EN Oración
Serie Profundo

Cambio profundo: humillarse bajo la poderosa mano de Dios

La palabra de Dios llega a lo más profundo del corazón, como a la raíz de un árbol. La misma mano que poda es la que levanta. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios, saca a la luz lo que escondes, echa sobre él tu ansiedad, mantente alerta y firme en la fe, y como Ester, no te acomodes: quizá para esta hora Dios te preparó.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
57 min

«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». A veces crees conocer bien a alguien, hasta que sale a la luz algo que guardaba muy dentro. Así es el corazón humano: engañoso y profundo. Pero cuando permites que Dios llegue a lo más profundo, ocurre lo mismo que cuando se trata la raíz de una planta: si la raíz sana, el fruto cambia.

Dios es todopoderoso, pero nunca te obliga. Puede darte libertad —«si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres»—, pero tú decides abrirle el corazón. Y estás en el equipo que nunca pierde: mientras tú te pones nervioso, el Dueño del oro y de la plata reina con tranquilidad. La misma mano que te poda es la que te transforma y te levanta.

Bajo la poderosa mano de Dios

«Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo». No dice que tú te exaltes, sino que él te exalte a su debido tiempo. Estar en las manos de Dios no es esconderse: es dejar que él te guarde, te forme, te sane y te anime. Dios no necesita que dobles tus rodillas; eres tú quien necesita doblarlas, porque lo necesitas a él. Cuando te inclinas delante de él, expones tu vida para que llegue a lo profundo y haga cambios que no imaginabas.

Versículo clave

«Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo»

1 Pedro 5:6

No sé cómo te ves tú ni cómo te ven los demás por tus errores, pero sé cómo te ve Dios: terminando su obra en ti, bendecido y transformado. La mano que llega a lo profundo también te expone a la luz. Elías se escondió en una cueva, y Dios le preguntó: «¿Qué haces aquí?». Ese no era su lugar: «Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová». No naciste para estar escondido.

Sal del escondite

«El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia». Prosperar significa avanzar. Por mucho dinero que tengas, si el pecado persiste, no puedes avanzar. Dios no te obliga a confesar, pero si decides sacarlo a la luz, él perdona, aunque quizá tengas que restaurar lo que afectaste. Al enemigo le encantan las apariencias, para que nunca llegue tu libertad: «Todo está bien», mientras pasan los años sin cambios.

Adán y Eva se escondieron, pero Dios los buscó. Fuiste creado para ser luz y reflejar la imagen de Dios. A Abraham le dijo: «Engrandeceré tu nombre». No intentes hacerte grande tú; deja que él te haga grande a su tiempo. Aun lo malo que viviste y tus errores, Dios puede usarlos para bien, y exponerte para que otros sepan que también hay oportunidad para ellos. Jesús no buscó fama; el Padre lo dio a conocer. He visto a personas a quienes Dios llevó lejos y luego olvidaron quién los hizo grandes, y comenzaron a acomodar la palabra a su conveniencia.

«Humillaos… para que él os exalte cuando fuere tiempo»: otra versión dice «en el momento oportuno». Eso requiere paciencia. Y también requiere aceptar su corrección con humildad. A nadie le gusta ser corregido, pero cuando renuncias al control y te sometes a sus procesos por obediencia, puedes decir: «Señor, esto duele, pero sé que harás algo grande con ello». Hoy más que nunca se necesitan testimonios de personas rendidas a Dios.

Echa sobre él tu ansiedad

«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros». La ansiedad aflige hoy a muchos. Echarla es una acción, una decisión que te toca tomar: toda la ansiedad, no un poco. Aunque sientas que estás en un pozo profundo, Dios llega hasta allí, te transforma y lo usa a tu favor. Cuando salgas, otros te preguntarán cómo saliste, y podrás decir: «Fue Dios».

Atacado, pero no devorado

«Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe». Ten dominio propio y mantente alerta: si Jesús te hizo libre, no vivas como esclavo. El enemigo anda «como» león; solo es un imitador del León de la tribu de Judá. Siembra y él intenta robar la semilla apenas cae. Puede atacarte, pero no tiene por qué devorarte. No puedes impedir el ataque, pero sí, con tus decisiones, que te devore. Resiste firme en la fe: atacado, pero no devorado.

«Sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca». Dios mismo se ocupa de restaurarte. Lo que vives es pasajero, pero estás siendo formado por el Dios eterno. No tomes decisiones según lo que sientes en el momento, sino según lo que crees.

Versículo clave

«Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.»

1 Pedro 5:10

Hay un hambre de lo sobrenatural en esta generación: muchos se apasionan por historias de fantasía y poderes imaginarios. Ojalá la iglesia sea el instrumento que muestre al Dios verdadero, el que es realmente sobrenatural y poderoso.

Ester: para esta hora

Ester era huérfana y fue criada por su primo Mardoqueo. A quien ha vivido la orfandad —física o emocional, con padres presentes pero ausentes— le cuesta descubrir que es hija de Dios. Dios hizo un cambio profundo en ella. Las jóvenes se preparaban durante meses con perfumes, y cuando les llegaba el turno de presentarse ante el rey, podían pedir las joyas que quisieran. «Ella no pidió nada sino lo que dijo Hegai», el hombre de confianza del rey. Qué cambio tan profundo sería decirle a Dios: «No lo que yo quiero, sino lo que a ti te agrada».

Ester llegó a ser reina, y quizá se acomodó. Pero cuando Amán logró un decreto para exterminar a los judíos, Mardoqueo le dijo: «No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos… ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?». Dios no te levanta para acomodarte, sino para usarte. No te duermas en el tiempo; necesitas Mardoqueos en tu vida que afinen tu fe. Tu turno llegará: permite que Dios siga haciendo un cambio profundo en ti.

Referencias bíblicas