SOS es la señal internacional de auxilio: «salven nuestro barco», «salven nuestras almas». Dios tiene un equipo de rescate para este tiempo. Lo que ocurre en el mundo y en tu vida no es casualidad: Dios está preparando un equipo para llevar esperanza. No te desanimes ni entres en temor como quienes no tienen esperanza; reconoce el papel que te corresponde.
«Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez». Lo que Dios hace en tu vida es para que él sea glorificado. Para esta hora fuiste diseñado.
Versículo clave
«Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.»
Juan 12:27
Un equipo que lleva personas a Jesús
Cuatro hombres llevaron a un paralítico a Jesús. Hicieron falta varias personas, trabajando juntas, para acercarlo. Cada creyente es necesario para llevar a otros a los pies de Cristo, incluso a quienes no llegarían allí sin la ayuda de alguien.
Un equipo de paramédicos necesita hablar el mismo lenguaje, compartir un objetivo y respetar las posiciones, sin competir entre sí. Si cada uno reclamara atender el corazón, se perdería de vista lo importante: que el paciente se salve. Por eso Dios trata con el orgullo y la rebelión: la falta de sujeción impide que seas usado como parte del equipo. La posición importa menos que la función y la armonía.
Como no podían acercarse por la multitud, descubrieron el techo, hicieron una abertura y bajaron el lecho. «Al ver Jesús la fe de ellos». Persevera y cree por quienes necesitan ayuda. ¿A quién conoces que está paralizado espiritualmente, que no puede avanzar? Dios te necesita para acercarlo.
El enemigo ataca tu identidad para que creas que no sirves o que no naciste para aquello a lo que Dios te llama. Así, cuando te convoquen al equipo de rescate, responderás que no puedes. Asegúrate de quién eres en Dios, y dispónte a que su poder obre a través de ti.
Primera tarea: dar palabras de vida
La primera tarea del equipo es dar oxígeno: palabras que animan y bendicen en tiempo de crisis. «La muerte y la vida están en poder de la lengua». ¿Qué hablas? Dios trabaja en tu corazón y en tu mente para cambiar tu manera de hablar. No pronuncies condenación, sino bendición; no hables solo de lo que ves, sino de lo que crees que Dios puede hacer.
Si tienes un hijo inquieto, que no obedece, quizá has llorado preguntándole a Dios qué hacer. Cambia de estrategia: en lugar de repetirle lo que ves, declárale lo que crees que llegará a ser. En lugar de llamarlo desobediente, dile que es obediente. Quizá te mire extrañado; pero cuando cambias tus palabras, puedes ver cambiar su conducta. Habla palabras que bendigan.
En Jope murió Tabita, también llamada Dorcas, una mujer llena de buenas obras. Los discípulos supieron que Pedro estaba cerca y le enviaron a dos hombres para que viniera sin demora. Cuando llegó, las viudas lo rodearon llorando y mostrándole las túnicas que Dorcas hacía. Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: «Tabita, levántate». Ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó.
Pedro no se quedó llorando con las viudas: en ese momento no necesitaban sus lágrimas, sino su fe. Hay tiempo para todo: no todo se resuelve llorando, ni todo se resuelve solo orando; hay que saber cuándo orar, cuándo llorar y cuándo actuar. Pedro oró y luego pronunció palabras de vida. Tabita significa «gacela»: al llamarla por su nombre y decirle que se levantara, declaró su propósito. Ayuda a otros a escuchar el propósito de Dios para sus vidas.
La iglesia no son los templos, sino las personas. Dios muestra su poder por medio de su iglesia, y tú fuiste diseñado para dar vida, ánimo y palabras sobre el propósito de Dios para cada persona.
Segunda tarea: notar cuando baja el pulso
La segunda tarea es medir el pulso: notar cuándo alguien está perdiendo el ánimo. Pablo dijo de Timoteo: «a ninguno tengo del mismo ánimo». Pero en su segunda carta le recuerda sus lágrimas. Pablo estaba preso, cerca de su muerte, y Timoteo atravesaba temor.
Pablo le habla de una «fe no fingida». Se puede decir que se cree, mientras en el fondo no se confía porque las circunstancias parecen contrarias. El temor debilita, y lleva a fingir la fe. Pablo le aconseja: «Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Recuerda lo que Dios ha hecho y el llamado que recibiste.
Has sido llamado y capacitado para discernir cuándo el pulso de otra persona está bajando. Quizá te encuentras con alguien conocido en un restaurante, lo saludas de lejos, y al salir sientes que el Espíritu Santo te dice: «Regresa e invítalo». Notas que no está bien. Esa invitación sencilla puede ser el comienzo de su reconciliación con Dios.
Dios puede alcanzar incluso a quien no cree en él, y transformar a una familia entera a partir de una invitación. Ten sensibilidad para acercarte a quien no está bien, pregúntale qué necesita y ofrécele ayuda. No dejes pasar la oportunidad.
Tercera tarea: que el corazón vuelva a latir
La tercera tarea se parece al uso de un desfibrilador. Cuando el corazón late de manera descontrolada, los paramédicos aplican una descarga para que vuelva a latir con normalidad. Hay quienes dicen: «Así nací, y así voy a morir». Necesitan una sacudida del Espíritu Santo para entrar en una nueva temporada. Dios te usa para ayudar a otros a encontrar su propósito.
A Pablo y a Silas los azotaron, los metieron en el calabozo de más adentro y les aseguraron los pies en el cepo. ¿Cómo habrías reaccionado tú? «Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían». No se quejaron ni murmuraron: cantaron. Y sobrevino un gran terremoto; los cimientos de la cárcel se sacudieron, se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron.
El carcelero, pensando que los presos habían huido, sacó la espada para matarse. Pero Pablo clamó: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí». Y él preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?». Su corazón fue transformado, y él y toda su casa creyeron. Cuando Dios usa a una persona, generaciones enteras pueden ser transformadas.
Imagina a Pablo y Silas heridos, con la espalda ensangrentada, en un calabozo. También hay heridas del alma: traiciones, persecuciones. Dios puede transformar lo difícil que has vivido en ayuda para otros: tus heridas pueden convertirse en sanidad para alguien más, y tu experiencia puede ser la respuesta para otro.
Tus heridas pueden sanar a otros
Piensa en unos padres cuyo bebé nace prematuro, con muy poco peso, entre la vida y la muerte. Semanas en cuidados intensivos, viendo morir a otros bebés a su alrededor, mientras los médicos ya no encuentran dónde pinchar. Si en medio de eso se aferran a una promesa de Dios y la ven cumplirse, esa herida puede convertirse después en consuelo para otros padres. Dios puede revertir y transformar lo que viviste, de modo que no haya sido en vano.
Cuando alguien te diga que atraviesa una situación difícil, llega a tiempo: comparte una palabra de vida y de ánimo, y ayúdale a conectarse con Dios. Nadie da lo que no tiene. Conectado con Dios, puedes acompañar a alguien mientras Dios hace algo nuevo en su corazón. Dispónte para que el Señor te use.
El peso de gloria
«Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria». ¿Cómo pueden llamarse leves y momentáneas las tribulaciones? Tribulación es presión, angustia, aflicción, persecución. Imagina una balanza: de un lado, todo lo que has sufrido; del otro, el excelente y eterno peso de gloria de Dios. Y la gloria pesa más.
Versículo clave
«Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria»
2 Corintios 4:17
Quizá has sufrido traición, heridas, llanto y dificultades. No se trata de negarlo: Dios puede levantarte y hacer que el peso de su gloria supere tu aflicción. Si quieres ser parte del equipo, deja que Dios te procese. Él puede usar tus palabras, tus acciones y tus manos para imponerlas sobre los enfermos, llevar a los paralíticos y verlos levantarse; pero primero te procesa.
Si has tenido problemas en tu matrimonio, Dios puede usarte con otros matrimonios. Si has sufrido en tu salud, puede usar tus manos para orar por otros enfermos. Si has enfrentado el temor, Dios escoge lo vil y menospreciado del mundo para avergonzar a lo que se cree fuerte.
Dios no te ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. «Por su llaga fuimos nosotros curados». Lo que el enemigo intenta usar para destruir tu matrimonio o afectar a tus hijos, Dios puede tomarlo y transformarlo para su propósito. A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.
No te quejes, aunque el proceso duela. Di: «Algo está haciendo Dios», y comparte con otros lo que has vivido. El peso de la gloria de Dios vendrá, y nadie te lo podrá robar. Quizá hay un área en la que sientes miedo y quisieras salir corriendo; precisamente esa debilidad es la que Dios quiere transformar y usar, poniendo su peso de gloria sobre ella.
Nada es en vano: Dios usa todas las cosas para bien de quienes lo aman. Acepta que el proceso puede doler, dispónte a servir, y confía en que lo que has vivido puede convertirse en una oportunidad para llevar esperanza, ánimo y palabras de vida a otros.
Referencias bíblicas
- Marcos 2:1-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 18:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 9:36-42 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 2:19-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Timoteo 1:6-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:22-34 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Corintios 4:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 12:27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


