Justo a tiempo, sin perder el tiempo. Dile a quien tienes al lado: «No pierdas un minuto más de tu vida fuera del propósito de Dios». «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento».
Versículo clave
«El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.»
2 Pedro 3:9
Si parece que la venida de Jesús se demora, no es tardanza: es la paciencia de Dios. Jesús todavía no ha vuelto porque quiere que tu familia y tus amigos también lleguen a la salvación. Y el evangelio debe ser predicado en todo el mundo.
Lleva el mensaje de Jesús a donde vives y trabajas: la oficina, el vecindario. Tus acciones son un púlpito cotidiano que muestra que Jesús transforma, cambia y bendice vidas. No te limites a preguntar cuándo vendrá Cristo: trabaja por su venida.
No llames tardanza a lo que tiene que ver con tu carácter, tu corazón y tus acciones. Cuidado con decir «será en el tiempo de Dios» para posponer decisiones que ya debes tomar. El tiempo para comenzar una vida mejor puede empezar hoy, cuando decides creerle a Dios, poner en práctica su palabra y entrar en sus promesas.
Israel: once días que se volvieron cuarenta años
El pueblo de Israel se mezcló con gente extranjera, y sus pensamientos también se mezclaron. Eso sucede cuando los pensamientos de Dios se combinan con ideas que no son de Dios. «Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea». Un viaje de días se convirtió en cuarenta años en el desierto.
No bastaba con decir «será en el tiempo de Dios»: el pueblo debía creer, rendirse y dejar que Dios formara su vida. Con Moisés, una nube los guiaba de día y una columna de fuego de noche; cuando avanzaban, el pueblo avanzaba. Luego Dios le dijo a Josué: «Esfuérzate y sé valiente». Avanza, porque la gracia de Dios ya está con quienes le creen.
Cuarenta años son más de catorce mil días. Casi todos fueron días perdidos, dando vueltas, por no creer. No desperdicies otro día fuera de la voluntad de Dios.
El tiempo perdido afecta a las generaciones. Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir: aprovecha tu tiempo en la tierra para ver el propósito de Dios en tu vida y en tus generaciones. Enfócate en lo que Dios ha dicho, no en lo que otros dicen que está pasando, y no te quedes atrapado en la amargura, la frustración y el odio.
David consulta a su corazón
«Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos». David estaba cansado y desesperado por la persecución, y en ese momento difícil se fue al territorio del enemigo.
Consultar a tu corazón puede hacerte perder tiempo. «Engañoso es el corazón más que todas las cosas». Tus heridas, tus molestias y tu frustración pueden orientarte mal. En el matrimonio, si dejas que tus sentimientos heridos sean tu guía, puedes perder años.
Ante un conflicto, tu corazón puede aconsejarte no perdonar, aplicar la ley del hielo o responder con dureza. Buscar a Dios te lleva a perdonar y a no prolongar la amargura. No desperdicies tu vida en la falta de perdón.
En otra ocasión, David quiso llevar el arca de Dios en un carro nuevo tirado por bueyes. Cuando los bueyes tropezaron, Uza extendió la mano para sostener el arca, y murió. La celebración se volvió un funeral. La gloria de Dios no debía ser llevada por animales, sino sobre los hombros de los levitas. Tú fuiste diseñado para llevar la gloria de Dios.
David se frustró y no quiso llevar el arca a su ciudad; la dejó en casa de Obed-edom. «Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa». Donde está la presencia de Dios, todo prospera. La frustración lleva a descalificarse: «No sirvo para esto». Así concluyen algunos que no pueden emprender, que no pueden estar casados, que no pueden hacer lo que Dios les encomendó.
Después de tres meses, David reaccionó. Entendió que nada podía llenar su vida como la presencia de Dios. Ni los palacios ni las posesiones dan plenitud si Dios no está en el centro. David volvió por el arca. Solo Dios puede llenar tu vida, aunque también pueda añadir otras cosas.
David perdió noventa días. Hay quienes llevan ciento ochenta, trescientos sesenta, uno, dos o veinte años perdiendo el tiempo, creyendo que saldrán adelante solos. Reconoce tu error y deja de perder el tiempo.
La crisis en Siclag
«Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el Neguev y Siclag, y habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie habían dado muerte… Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar».
David había consultado a su corazón, se había ido con los filisteos y había peleado del lado del enemigo. Y mientras estaba lejos, perdió a su familia. Las decisiones tomadas desde el corazón herido tienen consecuencias.
«Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios». Y le dijo al sacerdote Abiatar: «Yo te ruego que me acerques el efod». Antes había consultado a su corazón; ahora consulta a Dios.
Cuando reconoces que has perdido tiempo y enfrentas consecuencias, reacciona pronto y en la dirección correcta. El corazón de David podría haberle dicho: «Defiéndete; recuérdales todo lo que has hecho por ellos». Pero David no discutió: consultó a Dios y reconoció su error.
Quien no sabe manejar la presión puede abandonarlo todo y empezar de nuevo, solo para volver a abandonarlo cuando aparezca la siguiente dificultad. Consulta a Dios, no a tu corazón, frente a tu propia presión y la de los demás. En el matrimonio, el corazón puede aconsejarte no perdonar ni dar otra oportunidad; atiende la dirección de Dios.
En el efod estaban el Urim y el Tumim: «luces» y «perfecciones». David necesitaba luz para ver el desorden y reconocer dónde había perdido tiempo, y la voluntad perfecta de Dios para guiar su siguiente paso.
Cuando entras a un cuarto oscuro y desordenado, antes de ordenar tienes que encender la luz para ver el desorden. Pide a Dios dirección después de haberte equivocado. El problema no es solo equivocarte, sino persistir en el error. Deja de consultar a tu corazón y busca la voluntad de Dios.
«Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos». David pidió dirección antes de moverse. Y Dios le respondió con misericordia, gracia y favor.
Versículo clave
«Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.»
1 Samuel 30:8
No te descalifiques por tus errores ni por el tiempo perdido. El tiempo no se recupera, pero Dios puede darte gracia y favor para recuperar lo que perdiste en ese tiempo. David no quería avanzar sin una palabra de Dios, porque otras veces se había movido sin ella y le había ido mal. Tus talentos, sin la dirección de Dios, pueden meterte en problemas.
Humildad, perdón y una nueva oportunidad
Las imperfecciones de David no fueron el final de su historia: se acercó a Dios y buscó su dirección. No entres en batallas que solo desgastan; pelea las batallas correctas, con el corazón correcto.
El orgullo te hace perder tiempo en tus relaciones: «Que me pida perdón primero». Reconoce tu error, pide perdón y perdona: a tus padres, a tus hijos, a tu cónyuge, a tu familia, a tus hermanos. Quizá necesitas llamar hoy a alguien para decirle «te perdono», o para pedirle perdón.
David persiguió a los amalecitas, recuperó todo lo que se habían llevado, y además tomó un gran botín. Cuando tienes la humildad de reconocer tus errores y buscar la perfección de Dios, Dios puede ayudarte a recuperar lo perdido y aun sorprenderte con más.
Una revelación vale tanto como la siguiente decisión que tomes a partir de ella. Nadie puede decidir por ti. ¿Es tiempo de dejar atrás aquello de lo que no has podido salir, o de comenzar algo nuevo? Hoy es una nueva oportunidad: las misericordias de Dios son nuevas cada mañana.
No pierdas otro minuto. Enfócate en lo que Dios ha dicho, no en lo que dice tu corazón. Las mayores pérdidas comienzan en el corazón, cuando lo consultas como guía. Hay matrimonios que se destruyen por un corazón que exige perfección para amar. Pero el amor perfecto de Dios nos ama con todas nuestras imperfecciones.
Una decisión para hoy
Quizá necesitas ir a abrazar a tus padres, o hablar con tu esposo o tu esposa para dejar de perder tiempo en discusiones y orgullo. Aprovecha cada día, cada minuto y cada segundo que Dios te da. Israel no tomó lo que Dios tenía para su vida; tú sí puedes tomar lo que Dios planificó para ti.
¿Cuánto tiempo has perdido? ¿Has consultado demasiado a tu corazón, que te aconsejó no perdonar, seguir odiando o dejar crecer el orgullo? La razón la tiene Dios, y la dejó escrita en su palabra. Pide sanidad para tu corazón, y empieza a consultar a Dios, su palabra, su presencia y su bondad.
Si estás casado, toma la mano de tu cónyuge y pidan perdón por el tiempo perdido en discusiones y en buscar quién tiene la razón, en lugar de darle a Dios el lugar que le corresponde. Jesús murió en la cruz para darte libertad y marcar un nuevo tiempo. Decide empezar ese tiempo hoy: recibe la gracia y el amor de Jesús, dale a Dios tu amor y tu obediencia, y comprométete a cumplir su propósito mientras estés en la tierra.
Referencias bíblicas
- 2 Pedro 3:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 27:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 30:1-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 30:7-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 1:6-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 30:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


