Todo hijo de Dios necesita claridad sobre su destino y su propósito en la tierra. Ese propósito es ser usado por Dios para trascender: como hijo, como esposo, como padre, como profesional o empresario, y en el ministerio. Trascender significa pasar del anonimato a ser usado por Dios, y también extenderse y traspasar los límites: llegar adonde nadie en tu familia llegó, alcanzar lo que otros no alcanzaron. Hay tres principios sencillos y poderosos para lograrlo.
Arráigate en la tierra donde Dios te puso
El primer principio es arraigarte en la plataforma donde Dios te sembró: tu familia, tu trabajo, tu iglesia. Cada tierra guarda tesoros escondidos: dones, ministerios, promociones, oportunidades de crecimiento. Tu matrimonio tiene un tesoro escondido, pero solo lo encontrarás si echas raíces profundas en tus principios, tu carácter y tu pacto. Quien se trasplanta una y otra vez pierde sus raíces y los tesoros que habría encontrado. Piensa en todo lo que Dios tuvo que hacer para traerte a donde estás: no fue casualidad, sino porque allí hay tesoros para ti y tus generaciones.
Habitar: casarte con la visión, establecerte y ocupar tu lugar
«¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». Se puede estar juntos sin estar en armonía, y quien no está en armonía tarde o temprano se va. La palabra «habitar» encierra tres ideas. Primero, casarte con la visión que Dios te dio: hacer un pacto y echar raíces en tus palabras. Un anillo de bodas recuerda una promesa: no lo que el otro debe ser para ti, sino lo que tú prometiste ser. Lo mismo en tu trabajo: un pacto de confianza y fidelidad, porque allí Dios te puso para prosperar y bendecir su obra con lo que produces.
Segundo, establecerte: ser parte del lugar donde estás, respirar su visión, en lugar de ser una célula que va contra el cuerpo y termina enfermándolo. Tercero, ocupar tu lugar: el asiento que tienes es tuyo; Dios te lo confió. «Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras». Lo que Dios derrama sobre la cabeza desciende sobre todo el cuerpo: cuando Dios bendice a su pueblo, está pensando en tu casa, tus hijos y tus nietos. La visión no se queda dentro de las cuatro paredes de la iglesia: la llevas a tu trabajo y a tu empresa. Alguien que entendió que era parte de algo grande reinventó su negocio quebrado, y hoy es de los que más venden.
«Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna». Lo que comienza como un pequeño manantial en la montaña se convierte, al bajar, en un río poderoso que da vida a todo lo que toca. Lo que Dios empezó con una pequeña promesa se ensancha con los años. Y como la ropa de Israel en el desierto, que crecía con quien la llevaba, cuando estás pegado a lo que Dios hace crecer, tú también creces. El interés se demuestra con acciones: si te importan tu familia, tu país o la obra de Dios, se verá en lo que haces.
Permanece en Cristo: tus raíces son sus promesas
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí».
Versículo clave
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.»
Juan 15:4
Permanecer significa arraigarte y mantener una relación estable y perseverante. El éxito de tu vida no está en los frutos —el auto, el don, la empresa—, sino en las raíces. A una rama le pueden cortar los frutos, pero si tiene raíces volverá a producirlos. Todo fruto que perdiste por pecado, negligencia o ataque, Dios puede restituirlo, no por tu rama, sino por tus raíces, que son sus promesas. Tu valor no son tus frutos: tus raíces están en Dios.
«Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho». Esa fidelidad y estabilidad te dan confianza para presentarle tus peticiones: salud, provisión, la salvación de tu familia. Y «en esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto». Cuando das fruto, la gloria es para las raíces, es decir, para Dios. La gente admira las manzanas; lo que sostiene al árbol son las raíces que no se ven.
La fe produce ideas para trascender
El segundo principio es vivir en una renovación permanente de la mente. Las ideas nacen de las convicciones: si crece tu fe, crecen tus ideas. Si no crees que saldrás adelante, no llegará la idea para lograrlo. Muchas veces las grandes soluciones llegan cuando crees que Dios tiene una salida.
Cuando se intentaba construir la primera máquina voladora, hubo un científico con estudios, recursos y apoyo del gobierno que dudó y no lo logró. Dos hermanos que fabricaban bicicletas, sin título universitario ni grandes recursos, lo lograron porque creían que podían. Con la visión llega la fe, con la fe llegan las ideas, y con las ideas, los recursos.
Versículo clave
«Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.»
Hebreos 11:6
Esperar es actuar con lo que Dios prometió
Tu fe es tu realidad, aunque no sea la de otros. Quien espera el autobús en la parada lo hace porque cree que va a pasar. Sara e Israel vivieron esperando, pero esperar no es quedarse de brazos cruzados: es actuar, buscar y llamar mientras llega la promesa. «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá».
«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». Si tu fe está en la palabra, cualquier crisis, enfermedad o problema en tu empresa también pasará. La fe se siente por dentro antes de verse, como el hijo que una madre lleva en el vientre antes de tenerlo en brazos.
Vive para que otros te imiten
El tercer principio es vivir de tal manera que alguien más pueda imitarte. Dios pidió a Israel que los padres contaran a sus hijos lo que él había hecho, y esa historia inspira a las nuevas generaciones. «Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón». Lo que construyes hoy lo disfrutarán tus hijos y tus nietos: tu visión tiene que ser más grande que tu vida, de modo que otros continúen lo que empezaste. Eso es trascender: dejar raíces, fe y un ejemplo que siga dando fruto cuando ya no estés.
Referencias bíblicas
- Salmos 133:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 15:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 15:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 15:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 15:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


