Remontar es vencer, superar, subir hasta lo alto. En el fútbol se dice que un equipo remonta cuando va perdiendo, acorta la distancia y termina ganando. Si sientes que la adversidad te lleva ventaja, puedes volver a levantarte y avanzar.
El águila: una imagen de renovación
Dios le preguntó a Job: «¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido?». Job había perdido a sus hijos y sus bienes, y estaba enfermo. Y Dios le hablaba del águila que remonta el vuelo. Aun después de una etapa dolorosa, es posible volver a volar.
Versículo clave
«¿Se remonta el águila por tu mandamiento, Y pone en alto su nido?»
Job 39:27
Se dice que el águila, a mitad de su vida, tiene que decidir entre morir o renovarse, porque su plumaje se vuelve tan pesado que le impide alcanzar las alturas. El águila cuida mucho sus plumas; pero llega un momento en que tiene que dejar ir las viejas para que crezcan nuevas.
Hay procesos dolorosos que son necesarios para renovarte. Si estás en una relación que no te lleva a ninguna parte, déjala. Decide abandonar los vicios. El dolor no es una razón para rendirte: puede ser parte de un proceso que te lleva a la vida y no a la muerte.
El águila vive en las alturas, no entre la basura. Renovarte requiere estar cerca de Dios. Quizá llegas a la presencia de Dios como un águila que perdió sus plumas, en medio de una crisis. Si crees que estás en tu peor momento, puede estar comenzando un tiempo mejor: el plumaje que viene será mejor que el que perdiste.
«Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán». Cuando tu meta son las promesas de Dios, los desafíos y las circunstancias pierden su peso: puedes caminar y correr por encima de ellos, porque estás dispuesto a volar.
Job en medio de la pérdida
Imagina a Job sentado entre las cenizas, sufriendo, y de pronto ve pasar un águila. Dios mismo le ordenó volar. Aun en su dolor, Job podía mirar al águila y saber quién da la orden de volar.
«Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job». Si tropezaste o sufres un dolor y crees que no te volverás a levantar, no estás destinado a terminar allí: puedes renovarte. Nadie es demasiado viejo para comenzar de nuevo; lo que necesitas es fe.
José tenía una túnica de colores y grandes sueños, y sus hermanos le tenían envidia. Quisieron matarlo, y al final lo vendieron. Hasta el hermano «bueno» terminó participando en venderlo.
Jacob recibe una noticia que cree definitiva
Rubén volvió a la cisterna, y José no estaba; y rasgó sus vestidos. Volvió a sus hermanos y dijo: «El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?». Entonces tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, tiñeron la túnica con la sangre y la enviaron a su padre: «Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no». Y él la reconoció y dijo: «La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado».
El grito de Jacob es el de quien, ante el dolor, siente que no hay salida ni respuestas. Le presentaron la túnica como prueba, pero la noticia era falsa: José seguía vivo. No des por muerta una promesa.
«Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días». Cuando tus ojos están llenos de lágrimas, todo se ve borroso; no puedes leer con claridad. Si atraviesas un duelo o cargas malas experiencias, sécate las lágrimas para poder ver las promesas de Dios.
Versículo clave
«Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.»
Génesis 37:34
Dios le había prometido a Jacob: «Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré… porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho». Esas promesas seguían en pie, a pesar de la noticia.
«Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol». Jacob aceptó vivir en luto porque creyó una noticia que no correspondía a la realidad.
Cuidado con las malas influencias y las mentiras que te llevan a vivir de una manera que Dios no diseñó. José tenía sueños; sus hermanos no soñaban y se burlaban de él. Quienes no creen en las promesas suelen dedicarse a destruir los sueños de otros.
La túnica ensangrentada no demostraba que José estuviera muerto. No des por muerto lo que Dios no ha enterrado. José estaba vivo, y tus promesas también lo están, aunque otros anuncien que terminaron.
Mientras Jacob lloraba, José seguía su camino
Años antes, Jacob había soñado con una escalera y ángeles que subían y descendían, y había despertado diciendo: «Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía». Despierta y levántate con una actitud diferente. Mientras Dios trabajaba en Jacob, también estaba preparando el camino de José.
«Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia». Potifar pudo comprar a José, pero no lo que Dios había puesto dentro de él. Cuando la esposa de Potifar quiso acostarse con él, José huyó: no renunció a lo que llevaba dentro. No vendas tu promesa ni tu sueño.
Vino el hambre, y los hermanos de José fueron a Egipto a comprar alimento. José ya era gobernador, y ellos no lo reconocieron. Les pidió que volvieran con Benjamín, y retuvo a Simeón. Cuando le contaron a Jacob, respondió: «Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas».
Jacob veía todo en su contra. Pero lo que parece adverso puede terminar obrando a tu favor: a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. La cisterna, la esclavitud, la cárcel injusta: todo parecía contradecir la promesa de José, pero cada etapa lo acercaba al palacio.
Cuando José se dio a conocer, no fue él mismo a ver a su padre: envió a sus hermanos a decirle que vivía. Quienes un día llevaron la mala noticia, ahora llevarían la noticia de vida, y serían testigos del cumplimiento de la promesa.
«Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre. Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto». Imagina el asombro de Jacob: no solo estaba vivo, sino que gobernaba. Si un día creíste muerta tu promesa, podrías llegar a ser testigo de una noticia distinta.
Dios cumple sus promesas y no falla. Lo que Dios tiene para ti está hecho a tu medida, como la túnica de José, y nadie te lo puede quitar, aunque otros quieran ocupar tu lugar. Los hermanos pensaron que nunca más verían esa túnica, pero un día vieron a José vestido de ropas reales.
Quizá en los años de cárcel José pensó que sus hermanos se quedarían con su herencia. No te preocupes por perder lo que Dios preparó para ti. Jacob temía haber perdido a su hijo, y lo recibió de vuelta como señor de toda la tierra de Egipto.
Tu promesa está viva
«Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió». Para remontar el vuelo, tu espíritu tiene que revivir; algo tiene que cambiar por dentro para que puedas decir: «Es tiempo de levantarme».
«Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera». Repite: «Mi promesa está viva». No morirás sin ver las promesas de Dios.
«Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas». Quizá tu situación actual es un nido seguro del que no quieres salir por miedo a sufrir. Fuiste creado para las alturas y para ver cosas grandes, aunque experimentes dolor, desaciertos y momentos en que todo parezca en tu contra. Esas circunstancias pueden estar a tu favor.
Extiende tus brazos y declara que tu promesa sigue viva. Deja atrás el dolor y el luto, sécate las lágrimas, y vuelve a mirar la promesa. Levántate a creer, y comienza a remontar el vuelo en el nombre de Jesús. Que se vaya toda duda: es tiempo de renovar tu mirada, levantarte y creer que tu promesa está viva.
Referencias bíblicas
- Job 39:27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 40:31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:29-36 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:12-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 39:7-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 42:36 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 45:4-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 46:28-30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:34 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


