¿Acaso no eran tres? Daniel y sus amigos muestran tres maneras de avanzar: vivir en santidad, darle lugar a Dios y luchar contra una cultura que empuja en otra dirección. Tu contexto no tiene que determinar tu futuro si pones a Dios en el centro.
Una vida trasladada a la fuerza
En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim y parte de los utensilios de la casa de Dios. Y dijo el rey que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna. Imagina a esos jóvenes sacados de su tierra como cautivos.
Sus planes cambiaron para siempre: fueron arrancados de su entorno y separados de sus familias. Quizá tú también has vivido golpes en tu infancia o situaciones que no elegiste. El lugar al que fuiste llevado y lo que viviste antes no tienen por qué determinar lo que Dios hará contigo.
El rey les señaló ración para cada día, de la provisión de la comida del rey y del vino que él bebía, y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. Entre ellos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y les cambiaron los nombres. Babilonia quería inculcarles su cultura y su manera de pensar, y borrar la identidad y los principios de Jerusalén.
Eran príncipes preparados para servir en el palacio, con la mejor comida delante de ellos. Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía. La comida no era de mala calidad: no correspondía a los principios que Daniel quería guardar.
Proponer en el corazón y avanzar en santidad
Daniel pidió al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. Avanzar no siempre es obtener un cambio visible inmediato; a veces es decir que no a lo que va contra los principios de Dios. Esa determinación íntima es avanzar con firmeza, aunque desde la perspectiva humana parezca que renuncias a una oportunidad.
Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos. Confiar en Dios y proponer vivir de otra manera no borra automáticamente las dificultades del contexto, pero te permite seguir adelante con la gracia de Dios. Los jóvenes seguían cautivos, pero Dios no los había abandonado.
Versículo clave
«Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos»
Daniel 1:8-9
A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños. Algo que a simple vista parece no tener utilidad inmediata puede ser preparación, y la preparación también es avance. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto; parecía una interrupción, pero se estaba preparando para su ministerio.
El jefe de los eunucos temía las consecuencias de cambiar la ración ordenada por el rey, y Daniel pidió: «Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días». Una decisión de santidad puede requerir tiempo, y no siempre ves el resultado enseguida. Permanece firme, y no concluyas que obedecer a Dios es retroceder.
El funcionario temía por su propia cabeza. También tú puedes sentir temor cuando intentas tomar una decisión que honra a Dios. Hay oportunidades que parecen más fáciles y caminos que parecen más cortos. No abandones tus principios por miedo a perder algo. Dios conoce tu familia, tu jefe, tu trabajo y tus proyectos, y puede darte gracia.
El día de la boda es una oportunidad para que una pareja comience junta honrando a Dios y dándole lugar: el inicio de una nueva historia. Aparecerán dudas, como las que pudo tener Daniel: ¿qué dirá el rey? ¿Qué dirán los responsables? Pero honrar a Dios desde el principio cambia la historia.
Al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey. Ten paciencia: el resultado no siempre aparece de inmediato, pero vale la pena perseverar cuando buscas honrar a Dios. El rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; en todo asunto de sabiduría e inteligencia los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos. Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.
Dar lugar a Dios en los lugares de honor
La decisión de vivir en santidad abrió para Daniel una posición destacada. Cuando lleguen las oportunidades, reconoce a Dios y no te atribuyas el mérito que le corresponde a él.
Quien vive lejos de su tierra sabe que, aunque tenga un mejor estilo de vida en otro lugar, nada se siente como el lugar propio. Aquellos jóvenes seguramente añoraban su tierra. La cautividad era real, pero no impidió que Dios estuviera presente en sus vidas.
Nabucodonosor tuvo un sueño y llamó a magos, astrólogos, encantadores y caldeos para que se lo revelaran. Les exigía que le dijeran el sueño y lo que significaba, y amenazó con hacerlos pedazos si no lo hacían. En medio de esa crisis, Daniel pidió tiempo para buscar a Dios. Y Dios no solo le reveló el significado, sino el sueño mismo: una ocasión para que el rey reconociera la obra de Dios.
Daniel explicó la piedra cortada del monte, no con mano. Y el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y dijo: «Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios». Daniel no se quedó con el mérito: señaló a Dios. Si alguien te pone en una posición destacada, ¿podrás reconocer que Dios te acompañó y te dio la oportunidad?
Quizá tienes un trámite complicado, temes que te tome semanas y llegas preocupado a una oficina; y la persona que te atiende resulta ser alguien que conoces y que te ayuda con lo que necesitas, sin hacer nada indebido. Después de haber orado, encontrar esa ayuda se siente como un milagro: Dios te acompaña aun en lo cotidiano.
Dios conoce tu situación, y su gracia te acompaña aun cuando algo parece difícil. No te acostumbres a esas respuestas de ayuda y aliento como si fueran normales. Que quienes te rodean reconozcan a Dios en tu vida, como lo hizo el rey, no porque te atribuyas la obra, sino porque le das lugar a Dios.
Luchar contra una cultura que presiona
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro y ordenó que todos se postraran y la adoraran. Hoy también hay tendencias, redes sociales y presión sobre lo que debes hacer o pensar. Pero Dios debe tener la prioridad.
Darle lugar a Dios también es hacerlo en público. Dos amigos conversan en una panadería llena sobre un tema difícil; hay fila, y quieren sentar a otras personas en su mesa. Podrían orar después, en el parqueo, o llamarse más tarde. Pero deciden orar allí mismo. Y cuando se levantan, una señora que estaba al lado los felicita por orar y honrar a Dios en público, y les dice que necesita que los jóvenes se levanten para hacer eso. Dale lugar a Dios sin importar el sitio.
Cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Que muchas personas hagan algo no lo convierte en lo correcto. No abandones tus principios por una presión colectiva. Y unos varones caldeos acusaron a Sadrac, Mesac y Abed-nego de no adorar la estatua. En las oficinas y en cualquier entorno, siempre hay alguien dispuesto a acusar a quien no sigue la costumbre.
«Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia… que no te respetan, oh rey; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado». Habían sido puestos en un lugar de honor, y aun así mantuvieron su decisión. Y respondieron: «Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará». El fuego y el poder del rey: dos desafíos. Tu seguridad en Dios no depende de que el entorno sea fácil.
Acaso no eran tres
Los tres fueron echados atados dentro del horno. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo: «¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses». Ese cuarto es Jesús, que acompaña a los suyos en el fuego.
Versículo clave
«Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.»
Daniel 3:24-25
Estaban en tierra extranjera, habían perdido su posición en un momento y fueron arrojados al calor del horno. Honrar a Dios puede hacerte parecer ridículo o abandonado, pero no estás solo. Si atraviesas tu propio horno o tu propia Babilonia, Jesús está contigo en la prueba, y tu familia puede contar con Dios a su lado.
El rey llamó a Sadrac, Mesac y Abed-nego para que salieran. Se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, y vieron que el fuego no había tenido poder sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían. Las ataduras se quedaron en el horno. Dios puede soltar lo que te tiene amarrado.
Entonces Nabucodonosor dijo: «Bendito sea el Dios de ellos». Tu perseverancia en la fe puede convertirse en un puente para que otros se acerquen a Dios. ¿Cómo puede alguien seguir congregándose, adorando y esperando después de atravesar tantas dificultades? Porque la esperanza viene del cielo, no del contexto. Avanza en santidad, dale a Dios el lugar que le corresponde y no dejes que la cultura determine tu vida. Dios acompaña a su iglesia.
Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador. Él es el cuarto hombre en el fuego, y no te dejará solo.
Referencias bíblicas
- Daniel 1:1-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 1:15-21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 2:45-47 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:6-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:24-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 1:8-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:24-25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


