¿A dónde vamos? No es una pregunta solo para cada persona por separado, sino para la Iglesia de Cristo como comunidad. Dios puede desafiar a su iglesia y darle mayor claridad sobre hacia dónde avanzar.
Una familia de fe que aprende a atravesar el conflicto
Hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. Los conflictos desgastan a pastores, empresarios y familias. Pero Abram le dijo a Lot: «No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos». Y le propuso separarse sin imponerle qué tierra escoger.
Bienvenido a la familia de la fe. Zaqueo reconoció que había defraudado y dijo que devolvería cuatro veces lo defraudado, y que daría la mitad de sus bienes a los pobres. Jesús le dijo: «Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham». Al recibir a Cristo, fuiste unido a la familia de la fe.
No sabemos qué pasaba por la mente de Abram cuando Lot se apartó, pero seguramente lo amaba. Hay ocasiones en que puedes llorar con dolor y, al mismo tiempo, orar con fe. Lamentarte delante de Dios no significa dejar de confiar en que él puede sanar tu corazón y traer un tiempo nuevo. Dile a Dios que algo te dolió y, a la vez, confía en él.
Las personas y las circunstancias cambian; Dios no cambia. Cambian los gobiernos, la política, las inversiones y la situación mundial, pero por encima de todo eso, la iglesia depende de Dios. ¿A dónde vamos? Avanzamos confiando en Dios, sin hacer descansar nuestra seguridad en circunstancias cambiantes.
La dirección no se decide solo por lo que agrada a los ojos
Lot alzó sus ojos y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán, y se fue hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro. Abram acampó en la tierra de Canaán, y Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.
«Escogió para sí». Lot eligió por lo que le parecía mejor a la vista, no por la voluntad de Dios. ¡Qué distinta habría sido su historia si le hubiera preguntado a Dios qué hacer!
Tus decisiones marcan la dirección de tu vida, y lo más atractivo no siempre es lo correcto. No decidas solo por lo que ves: busca la dirección de Dios en su Palabra. Si dices que Dios no te habla, Dios ya ha hablado en la Biblia, de Génesis a Apocalipsis. Presta atención a esa guía en lugar de inventarte una dirección propia.
Lot no llegó a Sodoma de un día para otro: fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma, poco a poco. Así es el alejamiento gradual: acomodarte progresivamente a lo que te aparta de Dios. Cuidado con descuidar la congregación y tu formación espiritual, aunque lo presentes como una manera de evitar compromisos o presión.
Hay voces que aconsejan no participar en las actividades de la iglesia y conformarse con seguir las reuniones a distancia de vez en cuando. Los jóvenes pasan muchas horas estudiando en colegios y universidades, y está bien hacerlo para Dios; pero no descuides tu formación eterna. Discipúlate, y no desplaces poco a poco tu vida espiritual ni la de tu familia.
La mirada de Dios y el propósito eterno
Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: «Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra». Lot alzó la mirada hacia lo que deseaba; Dios llamó a Abram a mirar desde donde estaba y le habló de una promesa que excedía lo que podía imaginar.
Versículo clave
«Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.»
Génesis 13:14-15
La promesa llegó después de que Lot se apartó. Algunas cosas no llegan a tu vida hasta que «Lot» se separa. No se trata de echar a nadie de tu casa: «Lot» puede representar algo que ocupa un lugar equivocado en tu corazón. Revisa lo que agrada a tus ojos y pregúntate si también agrada a Dios, buscando en la Biblia orientación antes de decidir.
Abram se quedó con la parte pedregosa e incómoda. Seguir a Cristo es incómodo, pero glorioso. Los discípulos fueron perseguidos, y Esteban murió apedreado. Si a nosotros nos empezaran a apedrear, quizá le reclamaríamos a Dios que no es justo. Seguir a Cristo no te libra del dolor, el rechazo, la difamación o la persecución.
No busques el sufrimiento por sí mismo, pero prefiere la dirección de Dios aunque sea incómoda antes que una comodidad que acabe destruyéndote. No quieras sacar a Dios a pasear por tus planes, pidiendo casa, carro y sueldo sin buscar primero su reino y su justicia. Dios añade, pero la iglesia tiene un propósito: buscar lo eterno y formar discípulos.
Los discípulos de Jesús murieron por su fe y la iglesia fue perseguida. ¿Cuántos seguirían reuniéndose si eso ocurriera hoy, cuando muchos prefieren no salir de casa? Deja que Dios levante tu mirada hacia lo eterno y avanza hacia el propósito de ser una iglesia de discípulos. La incomodidad no cancela el gozo de seguir a Cristo: es glorioso.
Una iglesia que rescata, honra e intercede
Cuando Abram oyó que su pariente estaba prisionero, armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. Era una fuerza pequeña frente al otro ejército, pero Abram era un hombre formado por Dios, y recobró a Lot, sus bienes y a las demás personas. La iglesia no es juez de quien se ha apartado, sino guerrera de rescate: va por quienes se alejaron y por quienes no conocen a Cristo.
Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abram diciendo: «Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano». Y Abram le dio los diezmos de todo. Sé parte de una iglesia que honra a Dios, rescata a los perdidos y tiene pasión por las almas. Prepárate, como aquellos trescientos dieciocho: la preparación humana no garantiza la victoria por sí sola, pero Dios da la victoria a quienes confían en él.
Versículo clave
«y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.»
Génesis 14:19-20
El rey de Sodoma le dijo a Abram: «Dame las personas, y toma para ti los bienes». Y Abram respondió: «He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram». Abram alzó los ojos, y también alzó la mano: dependía de Dios, y no quiso que nadie más se atribuyera su prosperidad.
Abram intercedió por Sodoma y Gomorra: ¿y si hubiera cincuenta justos? ¿Cuarenta y cinco? ¿Cuarenta, treinta, veinte, diez? Faltó una generación que intercediera. La iglesia debe ser una comunidad de oración que intercede por los perdidos.
La iglesia perseveraba unánime en oración. Hoy hay quienes buscan dividirla con mentiras, difamación y conflictos. Pero la iglesia no es un club que juzga a los que se apartaron, sino una comunidad que ora, se enfoca y trabaja por recuperar lo perdido. En Sodoma, los ángeles metieron a Lot en la casa y cerraron la puerta, e hirieron con ceguera a los hombres que estaban a la entrada, de manera que se fatigaban buscando la puerta. Lo sobrenatural está por encima de cualquier imperio: depende de Dios, no de quién gobierne.
Levántate: cree, ora, intercede y alcanza a los perdidos. Cuando la iglesia tiene propósito, hay provisión. Ante los desafíos surge la pregunta de si alcanzarán los recursos, pero Dios abre puertas para entrenar a su pueblo y ganar a otros.
Padres y madres: sus decisiones orientan también a su familia. No decidan solo por lo que parece bonito: oren, lean la Palabra y pidan dirección. No muevas tu tienda poco a poco hacia Sodoma por el camino ancho. Escoge lo incómodo con Dios antes que lo cómodo sin Dios.
El desgaste de anunciar el evangelio también es glorioso
¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Quienes anunciaban el mensaje caminaban largas distancias en sandalias. Basta un día caminando con zapatos que lastiman para acabar con los pies sangrando. Así puede ser la incomodidad del servicio en el reino.
En el reino hay noticias distintas: el nacimiento de un bebé y la noticia de una muerte, una victoria y una pérdida. Imagina los pies lastimados de un discípulo: alguien los juzgaría feos, pero el Señor valora que se desgastaron por anunciar el evangelio. El servicio puede ser incómodo y, aun así, tener valor eterno.
Pablo dijo: «Con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas». No necesitas ser pastor para llevar el evangelio. Imagina a un nieto preguntándole a su abuelo por sus arrugas, y al abuelo explicándole que trabajó duro y que algunas marcas le llegaron sirviendo a Dios.
Ese abuelo puede dejarle una casa a su nieto, pero lo más importante que le deja son los recuerdos de personas que conocieron a Cristo, de la presencia de Dios y de la adoración vivida allí. La casa un día no estará; la Palabra predicada permanece. Benditos los líderes que tienen un grupo en su casa y que, aun llegando cansados del trabajo o habiendo perdido el empleo, se ponen de pie para enseñar, confiando en que Dios provee.
Quizá estés en un restaurante y sientas que el Espíritu Santo te pide hablarle de Dios a alguien. Te dividirás entre acercarte o no, pensando en lo que dirán quienes te miran. Si te acercas y le dices: «Dios te ama», puede que esa persona rompa a llorar y te cuente que estaba pensando en quitarse la vida.
Llegará un momento en que tu corazón palpitará con fuerza y sentirás a quién debes hablarle de Cristo: no lo evites; acércate y háblale de Jesús. Hermosos son los pies de la iglesia. Vale la pena desgastarse por amor al reino.
Quitar la tienda y avanzar juntos
Este es el momento de quitar tu tienda del camino a Sodoma y preguntarte otra vez a dónde vas. Lo que agrada a los ojos produce un placer momentáneo que deja vacío. Dios te creó para disfrutar de un placer legítimo; el placer ilegítimo te drena y te deja vacío. Abandona el camino que te aleja de Dios.
Algunos necesitan levantar el ancla de su tienda cerca de Sodoma; otros, salir; otros, prepararse y participar en el rescate. La dirección de la iglesia es perseverar y rescatar, porque también nosotros fuimos rescatados. Somos una iglesia que se levanta y pelea la batalla: guerrera y no juez, que intercede, se enfoca, ora y recupera lo perdido.
Mírale las arrugas a la persona que tienes al lado y dile que todavía le falta una de las más importantes. ¿Estás listo para desgastarte por el evangelio? La iglesia seguirá preparándote para servir.
Si vienes por primera vez o deseas reconciliarte con Jesús, haz una confesión de fe que nazca del corazón: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».
Referencias bíblicas
- Génesis 13:7-13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 13:14-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 14:14-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 18:23-33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 19:1-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 10:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Corintios 12:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 13:14-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 14:19-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


