EN Oración
Serie Mente de Campeón

Una mente de campeón: resistir y permanecer firme

Los campeones se forman en procesos. Una mente de campeón resiste y le cree a Dios por encima de las circunstancias, persevera aunque caiga, sostiene sus compromisos, retiene su integridad en el día malo y, habiendo acabado todo, permanece firme.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
38 min

Dios está transformando tu manera de pensar para que tengas una mente de campeón y tomes lo que él tiene para tu vida. Todos tenemos mente; el problema es su contenido. Es como un libro con una portada atractiva y un contenido desordenado. Necesitas que la palabra de Dios renueve lo que hay en tu mente.

El libro de los Hechos está lleno de cosas gloriosas: los discípulos vieron hechos diferentes cuando su mente fue renovada. Una mente renovada te permite ver lo que Dios tiene para tu vida; pero te toca creerlo, tomarlo y alcanzarlo. Que en el cielo se sigan escribiendo hechos, y que tu nombre aparezca entre quienes ven hechos diferentes en su vida y en la de quienes los rodean.

El Pedro de los evangelios no es el mismo Pedro de los Hechos. La diferencia es una mente transformada. Y ese cambio no fue instantáneo: la formación ocurre en procesos, y a ese proceso lo llamamos discipulado. No eres un aficionado: eres un discípulo. Los campeones se forman.

La formación requiere resistencia

Los campeones están dispuestos a hacer lo que no les gusta para ver realizado lo que aman. Recibir una medalla debe ser maravilloso; levantarse cada día de madrugada para entrenar, quizá no tanto. Para reunirte a interceder temprano, tienes que levantarte aún más temprano. A esa hora puedes despertar desorientado, preguntándote quién eres y dónde estás, y con ganas de volver a la cama. Pero después de orar reconoces que fue algo glorioso.

A veces te toca hacer cosas desagradables por lo que amas: la presencia de Dios, su palabra y su propósito. El proceso renueva tu mente, la transforma y te da dirección. La primera cualidad de una mente de campeón es la resistencia: resistir y creerle a Dios por encima de las circunstancias.

Si llevas años sin ejercitarte, tres minutos en una bicicleta del gimnasio te pueden parecer eternos. El entrenamiento desarrolla resistencia. Así te entrena Dios. Muchas de tus dificultades son consecuencias de tus decisiones; pero cuando es Dios quien te entrena, ese entrenamiento es maravilloso.

Una mujer cananea se acercó a Jesús porque su hija estaba gravemente atormentada por un demonio, y clamaba: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí!». Conoces la desesperación de una madre cuando algo le pasa a sus hijos. Pero Jesús no le respondió palabra. Y sus discípulos le dijeron: «Despídela, pues da voces tras nosotros». Hasta los que seguían a Jesús se interponían ante una mujer que buscaba ayuda.

El Señor la estaba haciendo resistente. Jesús respondió: «No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Ella se postró: «¡Señor, socórreme!». Él dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos». Y ella respondió: «Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres». Y su hija fue sanada desde aquella hora.

Si atraviesas una prueba, Jesús te está haciendo resistente, y la fe que ha puesto en ti dará fruto. Esa mujer rompió los límites que otros le ponían. Insiste. Sigue creyendo.

«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros». A veces parece que los que huyen son los creyentes, porque no resisten. Haz contrafuerza. Los hijos de Dios no fueron llamados a huir, sino a resistir; es el diablo quien debe huir con sus planes. Dios ya lo venció. Sométete a Dios y resiste.

«Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo». El verdadero León es el de la tribu de Judá. El adversario ruge, pero Cristo lo venció en la cruz. Resiste firme en la fe; no eres el único que padece.

Un depredador se inquieta ante la carne más tierna. Cuanto más carnal vives, más expuesto estás a los ataques del enemigo. Llénate del Espíritu y de fe para resistir.

Persevera y sostén tus compromisos

«Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman». Perseverar bajo la prueba es parte de una mente de campeón: aunque caigas, aunque te digan que no, sigues adelante. Si no fue el lunes, será el martes; si no fue el martes, será el miércoles. Porque Dios es bueno.

La segunda cualidad es el compromiso. Si dejas todo a medias, no desarrollas una mente de campeón. Si empiezas un libro y no lo terminas, el daño es también para ti: puedes dejar de creer en tu propia palabra. Termina lo que empiezas y mantén tus compromisos. Jesucristo se comprometió hasta la cruz y dio su sangre: esa es razón suficiente para estar convencido de que Dios te ama y te cuida.

El compromiso se sostiene también en las relaciones y en el trabajo. Hay quienes llevan años sin decidirse a comprometerse en una relación. Una convicción verdadera sostiene el compromiso. Esperar también es un esfuerzo sostenido, y Dios bendice a quienes resisten con paciencia. El tiempo revela la mente de un campeón.

Tus necesidades pueden impedirte ver tu potencial, tu llamado y el propósito de Dios. No pongas tu atención solo en ellas, sino en Dios, que es capaz de suplir mucho más allá. Tu mente no se forma si no sostienes tus compromisos y perseveras cada día; se deforma cuando abandonas tus compromisos y no eres constante en lo que crees y en lo que Dios ha dicho, aun en un mal momento.

¿Has tenido un jefe que no era el mejor? «Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar». Si tienes un jefe difícil, entiende que estás siendo formado: haz bien tu trabajo y honra. Tu promoción no vendrá de tu jefe, sino de Dios. Hazlo todo como para Dios.

Resiste y no pierdas lo que has ganado

Resiste, y no perderás lo que has ganado. Dios ya ha hecho una obra en tu vida, aunque todavía hay más por ver. «Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete».

Job había perdido a sus hijos y sus bienes. Y la persona que le quedaba le dio el peor consejo. «¿Aún retienes tu integridad?». Dios había formado a Job como un hombre íntegro, y aún podían venir más frutos de esa integridad. En el momento difícil, no abandones lo que has alcanzado.

Retener tu integridad se pone a prueba cuando la cuenta está en cero y aparece un negocio incorrecto. Ser fiel el día de la boda es una cosa; sostener ese compromiso toda la vida es otra. Cuando llegue la prueba, retén lo que Dios ya ha hecho en ti y no pierdas lo que has alcanzado.

Job respondió: «¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios». Resiste la tentación de hablar mal en tus momentos de mayor frustración. Job pudo haber respondido muchas cosas, pero no habló de manera incorrecta. Dios es bueno y seguirá siendo bueno.

«Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán». Dios puede hacer lo imposible, aun cuando parece que ya no queda nada.

Versículo clave

«Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.»

Job 14:7

«Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá». Job no tenía nada y estaba cubierto de llagas, pero declaraba que habría renuevo. No solo esperaba levantarse y volver a comer: podía volver a ser usado para bendecir a otros. Una mente de campeón cree que puede volver a haber fruto.

Admiramos a los deportistas como campeones; pero los discípulos de Jesús y los hombres y mujeres de la Biblia fueron campeones en la vida. Sal creyendo, aunque pienses que todo terminó, y dispuesto a bendecir a otros. Dios puede llevarte más allá de tus necesidades y usar tu vida para bendecir a alguien más.

Termina firme

«Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes». Hay días malos, en que las cosas no salen como esperabas. Pero «habiendo acabado todo»: la adversidad tiene fecha de vencimiento. Termina tu día malo de pie.

Versículo clave

«Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.»

Efesios 6:13

Di: «Hoy no fue el mejor día, pero mañana veré victoria. Seguiré adorando, orando y leyendo la palabra, porque el amor y la bondad de Dios me sostienen». Termina firme en Dios y en lo que crees. Toma las armas de Dios: la palabra, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación. Y preocúpate por bendecir a alguien más.

Sin una mente de campeón, terminas amargado, frustrado, angustiado o derrotado. Con ella, sabes que habrá una nueva oportunidad. A un gran golfista un admirador le preguntó si recordaba un hoyo que había fallado años atrás; el admirador tenía la fecha anotada. El golfista no lo recordaba. El admirador jugaba solo por diversión. Un profesional no se queda fijado en un mal tiro: si no pudiera seguir adelante, no ganaría campeonatos.

Si fallaste, no te quedes recordándolo: Dios tiene nuevas victorias y una próxima oportunidad. Resiste, porque después de resistir hay bendición. El Espíritu llevó a Jesús al desierto, y estuvo allí cuarenta días, sin comer, entre las fieras. El Padre lo estaba preparando para la cruz.

Tuvo hambre, y el tentador le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús respondió: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Le ofreció los reinos del mundo a cambio de adorarlo, y Jesús resistió. Entonces el diablo lo dejó, y vinieron ángeles y le servían. Resiste la prueba y la tentación.

«Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos». Cuando salgas de tu adversidad, saldrás en el poder del Espíritu. Decide resistir y permanecer firme después de cada prueba, con la fe como una de tus mayores armas: lo que Dios tiene para tu vida es mayor que lo que estás resistiendo, y el Señor está en control.

Referencias bíblicas