EN Oración
Serie Wisdom

Busca, obedece, observa y pide la sabiduría de Dios

Busca la sabiduría en Dios, deja que gobierne tu corazón, obedece su palabra, observa lo que enseña la creación y pídela con fe. Los dones y los logros materiales no sustituyen la sabiduría espiritual.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
42 min

Anhela ser más sabio y recibir la sabiduría de Dios. Esa sabiduría no es la inteligencia natural, ni la sabiduría terrenal, animal y diabólica, ni la sabiduría de este mundo. ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia? Dios pone sabiduría en tu corazón cuando la buscas y le das lugar. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios: confiar y creer en su palabra lleva tu entendimiento a otro nivel.

La sabiduría de Dios no es solo capacidad o conocimiento: tiene que llegar a tu corazón y gobernarlo. El corazón engaña; por eso no te invita a seguirlo, sino a guardarlo. Las emociones son parte de la vida que Dios te dio: alegrarte, saltar y expresar tu amor a Jesús no es malo. Disfruta tus emociones, pero no dejes que dirijan tu vida.

Si alguien te ofende, puedes sentir el deseo de responder de otra manera, aunque sabes que se nos enseña a poner la otra mejilla. Tu reacción puede depender de cómo amaneciste, y precisamente por eso necesitas que la sabiduría de Dios gobierne tu corazón. Seguir sin más lo que sientes puede llevarte a ver lo malo como bueno y lo bueno como malo, e incluso a llamar amor a lo que no lo es.

La sabiduría cambia la perspectiva

Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que obtiene la inteligencia. Quizá dirás que lo que estás viviendo no tiene nada de alegre. La dificultad es real, pero cuando la sabiduría de Dios gobierna, puedes mirar lo que atraviesas desde una perspectiva eterna, confiar en que Dios es todopoderoso y aprender y crecer en medio de ello. No todos los caminos son fáciles, pero los caminos de la sabiduría son deleitosos.

Busca sabiduría. La búsqueda te corresponde a ti. Con el mismo empeño con que se buscan el oro, la plata y las piedras preciosas, busca la sabiduría que Dios da. Hay mucha inteligencia natural y mucha sabiduría del mundo, pero la sabiduría de Dios escasea. Búscala, en lugar de suponer que la solución está en acumular riquezas.

Su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, sus frutos más que el oro fino, y es más preciosa que las piedras preciosas. El oro puede comprar una casa, pero para vivir en armonía necesitas la sabiduría de Dios; ningún oro sustituye la paz. Quizá deseas una casa, un carro, un viaje, una bicicleta o unos tenis. No están mal, pero ¿qué ocurre cuando los alcanzas sin adquirir sabiduría? Ni una casa ni el matrimonio con la persona que deseas garantizan una vida que funcione sin la sabiduría y la dependencia de Jesús. Alguien puede ser ateo y multimillonario, pero la plenitud solo viene del Dios que llena de sabiduría.

Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Riqueza y honra no son lo mismo. Puedes alcanzar riquezas con tu inteligencia natural, y eso no prueba que seas sabio. También importa cómo administras lo que tienes. La riqueza sin sabiduría puede terminar en deshonra o no servir para acercar a tus hijos a Dios. Agradece a Dios por su misericordia y por los dones y talentos con los que obtuviste lo que tienes, en lugar de atribuirte el mérito.

Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. No dice que sean fáciles, pero a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Abraza y retén la sabiduría también en las semanas de avances, logros y uso de tus dones y talentos: no olvides a Dios al prosperar; tu capacidad y lo que obtienes no son motivo para enaltecerte.

La palabra de Dios como fundamento estable

Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Pídele que su sabiduría afirme tu vida y establezca lo que no ha estado firme. Tú eres inestable; Dios y su palabra son estables. El cielo y la tierra pasarán, pero su palabra no pasará: aférrate a lo que permanece. Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

Versículo clave

«Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.»

Salmos 90:12

Los días y los años pasan rápido: parece que fue ayer cuando teníamos veinte años, y de pronto estamos cerca de los cincuenta. La vida es corta. Vive los años que Dios te permita lleno de su sabiduría, leyendo su palabra y buscándola con perseverancia.

Busca la sabiduría de Dios con la determinación con que se buscan el oro, la plata y las piedras preciosas. ¿Qué pasaría si dedicaras a llenarte de sabiduría el tiempo que dedicas a las redes? No menosprecies el consejo de Dios: atenderlo trae sabiduría.

Oír y poner en práctica

Obedece. Una mujer de entre la multitud levantó la voz y dijo: «Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste». Jesús respondió: «Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan». No basta con oír: hay que obedecer y llevar la palabra a la vida.

Personas con dinero y sin él, casadas, divorciadas y huérfanas: a nadie le funciona la vida sin Dios. Nadie está obligado a buscar la sabiduría ni a tener a Dios en su vida, pero lo más grandioso es abrirle tu corazón a Jesús y que él more en ti. Alinéate con lo que Jesús dice, no te opongas a ello: obedecer a Dios manifiesta sabiduría. Lo que Dios dice no es para destrucción, sino para bendición.

Observar lo que enseña la creación

Observa. Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: las hormigas, pueblo no fuerte, que en el verano preparan su comida; los conejos, pueblo nada esforzado, que ponen su casa en la piedra; las langostas, que no tienen rey y salen todas por cuadrillas; y la araña, que atrapas con la mano y está en palacios de rey. Fíjate en ellas esta semana; eso sí, no beses a la araña.

La grandeza no está en el tamaño exterior, sino en lo que hay dentro. Una iglesia cimentada en la palabra y obediente a Dios es grande, aunque no lo sea en número. Como las langostas, ten hambre de la palabra y de la presencia de Dios: hambre de adorar, de buscar a Dios, de ver su gloria y sus milagros. Pon a Dios como prioridad aun cuando atravieses una situación difícil.

El saltamontes tiene alas pequeñas en relación con su cuerpo y no puede recorrer grandes distancias por sí solo. Se sube a la rama más alta que encuentra y espera el viento adecuado. Cuando llega, se lanza y alcanza distancias que nunca lograría por su cuenta. La sabiduría de Dios puede llevarte más allá de lo que tus dones y talentos naturales permitirían. Sube tan alto como puedas y espera el viento correcto del Espíritu Santo.

Así sucede en tu matrimonio, tu trabajo, tu empresa y tus generaciones: Dios puede llevarte a lugares que creías inalcanzables y romper toda maldición de divorcio. Dios puede añadirte cosas; trabaja, esfuérzate y deséalas, pero que ninguna ocupe el lugar de Dios, porque no funcionan sin su sabiduría. Hay muchas casas grandes, pero los hogares, las familias y las nuevas generaciones no se encuentran fácilmente.

La imagen del águila

Job habla de los animales, y en particular del águila. Imagina a Job, en medio de la pérdida de su familia, su dinero y su salud, observando un águila. Cuando su plumaje se vuelve pesado y sus garras crecen demasiado, el águila pasa por un proceso de renovación: se despoja de lo viejo y pasa horas limpiando sus plumas.

El águila se posa sobre una roca en lo alto —esa roca es Cristo—, pasa por su proceso y se renueva para volver a volar como antes. Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas. Si estás atravesando un proceso, deja que el Espíritu Santo te llene. Quien observa al águila en ese tiempo podría pensar que ha muerto, cuando en realidad está rejuveneciendo. Quizá otros te dieron por muerto, pero donde ellos ven muerte, Dios ve vida y un nuevo tiempo.

¿Se remonta el águila por tu mandamiento? Dios es quien da la orden al águila; él tiene autoridad. En el peor momento de su vida, Job pudo entender que volvería a remontar vuelo. Necesitaba la sabiduría de Dios, no la perspectiva del mundo. Si necesitas remontar vuelo, Dios renueva tus fuerzas.

Jóvenes: aun creyendo que lo saben todo, pueden cansarse de la vida y no encontrar las salidas que esperaban. Los muchachos se fatigan y se cansan. Pero que nadie tenga en poco tu juventud: hombres y mujeres de la Biblia marcaron la historia desde jóvenes. No dejes la búsqueda de Dios para la vejez: busca la sabiduría ahora, tengas la edad que tengas.

Pedir sabiduría con humildad

Pide. Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pide con fe, sin dudar, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.

Versículo clave

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.»

Santiago 1:5

Una semana llena de adversidades se vive de otra manera cuando estás lleno de sabiduría. La sabiduría te da perspectiva eterna: lo que vives no es en vano, y Dios no te ha dejado. Otros pueden orar por ti, pero pedir sabiduría es tu responsabilidad. Busca, obedece, observa y pide.

Pedir sabiduría requiere dejar el orgullo y la autosuficiencia, y decir: «Señor, dame sabiduría» para tu edad y tus circunstancias. La mujer sabia edifica su casa: que Dios dé sabiduría a cada esposo y esposa. Que dé sabiduría a los hijos, para que honren a su padre y a su madre y tengan larga vida. Que los trabajadores, empresarios y emprendedores no alcancen oro sin sabiduría, sino lo más valioso: Dios y su sabiduría, para que lo que emprendan no se convierta en una mala temporada de vida.

Que Dios llene de sabiduría a los profesionales, a las viudas, a los huérfanos, a los enfermos y a quienes atraviesan procesos difíciles o escasez. Si has desarrollado tu inteligencia natural, desarrolla también la espiritual, porque sin ella no podrás sostener lo que alcanzaste. Si sales de la escasez, que la abundancia no te aparte de Dios, sino que sirva para honrarlo. Niños, jóvenes y ancianos: todos necesitamos sabiduría.

Dale gracias a Jesús por su misericordia y haz una confesión de salvación: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas