EN Oración
Serie Kings & Queens

El propósito de un rey

David reconoció su pecado cuando Natán lo confrontó. Tres riesgos para el propósito: alimentar lo que debe morir, dejarse desviar por la adulación y tomar decisiones insensatas. Como el hacha perdida, puedes recuperar la visión.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
27 min

Cada persona fue pensada por Dios con un propósito. No es que Dios haya creado a alguien y luego se pregunte qué hacer con esa vida: el propósito estaba en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo. Por eso, quienes son llamados reyes deben conocer su propósito y no perderlo.

La ayuda que no patrocina una adicción

Hay un programa de televisión sobre un joven que pesaba casi setecientas libras y tenía una adicción a la comida. La raíz de toda adicción es un vacío, y las adicciones buscan llenarlo mediante algo que se ingiere o se incorpora, como comida, alcohol o drogas. Un médico le pide que baje de peso, pero él empieza a subir. Cuando las mujeres de su familia le llevan la comida especial de su dieta, él les grita. El médico les dice que dejen que grite, pero que no lo ayuden de esa manera, porque así lo están matando: él necesita ver que requiere ayuda.

Las mujeres que lo rodean patrocinan la adicción: en vez de ayudarlo en esa área débil, mantienen aquello que le hace daño. También en la vida espiritual necesitamos personas que colaboren para que cumplamos el propósito de Dios, incluso cuando tengan que decirnos no lo que queremos oír, sino lo que necesitamos escuchar. ¿Cuentas con alguien capaz de hablarte con franqueza?

David recibe una corrección y reconoce su error

Dios envía a Natán al rey David, y el profeta le cuenta la historia de dos hombres de una ciudad: uno rico, con muchas ovejas y ganado, y otro pobre, que solo tenía una ovejita criada en su casa. La oveja compartía la comida y el vaso del pobre, dormía en su regazo y era para él como una hija. Cuando llega un viajero, el rico, en vez de tomar una oveja de su propio rebaño, se lleva la del pobre y la prepara para su huésped.

David se indigna y declara que el hombre merece la muerte y que debe pagar cuatro veces el valor de la oveja por no haber tenido piedad. Entonces Natán le dice: «Tú eres ese hombre». David había pecado con Betsabé y había enviado a Urías al frente de batalla para que muriera. Lo importante aquí es la reacción del rey ante la confrontación: en 2 Samuel 12:13, David reconoce que ha pecado contra el Señor, y Natán le responde que el Señor perdonará su pecado y que no morirá.

Versículo clave

«Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.»

2 Samuel 12:13

La respuesta de David muestra responsabilidad, entendida como la manera en que respondemos ante las situaciones: David responde con integridad al reconocer su falta. Natán no hablaba con cualquier persona, sino con el rey, y la parábola fue una forma respetuosa de acercarse a alguien para decirle una verdad difícil. Necesitamos personas que trabajen en equipo con Dios para evitar que nos apartemos del propósito, y necesitamos carácter para recibir corrección. ¿Hay en tu matrimonio y en tu vida alguien que pueda decirte la verdad?

Tres riesgos para el propósito

Hay tres riesgos que pueden apartarnos del propósito.

1. No alimentar lo que necesita morir

El primer riesgo es seguir alimentando lo que necesita morir. Sísara se escondió en la carpa de Jael, que lo recibió y le dijo que entrara sin miedo. Sísara pidió agua, pero ella le dio leche; luego él le pidió que permaneciera a la entrada de la carpa y dijera que no había nadie si alguien preguntaba. Cuando quedó profundamente dormido, Jael tomó un martillo y una estaca de la carpa y lo mató atravesándole la cabeza. El nombre Jael tiene los sentidos de «la que aprovecha» y «la que asciende».

Jael no le llevó agua, sino leche: una imagen de las áreas dañinas que una persona sigue alimentando. Deja de alimentar esas áreas para aprovechar el momento y avanzar hacia un nuevo nivel en el propósito de Dios. Reconoce aquello que te cuesta y decide no seguir dándole alimento.

Pablo y Silas iban a la oración cuando una muchacha con espíritu de adivinación los siguió durante muchos días diciendo que eran siervos del Dios Altísimo que anunciaban el camino de salvación. Sus palabras eran ciertas, pero su presencia buscaba desviarlos de aquello que iban a hacer: orar y tener intimidad con Dios. Detén aquello que obstruye tu visión puesta en Dios.

2. No dejarse desviar por la adulación

El segundo riesgo es la adulación, cuyo daño a veces no percibimos. Proverbios 26:28 dice que la lengua falsa atormenta al que ha sido lastimado y que la boca lisonjera hace resbalar. Lisonjear es ofrecer un halago desmedido y sin propósito. Proverbios 29:5 compara la lisonja al prójimo con tender una red delante de sus pasos.

No te dejes mover por halagos que te aparten de Dios. En Mateo 16:22-23, Pedro toma aparte a Jesús y le dice que tenga compasión de sí mismo y que eso no le acontezca; Jesús le responde que se aparte, porque no pone la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Esas palabras de Pedro podían desviar la mirada de Jesús hacia sí mismo, pero Jesús sabía para qué había sido llamado y que iría a la cruz.

Cuando el propósito se pierde, hay que volver al lugar donde se perdió.

Y Dios puede devolverlo.

3. Tomar buenas decisiones

El tercer riesgo tiene que ver con las decisiones. Dios permite procesos para probar y formar el carácter, y no son para toda la vida. ¿Estás aprendiendo en la escasez? ¿Has aprendido quiénes son tus amigos, quiénes te apoyaron y qué emociones aparecen cuando otra persona es bendecida? Puede surgir envidia o, en cambio, confianza en la justicia de Dios. Dile al Señor que, sin importar lo que estés viviendo, tomarás la mejor decisión, conforme a lo que entiendes que dice su Palabra y a lo que Dios quiere.

Las buenas decisiones nacen de lo que Dios dice.

Aun después de un error, se puede volver a empezar.

Volver atrás no es retroceder, sino regresar al propósito.

Dios puede devolver la pasión.

Lo que parecía hundido puede volver a flotar.

Versículo clave

«Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.»

Filipenses 4:12-13

Esa es la mejor decisión.

Volver al lugar donde se perdió el propósito

¿Cómo está tu propósito? Un grupo de profetas vivía bajo estrechez y le dijo a Eliseo que quería ensanchar el lugar donde vivía; Eliseo fue con ellos y comenzaron a ampliar el espacio. Un soñador siempre sueña con hacer algo, pero nunca lo realiza; un visionario tiene una visión y se ve realizándola. En nuestro ADN está ser visionarios y emprender propósitos. El trabajo del Padre es ser creador y, al crear a cada persona, creó también el camino por el que habría de pasar y el lugar donde habría de estar.

En ese trabajo, una persona que llevaba un hacha perdió el hierro, que cayó a un río turbio. Le dijo al profeta que se le había caído allí y, cuando Eliseo preguntó dónde, señaló el lugar. Si sientes que has perdido el rumbo, vuelve al sitio donde se perdió el propósito. Quizá quisiste abrir una empresa o un negocio y dejaste de creer porque algo salió mal o no ocurrió como esperabas.

El profeta cortó un tronco, lo puso sobre el agua, y el hierro del hacha empezó a flotar. Eliseo sabía lo que Dios iba a hacer. Si sientes que has perdido el propósito, no sabes hacia dónde vas o atraviesas dificultades en el matrimonio, los negocios o la salud, hay esperanza en la cruz y el sacrificio de Cristo. Dios te dice hoy: te devuelvo la pasión, te devuelvo el propósito, te devuelvo la razón por la cual naciste. Da gracias por la cruz y el sacrificio del Calvario.

Vuelve a tomar el hacha. Es tuya, diseñada para ti: tu propósito y tu razón de existir. Nadie más puede cumplir ese propósito; no te vayas de esta tierra sin cumplirlo. Recupera la visión y camina en el propósito que Dios dispuso para tu vida.

Referencias bíblicas