EN Oración
Serie Nueva temporada

Bienvenidos a una nueva temporada: el rey te llama

Con la historia de Mefiboset y la misericordia de David, aprende a no permitir que el temor o las heridas dicten tus decisiones, y a recibir con humildad la gracia que te invita a la mesa del rey.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
36 min

Comienza una nueva temporada. Recibir una invitación no significa necesariamente tomarla, pero quienes tienen fe y hambre de ver a Dios obrar a su favor pueden creer que ha comenzado una etapa nueva, llena de milagros.

El Espíritu de Dios se movía al comienzo de la creación: abre tu corazón y da lugar al Espíritu Santo para que se mueva y cree cosas nuevas. La frase bíblica «no hay nada nuevo debajo del cielo» significa que lo nuevo está arriba, donde está Dios. Por eso vale la pena clamar por nuevas ideas. El Salmo 40 sostiene la esperanza de una canción nueva.

El salmista dice que Dios le dio un canto nuevo, un himno de alabanza, y que muchos verán lo ocurrido, se asombrarán y pondrán su confianza en el Señor. Estas palabras se aplican a la nueva temporada: la expectativa es que Dios haga cosas en nuestra vida y que quienes nos rodean empiecen a confiar al ver su grandeza. La historia de Mefiboset es una palabra para esa etapa.

Versículo clave

«Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.»

Salmos 40:3

La niñera y la decisión tomada con temor

En 2 Samuel 4:4, Mefiboset aparece como hijo de Jonatán, nieto del rey Saúl y lisiado de los pies. Tenía cinco años cuando murieron su padre y su abuelo. Al recibirse la noticia, su niñera salió corriendo con él en brazos; el niño cayó y quedó lisiado. Un dato de contexto ayuda a entender el temor de la niñera: cuando un rey era reemplazado, podían aniquilar a la familia real anterior para evitar que un descendiente se levantara contra el nuevo gobierno.

¿Habría sido David capaz de matar a Mefiboset? Si se considera a David como un hombre conforme al corazón de Dios, la respuesta parece ser que no. Sin embargo, la niñera, al oír que Saúl y Jonatán habían muerto, esperaba que también mataran al niño. La desesperación y las malas noticias la llevaron a actuar apresuradamente, y esa decisión terminó dejando lisiado a Mefiboset. No hay que esperar siempre lo peor, sino proclamar lo mejor, especialmente en momentos difíciles.

Cuidado con las decisiones tomadas bajo presión, cansancio o agotamiento. Conviene no decidir a la carrera y, en particular, no tomar decisiones de noche ni cuando uno está cansado o el día no salió como esperaba. Es mejor esperar al amanecer antes de decidir o hablar con molestia, pues algunas palabras y decisiones pueden afectar el matrimonio, los hijos, la familia, los trabajadores o el jefe.

La niñera huyó sin imaginar siquiera cómo actuaría David. Esa huida se parece a la tendencia a escapar ante las malas noticias en vez de afrontar lo que ocurre y creer que lo que viene puede ser mejor. Es comprensible el deseo de proteger lo poco que quedaba, pero, en este caso, el intento de proteger terminó en daño. Por eso conviene poner en manos de Dios aquello que no está saliendo como se esperaba y no huir de asuntos que es necesario afrontar.

La imagen de quedar lisiado se aplica a las áreas de la vida afectadas por decisiones propias o por lo que otra persona hizo. Un presente no afrontado puede dejar el futuro atado; por eso cabe preguntarse qué cosas interiores se deben enfrentar para poder entrar y disfrutar una nueva temporada. A muchos les han dado ganas de salir corriendo, pero el llamado es a ser una generación valiente que no crea que las malas temporadas anteriores determinan lo que viene.

La misericordia que David estaba buscando

En 2 Samuel 9:3, David pregunta si queda alguien de la casa de Saúl a quien pueda hacer misericordia de Dios. David no estaba buscando a alguien a quien destruir, sino a quién favorecer y restaurar. En este contexto, la misericordia puede entenderse con términos como ternura, beneficio, favor, restauración, levantamiento, restitución y amor intenso. Siba responde que queda un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.

Esa escena recuerda que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana y que Dios busca a quién hacer misericordia. Somos llamados a creer que podemos recibir favor, restauración, levantamiento y restitución. Un obstáculo puede ser que una persona herida en el corazón quizá no logre creer que Dios puede mostrar misericordia pese a sus errores. Por eso, la exhortación es a recibir esa identidad de hijos que confían en que Dios puede hacer misericordia.

David pregunta dónde está Mefiboset, y Siba contesta que vive en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo-debar. Lo-debar es un lugar al este del Jordán donde no hay pastos, imagen de tristeza, abandono, limitación, falta de salida y de esperanza. Imaginemos lo que pudo significar para un niño de cinco años perder, en el mismo día, a su abuelo Saúl y a su padre Jonatán, así como las comodidades y la herencia asociadas a la casa real; quizá antes jugaba en el palacio o tenía buenos juguetes.

¿Qué pudo quedar herido en el corazón de Mefiboset? Desde los cinco años, no tuvo el abrazo de un padre. Lo mismo puede ocurrirles a quienes no tuvieron padres o los tuvieron físicamente, pero ausentes en la paternidad que necesitaban. Para ellos hay una promesa: aunque sus padres los abandonen, el Señor se hará cargo de ellos. Dios es buen Padre; es bueno y fiel, y cubre y llena lo que falta.

Hay preguntas difíciles que no siempre tienen respuesta. En los momentos complicados, pregúntale al Señor si hay algo que está trabajando en ti, sin por eso concluir que Dios se equivoca, y confía en que todas las cosas ayudan a bien a quienes aman a Dios. También existe una responsabilidad hacia las generaciones: cada padre, abuelo y joven debe reconocer que es responsable de lo que las generaciones siguientes reciban. Saúl no fue un buen rey, y Mefiboset estaba viviendo consecuencias. Vale la pena considerar la situación desde el punto de vista del niño.

Mefiboset pudo hacerse preguntas como estas: por qué quedó sin su abuelo, qué habría pasado si el accidente no ocurría y si alguien no lo hubiera dejado caer. Muchas personas conocen la experiencia de haber dado el corazón y sentir que alguien las dejó caer. Uno puede tener el corazón lisiado, pero no permitir que las heridas definan su vida ni determinen su futuro, porque el futuro está en las manos de Dios. En lugar de gastar el tiempo en cuestionamientos sin respuesta, aprovechémoslo para declarar que ha comenzado una nueva temporada.

Versículo clave

«Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.»

2 Samuel 9:7

Dios tiene el control. ¿Crees que Dios te ha dejado caer? La respuesta es no: Él es el Dios que levanta a quienes han caído. La narración bíblica continúa contando que David envió por Mefiboset y que este se postró e hizo reverencia ante él.

«No tengas temor»: recibir la invitación

En la escena de 2 Samuel 9:6-7, David llama a Mefiboset, quien responde «he aquí tu siervo». David le dice que no tenga temor y anuncia que le hará misericordia por amor de Jonatán. Esa frase alcanza a quienes tienen el corazón herido y se llenan de temor. ¿Qué habrá pensado Mefiboset cuando lo fueron a buscar? Quizá se preguntaba si lo llevarían a matar; incluso podemos imaginar que la niñera estuviera allí y que él recordara la caída.

Una señal de sanidad es poder volver a confiar y dar lo mejor de uno nuevamente. El problema mayor para Mefiboset quizá no era solo que tuviera los pies lisiados, sino que podía llevar también un corazón herido. Por eso, «no tengas temor» se aplica a los temores que pueden impedir entrar en una etapa mejor.

La historia continúa con la promesa de David de devolverle las tierras de Saúl, padre de Mefiboset. Llama la atención la humildad con que David se refiere a ellas como «las tierras de Saúl tu padre»; esa restitución está unida a la misericordia de la escena anterior. Pero hay una promesa aún más importante que las tierras: Mefiboset comería siempre a la mesa del rey.

Esa invitación a la mesa es una señal de honra, más allá de la restitución material. Imaginemos un almuerzo con David a la cabecera y príncipes alrededor; quizá también estaba Salomón, uno de los hombres más sabios sobre la tierra. Si todos estuvieran limpios y vestidos con trajes reales, no se distinguiría a Mefiboset salvo por sus piernas; sin embargo, la mesa estaría cubierta por un mantel. Ese mantel es como el manto de gracia y favor de Dios que cubre las imperfecciones.

La gracia que cubre y la dignidad restaurada

La mesa también habla de la gracia y de la sangre de Cristo. Jesús pidió a sus discípulos que recordaran la cena, y su cuerpo y su sangre representan el perdón de los pecados y una nueva oportunidad de vida. El favor y la presencia de Dios cubren las imperfecciones y, por la gracia, uno se puede sentar a la mesa del Rey.

La narración bíblica continúa con Mefiboset inclinándose y preguntando quién es su siervo para que David mire a un perro muerto como él. El nombre de Mefiboset se relaciona con «el que rompe» y «la vergüenza», y él mismo se describió como alguien que no merecía nada. Dios restaura la dignidad y recibe a las personas con sus imperfecciones, ofreciéndoles favor y una invitación a su mesa.

Podemos imaginar que David pensó en sus propias cicatrices y en las cicatrices de quien vendría a amar y morir por las imperfecciones del mundo. Habla con Dios: ¿qué áreas de tu vida están lisiadas? ¿Hay culpabilidad que te impide recibir misericordia, heridas o momentos difíciles que te llevan a sentirte indigno de sentarte a la mesa del Rey?

El Rey no manda un mensaje distante, sino que llama por amor. Dios quiere llenar los vacíos y sanar y transformar el corazón. Quienes no se sienten dignos, o no pueden perdonarse, están invitados a dejar de acusarse y recibir el perdón y la nueva oportunidad que solo Dios puede dar. La respuesta es presentarse ante Dios diciendo: «Aquí estoy», dispuesto a ser levantado, restaurado y sentado a su mesa.

«Bienvenidos a una nueva temporada»: el Rey llama, y vale la pena decírselo también a quien tenemos al lado. Esta puede ser la mejor temporada, y quienes lo creen pueden expresarlo con alegría.

Referencias bíblicas