pero recibiste negativas en tus últimas propuestas, y ya no tienes cómo sostenerte un día más. Llegas a decir: «Ya no se puede». Expresa tu dolor, pero no lo conviertas en la conclusión definitiva sobre lo que Dios puede hacer.

«Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol». Jacob aceptó como definitiva una noticia falsa, y vivió años de luto y sin esperanza.

Sécate las lágrimas y vuelve a mirar la promesa

¿Tu vida está marcada por lo que Dios diseñó, o por las circunstancias que te rodean? Hay cosas que no puedes comprender. Levántate, sigue creyendo y vuelve a leer las promesas de Dios. Todas sus promesas son en Cristo «sí» y «amén». No pierdas el tiempo tratando de descifrar cada circunstancia: vive cada día creyendo.

El consuelo tiene su momento, pero no te quedes para siempre en una postura de derrota. ¿Eres un soñador? No te rodees de personas que alimentan lo que debería haber dejado de tener lugar en tu vida. Un soñador necesita una visión mayor, y personas que lo animen a avanzar, no solo palabras que prolonguen el lamento.

El paralítico de Betesda llevaba treinta y ocho años junto al estanque, y Jesús le preguntó: «¿Quieres ser sano?». Él respondió con su historia: «No tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo». ¿Te has acostumbrado a ser víctima, o a recibir atención por la lástima? Levántate y vuelve a creer.

Sécate las lágrimas, y no des por muerto lo que Dios no ha enterrado. Quizá tienes que salir con una pala a buscar los sueños que diste por perdidos. ¿Dónde abandonaste la esperanza? Hay cosas que lloras y que Dios todavía mantiene vivas para ti. Levántate y sigue soñando.

Cuando Jacob dormía con una piedra por almohada, Dios no solo lo consoló: le dio un sueño mayor, la promesa de la tierra y de sus generaciones. No confíes en lo que puedes recuperar por ti mismo, sino en lo que Dios ha dicho.

Una historia que aún no había terminado

Los comerciantes llevaron a José a Egipto, y Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia, lo compró. Mientras Dios obraba en el camino de José, también estaba trabajando en la promesa. El destino de José era mayor de lo que Jacob había imaginado: no volvería como cualquier hijo, sino como gobernador.

José llegó a gobernar Egipto, y sus hermanos fueron a comprar alimento. José les dijo que no volvieran sin Benjamín. Cuando Jacob lo supo, dijo: «Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas».

¿Has sentido alguna vez que todo está en tu contra? Las circunstancias de Jacob no estaban trabajando en su contra, sino a su favor. A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. No dice «a los que entienden cada situación», sino «a los que aman a Dios».

Después de perder a José y sin Simeón, Jacob se aferraba a Benjamín. Ante las pérdidas, ¿te aferras a lo poco que te queda, en lugar de ofrecérselo a Dios? Dios le estaba pidiendo a Jacob que soltara a Benjamín, para devolvérselo, y también devolverle a José.

Lleva tu dolor delante de Dios. Dios te consuela lo suficiente, y también te desafía a levantarte y secarte las lágrimas. Si sientes que tus circunstancias están afectando tu matrimonio o tu familia, cree que Dios puede obrar a tu favor y a favor de tus generaciones.

La noticia que revive el espíritu

«Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto». Tu sueño vive aún.

Versículo clave

«Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y el corazón de Jacob se afligió, porque no los creía.»

Génesis 45:26

«Y el corazón de Jacob se afligió, porque no los creía». Cuando estás acostumbrado a las malas noticias, desconfías de las buenas. Pero ellos le contaron todas las palabras de José, y cuando Jacob vio los carros que José enviaba para llevarlo, «su espíritu revivió».

Lo que un día se sembró, un día se cosecha. Las palabras de José reanimaron a su padre. El Dios que estaba en lo alto de la escalera que Jacob vio en su sueño mantuvo viva la promesa todo el tiempo.

Que tu espíritu reviva. Levanta tus manos, sigue soñando y reconoce a Dios: el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Y abraza el sueño más grande: la salvación y la vida eterna con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas