EN Oración
Serie Reino

Cambio de tesoro: buscar el reino de Dios

Cambia tu búsqueda para cambiar tu tesoro: reconoce a Dios como el tesoro incomparable, aun en medio de procesos difíciles, renuncias y desafíos.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
50 min

En un parto hay dolor y contracciones antes del nacimiento. También en la vida hay dolores que tienen propósito. No te amargues: en Cristo, el dolor no será en vano, y puede haber un alumbramiento tras otro. El reino de Dios es poderoso y eterno. Dentro de cien años ninguno de nosotros estará aquí, pero lo que hayamos adorado y aprendido en Dios pertenece a un reino que no tiene fin.

Comprensión espiritual en medio de los procesos

Pablo oraba sin cesar para que los creyentes fueran llenos del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría e inteligencia espiritual. Cuesta comprender espiritualmente lo que vivimos. Queremos entender las circunstancias solo desde la razón y la carne, y preguntamos por qué atravesamos determinada situación. Pide la comprensión que te permita ver la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.

Versículo clave

«Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual»

Colosenses 1:9

Pablo y Silas fueron azotados y encarcelados, con los pies en el cepo, por hacer el bien; y aun así cantaban himnos a Dios. Las puertas de la cárcel se abrieron, pero ellos no se movieron, porque no estaban allí solo para salir de su situación: había un propósito mayor. El carcelero quiso matarse, y terminó salvo con toda su casa. Lo que pides no siempre se limita a salir de la dificultad: Dios puede usar lo que vives para bendecir a otros.

Hay temporadas en las que oramos solo por salir de lo que atravesamos. Amplía tu mirada: puede haber un propósito mayor, aunque el proceso sea difícil y confuso. Nada de lo que viviste, vives o vivirás es en vano, porque el reino de Dios es perfecto. Después de los azotes, Pablo y Silas pudieron entender que había algo más grande que su propia salida, y que Dios usaría lo ocurrido de una manera que no alcanzaban a imaginar.

La mujer sunamita era importante, no por su dinero, su posición o sus conexiones, sino porque era esforzada y valiente. No tenía hijos, y el profeta le anunció que al año siguiente abrazaría un hijo; y así fue. Más tarde el niño murió, y el profeta se tendió sobre él, poniendo su boca, sus ojos y sus manos sobre los del niño, y el niño volvió a la vida. Hay procesos en los que Dios forma tu visión y tu vida, y que son solo entre tú y Dios.

Por indicación del profeta, la mujer vivió siete años en tierra de los filisteos. Cuando regresó, el rey estaba preguntando al siervo del profeta por las maravillas que había hecho, y justo cuando el siervo contaba la historia de ella y de su hijo, ella entró a pedir por su casa y sus tierras. El rey ordenó que le devolvieran todo, con los frutos de sus tierras. Dios ve lo que tú no ves. Si el niño no hubiera muerto y vuelto a la vida, no habría existido ese testimonio en el momento justo.

Pide sabiduría del reino para tu matrimonio, la crianza de tus hijos y una vida plena. La inteligencia natural no es lo mismo que la sabiduría que viene de Dios. La comprensión espiritual te permite honrar al Señor con tu manera de vivir aun cuando las cosas no salen como esperabas. Dios está presente, no te ha abandonado, y de lo que vives puede surgir algo glorioso.

Lleva fruto en toda buena obra y crece en el conocimiento de Dios. No basta con saber de memoria un salmo: algún día tendrás que vivirlo, y entonces conocerás al Dios del que habías leído. Quien ha pasado por el pozo de la desesperación conoce al Dios que sostuvo a David en su angustia. El conocimiento de Dios no se agota: cada vez lo conoces más.

Pablo pide fortaleza, paciencia y longanimidad con gozo, dando gracias al Padre, que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz, nos libró de la potestad de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Pasaste de las tinieblas a la luz, de la esclavitud a la libertad, de la condenación al perdón y del poder de Satanás al poder de Dios.

El tesoro del reino y aquello que buscas

Existe un reino de tinieblas, y el mundo parece oscurecerse cada vez más. La iglesia está llamada a alumbrar con su vida, con sus familias y presentando a Cristo. Aunque sepas que existe el reino de luz, puedes dar espacio a las tinieblas al enfrentar problemas, desafíos o enfermedades. Oramos «venga tu reino», pero no siempre queremos que se haga su voluntad. Confía en esa voluntad: es buena, agradable y perfecta.

El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. También es semejante a un tesoro escondido en un campo, que un hombre halla y lo esconde de nuevo, y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. En aquel tiempo, quien encontraba un tesoro en terreno ajeno podía quedárselo si compraba el campo.

Versículo clave

«que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.»

Mateo 13:46

Cambia tu búsqueda para cambiar tu tesoro. ¿Qué buscas? Hasta que experimentes el valor de Dios y de su reino, no disfrutarás plenamente de ese tesoro: salvación, perdón, amor, gozo, paz, virtud y vida eterna. No es prosperidad material: ni siquiera las bendiciones recibidas deben convertirse en tu tesoro por encima de Dios, que te las da. Su presencia, su palabra y Jesús son el tesoro incomparable que nada temporal puede sustituir.

Vender todo es estar dispuesto a renunciar a lo que Dios te pide dejar. Las adicciones parecen una salida o un alivio, pero cada vez golpean y destruyen más la vida; el reino te ofrece libertad. Tu esposo, tu empresa o tu casa no pueden ser tu tesoro por encima de Dios. Tampoco tú mismo, ni siquiera el templo. Es bueno experimentar allí la presencia de Dios, pero nada debe reemplazar a Dios como tu tesoro.

Dios puso eternidad en el corazón del ser humano, y lo eterno no se llena con lo temporal. Hay artistas con riqueza y con una pareja que todos admiran, y aun así se divorcian: poseer algo hermoso o temporal no resuelve la necesidad de lo eterno. Cuando Dios, el tesoro más preciado, llega a tu vida, puedes disfrutar también de lo que él añade.

Un problema puede destruir un negocio y, al mismo tiempo, formar tu carácter. El negocio es temporal; el carácter y tu relación con Dios permanecen. Quizá descubras que no era el negocio lo que te sostenía, sino Dios. Cuando pierdas algo temporal, pon tu mirada en lo eterno. Si cambia tu búsqueda, cambiará tu tesoro, y dejarás de buscar en otras personas lo que solo Dios puede darte.

El reino invierte las medidas de grandeza

La madre de Santiago y Juan le pidió a Jesús que sus hijos se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda en su reino. Deseo incorrecto, persona correcta: acudir a Jesús no vuelve correcto cualquier deseo. Rodéate de personas que te digan cuando un deseo no es correcto, en vez de alimentar lo que quieres oír.

Los otros diez se enojaron, porque ellos también lo deseaban. Pero Jesús les enseñó que el reino no funciona como el mundo: el que quiera hacerse grande será vuestro servidor. Tener metas, como comprar una casa o ganar dinero, no es malo, pero la meta no debe ser el fin. Conviértela en un medio para acercarte más a Dios, compartir su palabra y bendecir a tu familia y a tus generaciones.

No busques fama y aceptación en las redes. No vas a ser aceptado cuando seas conocido: ya eres aceptado. El reino es contrario a la lógica de hacerse grande por cuenta propia: no se trata de perseguir una posición, sino de servir. El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir. No hace falta llegar rodeado de veinte personas para que una te sostenga el zapato y otra la chaqueta. La honra y los detalles se agradecen, pero no enfermes a nadie con exigencias: naciste para servir.

Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: «Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos». Hay una generación que espera premio por cumplir su responsabilidad, como quien presenta las tareas de la casa como un favor extraordinario. Obedecer es hacer lo que te toca; hacer más de lo que se te pide expresa amor. No sirvas solo por obediencia, sino porque amas.

Cuida tu testimonio, pero no permitas que los comentarios ajenos gobiernen tu vida. Eres aceptado, amado y bendecido por Dios. Ser grande es permitir que Dios haga su obra en ti, no vivir obsesionado con lo que otros piensan.

David, la formación y la batalla que debía enfrentar

Imagina a David con redes sociales. No lo invitaron a la cena en la que se ungiría al nuevo rey; cuando el profeta preguntó si faltaba algún hijo, mencionaron al menor, que cuidaba las ovejas, y fueron a llamarlo. ¿Qué habrías hecho tú al enterarte de que no te invitaron? Quizá habrías dicho: «No voy, para que sientan mi ausencia». Necesitas comprensión espiritual.

Samuel dijo: «No nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí». El reino de Dios no se detiene por los planes del enemigo: si Dios dio una palabra, se cumplirá. Goliat medía casi tres metros y salía mañana y tarde, durante cuarenta días, a desafiar a Israel. ¿Cuántas veces al día escuchas la voz de las tinieblas? Escucha y atiende al reino de Dios.

Cuando David llevó comida a sus hermanos y dijo que pelearía con Goliat, Eliab, su hermano mayor, lo reprendió: «¿Para qué has descendido acá?». No te quedes discutiendo cada ofensa ni pierdas de vista tu propósito. Eliab era una distracción de la batalla contra Goliat. Escoge tus batallas: a veces es mejor no entrar en una discusión porque tienes una batalla mayor que enfrentar.

Saúl le dijo a David que no podría pelear contra Goliat, porque era un hombre de guerra desde su juventud. David respondió que Dios le había entregado el oso y el león. Dios lo había estado entrenando en su reino: la palabra de Dios no solo se recibe, también forma. Eres ciudadano del reino y estás sentado en lugares celestiales con Cristo: ¿por qué vivir por debajo de tu propósito y tu llamado?

En el reino se celebra lo que todavía no se ve, contra la lógica de «ver para creer». David corrió hacia la línea de batalla. Muchos no saben ni cómo huir de un perro, pero David había perseguido a un oso y a un león. El gigante era más grande que David, pero no más grande que Dios. David no buscaba fama, sino que toda la tierra supiera que hay Dios en Israel.

Lo que vives puede servir para que otros conozcan a Dios y para que el nombre de Cristo se refleje en muchos hogares. Pablo fue circuncidado al octavo día, se formó a los pies de Gamaliel y era hebreo de hebreos, y aun así lo estimó todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo. No porque esas cosas fueran basura en sí mismas, sino porque había encontrado la perla incomparable. El campo es el mundo; el tesoro es el reino de los cielos. Llénate de lo eterno: habrá problemas, dolor y angustia, pero aun eso puede tener propósito eterno.

Una invitación a cambiar de tesoro

Busca a Dios y llénate de lo eterno. Vendrá una semana llena de cosas temporales, pero a ti te dirige lo eterno. Quien todavía no conoce al Señor quizá no entienda por qué vas a la iglesia; representa el reino y di que encontraste un tesoro. Un negocio puede ser bueno y una compra puede alegrarte, pero ya no ocupan el lugar del tesoro: son añadiduras cuando Dios llena y transforma tu vida.

El joven rico preguntó qué debía hacer, y Jesús le dijo que vendiera lo que tenía y lo diera a los pobres. ¿Quería Jesús dejarlo pobre? No: quería dejarlo libre. Pero se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Hay quienes tienen recursos y no pueden disfrutarlos, o han perdido a sus familias en adicciones que antes no podían pagar y ahora sí. Cambia de tesoro y ríndete a Dios, el único que puede llenar tu vida.

Jesús, mirándolo, lo amó. Jesús te ama aun cuando le dices que no. «Una cosa te falta»: deja de estar a medias y ríndete al único que puede llenar tu vida. ¿Es tiempo de cambiar de tesoro? Aunque el Señor ya sea tu tesoro principal, ¿hay algo a lo que todavía debes renunciar para reconocer el valor invaluable de su presencia y de su palabra? Pide perdón por tus pecados y reconoce a Jesús como tu Señor y Salvador.

Referencias bíblicas