EN Oración
Serie Avanza

Atrévete a avanzar y permite que Dios te restaure

Atrévete a afrontar lo que te impide avanzar y deja que Dios forme tu carácter mediante una relación constante con él. Como enseña Jeremías, la restauración, la oración y la esperanza son parte del camino de madurez.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
45 min

Atrévete. Como iglesia y como hijos de Dios, atrévete a llegar a un nuevo nivel y a afrontar lo que nunca antes te habías atrevido a afrontar. Seas apóstol, evangelista, profeta o empresario, lo que eres es más fundamental que lo que haces.

Un muchacho de once años ve a una niña en un supermercado y algo cambia en él. Hay otras personas alrededor, pero es a ella a quien distingue. Se atreve a hablarle sin imaginar lo que Dios haría después: años más tarde serían una familia. Atreverse a dar un paso puede abrir una historia que todavía no imaginas.

Restaurar una moto vieja puede llevar meses: piezas podridas, repuestos que ya no existen, partes que hay que conseguir en otros países y adaptar de otras motos. Cuando por fin queda como nueva, quien la ve puede llorar y decir: «Así ha sido Dios conmigo todos estos años. Así estaba yo, y Dios me ha restaurado y me sigue restaurando».

No se trata de la edad: todos llegamos rotos, cargando incluso cosas que no imaginábamos. El trabajo de restauración es arduo, y todos tenemos áreas en las que necesitamos seguir siendo restaurados. No finjas que ya estás bien: reconoce que todavía hay partes de tu vida que necesitan la obra de Dios.

A veces quieres alcanzar las bendiciones que Dios tiene para ti, pero olvidas que afrontar lo que te impide avanzar y permitir que Dios lo transforme también es un gran milagro. De nada sirve construir muchas cosas si no permites que Dios siga construyendo tu vida. En el matrimonio, en lugar de reconocer lo que cada uno tiene roto, muchos se desgastan intentando convencer al otro de su defecto y defendiendo su propia apariencia de estar bien. Deja de ocultar lo que necesita ser restaurado.

La culpa puede impedir ese proceso. Es la voz acusadora que repite: «Ayer fallaste», «qué hipócrita», «no sigas» porque vas a la iglesia o eres líder. Es distinta de la tristeza que trae el Espíritu Santo cuando confronta: la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación. La culpa acusa para que no te levantes. Dios vio tu error, y te espera con misericordia para restaurarte si se lo permites.

Afrontar lo que no ha podido sanar

Jeremías preguntó: «¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?». También tú puedes estar en situaciones donde la respuesta parece tardar y la herida parece no sanar. Revisa constantemente tu corazón: algunas heridas que no reconoces pueden estar detrás de reacciones que te impiden avanzar.

Muchos esperan un «de repente» que nunca llega: «de repente mañana», pero mañana no pasa nada. Aunque no ocurra algo de repente, Dios está obrando constantemente.

Pablo y Silas adoraban a medianoche en la cárcel, y las puertas se abrieron. No fue una reacción improvisada al encierro, sino el fruto de una formación constante de Dios en sus vidas. Nosotros quizá nos habríamos quejado de la injusticia de estar presos por predicar.

El calabozo de más adentro, la medianoche, sin banda, sin luces, sin aire acondicionado ni buena acústica; mal olor y cansancio. ¿Cómo sería cantar allí? Los presos los oían. No sabemos si tenían buena voz, pero adoraban. Su adoración expresaba un carácter formado por Dios: no cantaban para que las puertas se abrieran, sino porque podían adorar aun en un lugar estrecho y difícil.

Aunque tus pies no parezcan avanzar hacia ningún lugar, puedes adorar y confiar en que Dios está obrando. ¿Quieres el «de repente» de Dios? ¿Estás dispuesto a recibir también lo constante que Dios quiere hacer? El cambio visible puede llegar después de un proceso de formación que no siempre se percibe enseguida.

Volver a Dios y ser restaurado

Por tanto, así dijo Jehová: «Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás». Volver a Dios es atreverte a dejar de mirar solo lo que te rodea y tus heridas, para volverte a él. La promesa de restauración es una invitación a afrontar lo que no has afrontado y a permanecer de pie delante de Dios.

Versículo clave

«Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.»

Jeremías 15:19

«Y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca». Reconoce lo que todavía es vil en ti y deja que Dios lo cambie. Dios puede restaurarte y luego usarte para ayudar a otros heridos, contándoles que también tú atravesaste un tiempo en que parecía que no podías continuar y que pudiste avanzar cuando permitiste que Dios te restaurara.

«Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte». La verdadera fortaleza es depender totalmente de Dios. Muchas veces dependemos de otras cosas en lugar de depender de él: depende de Dios en todas las situaciones.

«Purifícame con hisopo, y seré limpio». Con hisopo se aplicó la sangre del cordero en los dinteles cuando Israel salió de Egipto. La sangre del Cordero limpia, y no hay nada en tu vida que Dios no pueda limpiar.

Dios puede añadirte cosas temporales, pero deben tener un fundamento eterno. Busca primeramente el reino de Dios y su justicia; no pongas la mirada solo en lo temporal. Una casa grande no sirve de mucho sin fundamento eterno: la casa edificada sobre la arena cae cuando viene la tormenta. Alcanzar lo que deseas sin ese fundamento puede terminar en frustración y ruina.

Los planes pueden cambiar, pero las promesas de Dios permanecen. Prepárate para avanzar y no dejes de creer que Dios puede obrar, aun cuando tus planes hayan cambiado. Tu confianza no se apoya en lograr primero cada cosa temporal, sino en el carácter y las promesas de Dios.

Crecer en carácter y servir como iglesia

Una cosa es el carisma y otra el carácter. Los dones pueden hacerte carismático, pero sería triste avanzar en carisma y retroceder en carácter, hasta perder lo alcanzado por falta de formación. No crezcas solo en dones: crece también en carácter.

La Iglesia de Cristo es una sola, aunque sus congregaciones estén en distintas ciudades y cumplan funciones diferentes. Tú perteneces a esa iglesia, y puedes sentirte en casa en cualquier congregación que sea parte de ella. Como iglesia, avancemos en carácter y no nos limitemos al crecimiento de los dones.

Nadie sabe el día ni la hora, pero el regreso de Cristo está más cerca. Dios guarda un remanente: personas firmes en carácter. Que la iglesia no dependa solo de los dones, sino que permita que Dios la forme. Permanecer firme requiere seguir avanzando en las áreas que todavía no has afrontado.

Desafíos, oración y el bien de la ciudad

Atrévete a aceptar desafíos que te sobrepasen, incluso desafíos muy superiores a tus fuerzas. Tendrás la tentación de buscar salidas por cualquier medio, llamar al banco o pedir prestado, pero en Dios siempre hay un camino. «Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces». Clama a Dios esta semana.

Dios quiere exponer a su iglesia de una manera nueva. Si deseas que Dios te promueva, no te promuevas a ti mismo: deja que Dios lo haga. Él usará tu vida y tu testimonio, y hablará de diferentes maneras. Recuerda lo que te está diciendo.

A los desterrados en Babilonia, Dios les dijo: «Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos… y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz». Este pasaje se usa como una exhortación a construir en medio de una situación, pero en su contexto anunciaba a los desterrados que permanecerían allí por largo tiempo.

El cautiverio llegó por la desobediencia del pueblo, y fue también un tiempo de formación de Dios. Los babilonios no conocían a Dios, y aun así el pueblo debía orar por la tierra donde estaba cautivo y trabajar por el bienestar de la ciudad. Eso es madurez.

«Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis».

Versículo clave

«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»

Jeremías 29:11

La palabra de Dios es buena, y sus planes siguen siendo de bien aun después de las fallas de su pueblo. Dios sigue formando, llama a orar por la ciudad y conserva sus planes para ti mientras atraviesas el cautiverio.

«Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón». Búscalo con sinceridad. Los planes de Dios para sus hijos son buenos, poderosos y eternos, incluso en medio de lo que estés viviendo.

Medita en esta palabra. La sangre del Cordero limpia. Recibe a Jesús en tu corazón, no con una repetición vacía, sino con tu corazón y tus pensamientos: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas