EN Oración
Serie Mente de Campeón

Una mente campeona está lista para romper sus límites

Una mente campeona está lista para romper sus límites. Habla la palabra de Dios y no tus limitaciones, piensa en grande para bendecir a otros, renueva tu odre para recibir lo nuevo, no veas el futuro con la imagen del pasado, y pide con valentía una doble porción.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
38 min

Dile a quien tienes al lado: «Eres un campeón». Dilo con convicción y con una sonrisa. Una mente campeona está lista para romper sus límites. Muchas veces los límites no vienen de otros: nosotros mismos los ponemos, y luego nos cuesta creer en grande lo que Dios puede hacer en nuestra vida y a través de ella.

Habla lo que Dios ha dicho

«Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida». Tu cuerpo y tus circunstancias pueden estar limitados, pero tu espíritu no tiene que quedar definido por esos límites. ¿Qué palabras hablas? ¿Repites palabras de limitación, o hablas conforme a la palabra de Dios y a lo que él ha prometido?

Versículo clave

«Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.»

Juan 3:34

Saúl le dijo a David: «No podrás tú ir contra aquel filisteo… porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud». Esa era una evaluación humana. Pero Dios había depositado algo en David. Las palabras que repites pueden ponerte límites a ti y también a tus generaciones. Habla las palabras de Dios, no la valoración limitada de otros.

Decide esta semana no hablar tus propias palabras, sino la palabra de Dios. Tus palabras deben reflejar lo que Dios ha dicho. No dejes que la escasez del presente sea la única medida de lo que esperas. La escasez puede describir tu situación actual, pero no define todo tu futuro.

Distingue entre la realidad que vives hoy y la realidad del reino. Dios «llama las cosas que no son, como si fuesen». Tu momento difícil no es tu destino final. Tu fe no se reduce a lo que tienes hoy en las manos.

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». No dice «todo lo puedo en mí», sino en Cristo. Esa fortaleza te permite esperar milagros aun cuando tu realidad parezca limitada.

Alguien empieza corriendo cinco kilómetros; luego llega a diez, y después se pregunta si podrá correr veintiuno. No todos tienen que perseguir la misma meta, pero es posible superar límites que creías definitivos. Una mente campeona espera lo mejor, piensa en grande y no reduce de antemano lo que puede ocurrir.

Piensa en grande para bendecir a otros

«Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados». Jesús no piensa en poco: piensa en muchos, en todos. Piensa en grande. Sueña con ver a tu ciudad y a tu nación congregadas para Cristo.

Si piensas solo en ti, lo que obtengas beneficiará solo a ti. Pensar en grande te permite bendecir también a otros y a las generaciones que vienen. Lo que el hombre fabrica empieza pequeño y luego intenta agrandarlo; lo que Dios crea es grande desde el principio. Una mente campeona no se pregunta solo qué puede alcanzar para sí, sino a quiénes puede bendecir.

Ante la multitud hambrienta, Jesús preguntó qué había. Aparecieron cinco panes y dos peces, y comieron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Otros podían decir: «No hay nada». Pero Jesús no quedó limitado por la escasez.

Quizá piensas que lo poco que tienes es igual a nada. Mira a Dios: él es dueño de todo. ¿Están las palabras del Padre en tu vida, o hablas de otra manera? Eres coheredero con Cristo. Los padres humanos tienen limitaciones; tu Padre celestial no las tiene. No basta repetirlo: ¿lo crees?

Pagar una cuenta, tener poco en el banco o enfrentar un desafío son realidades presentes, pero no tienen que convertirse en límites espirituales. Deja de ponerte límites, y cree que este puede ser un tiempo para recibir algo nuevo. Los ángeles de Dios pelean a tu favor.

Un odre nuevo para lo nuevo

«No hay nada nuevo debajo del sol». Pero de arriba, de Dios, viene algo nuevo para tu vida. Dios puede hacer algo nuevo: ¿estás preparado para romper tus límites y recibirlo?

«Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar». Jesús lo dijo cuando le preguntaban por qué sus discípulos no ayunaban. Necesitas renovarte para recibir lo nuevo de Dios. Algunos solo están preparados para lo que no excede lo que ya conocen.

Versículo clave

«Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.»

Marcos 2:22

El odre nuevo es flexible y se expande; el viejo es rígido, y se rompe con el vino nuevo. Para mantener los odres flexibles se les ponía agua y aceite: la palabra y la unción del Espíritu Santo te mantienen renovado. Busca a Dios cada día, sin depender de cuánta información hayas acumulado, con la disposición de un niño que espera ser sorprendido por Dios.

Quizá algunas promesas nuevas se derramaron porque tu odre no estaba renovado. Preséntate ante Dios con un corazón dispuesto: «Aquí hay un odre nuevo para lo nuevo que tienes para mi vida». Si no tienes flexibilidad para recibir lo nuevo, no lo podrás retener.

Ve más allá de la imagen del pasado

En Betsaida le trajeron a Jesús un ciego y le rogaron que lo tocase. Jesús lo tomó de la mano, lo sacó fuera de la aldea, escupió en sus ojos, le puso las manos encima y le preguntó si veía algo. Él dijo: «Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan». Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: «No entres en la aldea».

Ese hombre no era ciego de nacimiento: alguna vez había visto. Al recuperar la vista, quizá todavía veía la última imagen que tenía grabada. Puedes estar en el presente y seguir viendo a través de tus experiencias pasadas, y por eso no reconoces lo nuevo que Dios pone delante de ti.

A veces crees que ves bien, pero tu visión todavía está confusa: ves hombres como árboles. Tu pasado y tus malas experiencias no tienen que detener lo nuevo de Dios. Jesús sacó al hombre de la aldea para hacer el milagro. No busques solo a quienes te recuerdan tus limitaciones pasadas: rodéate de voces que te ayuden a mirar hacia el futuro que Dios tiene.

Una nueva visión requiere nuevos pensamientos. Y fíjate: Jesús le puso las manos otra vez. Si estás dispuesto, pero todavía te cuesta ver, sigue pidiendo renovación. Lo hará otra vez. No te avergüences de necesitar ayuda.

Jesús le dijo al hombre que no volviera a la aldea. No vuelvas a la aldea del desánimo, del rencor, del pecado, de lo que te perjudicaba y te limitaba.

«Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos». No vuelvas a buscar la afirmación de la aldea, aunque allí seas famoso o recibas mucha atención. No mires atrás: valora el reino de Dios por encima de la aprobación del mundo.

Pide una doble porción

Elías le dijo a Eliseo: «Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti». Y Eliseo dijo: «Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí». Pide con grandeza; no reduzcas tus expectativas por una falsa humildad. Eliseo tuvo que agacharse a recoger el manto que había caído: se necesita flexibilidad y humildad para recibir lo que otro dejó.

Con los años perdemos flexibilidad, y agacharse a atarse los zapatos se vuelve un desafío. El cuerpo tiene medida; el espíritu no. Tu estatura puede impedirte jugar al baloncesto profesional, pero no limita tu capacidad espiritual para orar.

Elías respondió: «Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así». Pedir una doble porción requiere valentía e identidad. Jesús dijo: «El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará». Lo que Jesús hizo no es el límite de lo que Dios puede hacer por medio de los suyos.

Imagina a Pedro el día de Pentecostés, viendo convertirse y bautizarse a tres mil personas, y recordando que su Señor no le había puesto límites. Por donde Pedro pasaba, sacaban a los enfermos para que al menos su sombra cayese sobre ellos, y eran sanados. Espera cosas más gloriosas.

Tu momento difícil y tu escasez no son el límite. Si Dios venció a la muerte, puedes esperar lo imposible en Cristo Jesús. Viene un tiempo de doble porción para quienes esperan lo nuevo.

Libertad para creer

Como el hombre que veía a los hombres como árboles, quizá todavía estás confundido por tu pasado. Recibe paz: el Señor lo hará otra vez. Ora conmigo.

Señor, rompe las limitaciones que el mundo ha puesto en nuestra mente y que hemos llegado a creer. Derriba toda fortaleza que obstruya la fe. Tu Espíritu fue dado sin medida. Rompe las cadenas de las circunstancias, de las palabras de familiares, amigos o jefes. Danos libertad para creer y para soñar, como coherederos de Cristo. Aunque haya poco en nuestras manos, tú puedes hacer mucho. Declaramos un tiempo nuevo y una doble porción por tu Espíritu Santo, en el nombre de Jesús.

Referencias bíblicas