Todo crecimiento conlleva cambios. Dios quiere hacer cambios en tu vida, en tu familia, en tu negocio, en tus finanzas y en todo lo que tiene que ver contigo: cambios tangibles que él provoca. Para recibirlos, hay tres cosas que necesitamos entender.
Deja de buscar las burras
1 Samuel 9 relata que se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl, y Cis le dijo a su hijo que tomara a uno de los criados y fuera a buscarlas. Saúl y el criado recorrieron los montes de Efraín, la tierra de Salisa, la de Saalim y la de Benjamín, y no las hallaron. Si quieres cambios, deja de buscar lo que habías perdido. Dejemos de insistir en los capítulos inconclusos y entreguémonos a los capítulos nuevos y frescos que Dios tiene para nosotros.
Cuando llegaron a la tierra de Zuf, Saúl quiso regresar para que su padre no se preocupara más por ellos que por las asnas. Pero el criado le dijo que en aquella ciudad había un varón de Dios muy respetado, que todo lo que decía se cumplía, y que quizá les indicaría el camino. Necesitamos gente así a nuestro lado: personas que perciben que Dios está dando una nueva dirección. Júntate con gente con visión, acostumbrada a salir, a enfrentar nuevos retos y desafíos, a desacomodarse y a no quedarse en el mismo estado.
Saúl llegó a la puerta de la ciudad, y en Dios no hay casualidades. Cuando dejas de buscar lo que perdiste, Dios te muestra nuevas puertas que atravesar: nuevas oportunidades. Reconócelas, y no te aferres a lo conocido, a lo acostumbrado y a lo cómodo. Muchos tenemos dificultad con los cambios, pero necesitamos ser flexibles. Todo lo rígido se quiebra; lo flexible permite que venga lo nuevo de Dios.
Saúl le preguntó a Samuel dónde estaba la casa del vidente, y él respondió: «Yo soy el vidente; sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón». Y añadió: «Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado». Luego le habló de lo que todo Israel deseaba para él y para la casa de su padre. Samuel no empezó por las burras, sino por las promesas y por el banquete. Dios nos dice: «Deja de buscar lo perdido; te vengo a hablar de mis promesas y del banquete que tengo preparado para ti y para los tuyos».
La pérdida de las asnas llevó a Saúl a un encuentro con su destino. Dios lo hace todo perfecto. Las pérdidas pueden ser la excusa perfecta para que Dios se glorifique en tu vida, tu matrimonio y tu familia, porque a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Hay quienes han orado, creído, clamado y ayunado durante años, y Dios responde. Fue un cruce de planes: Saúl buscaba las asnas, y Dios lo buscaba a él para ungirlo. Dios te está buscando, y ese encuentro trae una nueva unción para una nueva temporada, para que aun al predicar la palabra lo hagas con denuedo.
Dios cruza tu camino
Las formas y los métodos de antes no sirven para una nueva temporada; despójate de ellos. No trates de abrir puertas nuevas con llaves viejas. El paralítico de Betesda estaba enfocado en el método, esperando el movimiento del agua, y apareció Jesús. Es como si le dijera: «Deja de fijarte en el movimiento del agua; yo soy tu movimiento, yo traigo tu milagro y la respuesta a tantos años postrado». Es el cruce de Dios: el paralítico esperaba el movimiento, y Jesús cruzó su camino. No te pierdas la intervención de Dios.
Dios mueve las aguas en lo individual. La mujer samaritana estaba tan sedienta que se encontró con la fuente de agua viva, y hubo un movimiento en su interior que la llevó a predicar a toda una ciudad. Hubo un antes y un después por la intervención de Dios.
Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron echados al horno de fuego por orden del rey Nabucodonosor, y el rey, asombrado, preguntó si no habían echado a tres varones, porque veía a cuatro, y el aspecto del cuarto era semejante a hijo de los dioses. Dios cruzó su camino. No importa en qué horno hayas estado: Dios puede intervenir. Daniel 3:28 relata que Nabucodonosor dijo: «Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el decreto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios». Decretó que nadie hablara contra su Dios, «por cuanto no hay dios que pueda librar como éste», y después los engrandeció.
El mismo rey que quería verlos muertos los promovió. Dios puede usar aun a tus enemigos para promoverte. Porque no se rindieron ante las circunstancias, ante la crisis, ante la prueba ni ante ningún hombre, Dios no solo los sacó del horno sin que sus ropas olieran a humo, sino que los honró. Quienes no negocian su fe y se rinden solo ante Dios, sin buscar su propio reino, verán su honra, porque Dios honra a los que lo honran.
Una visión ampliada
Lo segundo es una visión ampliada: basta de tener una visión de túnel. Apocalipsis 4:1 dice: «Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas». No solo se trata de que Dios abra la puerta; es necesario subir. Mientras más subes, más amplía Dios tu visión. Hay que subir el nivel de intimidad, de oración, de conocimiento de la Palabra y de meditación. Cuando has visto lo que Dios te muestra, no importa quién te diga que no va a pasar, porque ya lo viste y ya lo creíste.
No tener clara la visión te vuelve lento; cuando tienes una visión ampliada, aceleras y hay cambios, no por tu esfuerzo, sino porque Dios lo dijo y tú creíste su palabra. En los tiempos bíblicos, una de las estrategias del ejército vencedor era dejar ciegos a los vencidos, para asegurar su derrota perpetua y evitar rebeliones futuras. El enemigo ha querido cegarte para asegurar tu derrota, pero cuando subes a otro nivel en Dios, tu visión nunca vuelve a ser la misma: tendrás claridad y no habrá duda de lo que Dios te está mostrando.
Agar, cuya historia muestra a una mujer errante, anduvo por el desierto. La primera vez que huyó de Sara, Dios le dio una promesa. La segunda vez, al ser despedida, anduvo errante. Pero no tienes que caminar errante dando vueltas en círculo. Con una visión ampliada empiezas a caminar hacia el destino y el diseño que Dios trazó desde antes de la fundación del mundo para ti y tus generaciones. Génesis 21:19 dice: «Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho».
Cuando recuerdas las promesas que Dios te dio y las levantas, tu visión se amplía y ves tu propia fuente. Ya no te enfocas en los pozos de otros, no envidias, no compites ni te comparas, porque tienes la certeza de que Dios te llamó. Nadie puede tener tu historia: detrás de cada gloria hay una historia, y tu tiempo en esta tierra es único; nadie lo puede sustituir.
Camina sobre la palabra profética que has recibido. Hay gente que ha recibido palabra tras palabra, pero la clave no está ahí, sino en cuánto has caminado en ella. Dios le dijo a Agar que se levantara y alzara al muchacho, porque haría de él una gran nación: tenía que moverse. ¿De qué sirve tanta palabra si nunca caminas en ella? Los cambios serán rápidos, y por eso tienes que ser flexible: mientras más rígido, menos velocidad. Algunos dicen que la gloria de Dios fue en otras décadas y ya pasó, pero Dios está creando algo nuevo, y te dice: «Muévete; ejercita con fe la palabra que te di». No te quiere estancado ni paralizado.
Ensancha el sitio de tu tienda
Lo tercero es la expansión, no física, sino espiritual y mental. Es para todos, pero no para cualquiera: para quien camina en fe, porque la fe es activa, no pasiva. Proverbios 13:4 dice: «El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada». ¿Qué palabra te dio Dios y qué has hecho con ella? ¿Has sido diligente o esperas que Dios te cargue hasta allí? Esto es para quienes se niegan a quedarse en el mismo estado y se niegan a rendirse.
Versículo clave
«El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada.»
Proverbios 13:4
Hay personas que no conocen a Dios y aun así crearon lo que soñaron, porque todo sueño se crea dos veces: primero en la mente y luego en lo físico. Por eso necesitamos un cambio de mentalidad y verlo primero, y la única manera es subiendo a un nuevo nivel con Dios para que él amplíe nuestra visión. Cuando ya lo viste por fe, no hay poder en el infierno, en la tierra ni debajo de ella que te pueda quitar lo que Dios te mostró.
¿De qué sirven tantos sueños si nunca caminas en ellos? A José le llamaban el soñador, pero no solo soñó: mientras caminaba en sus sueños fue preparado en la casa de Potifar y en la cárcel, y Dios no solo le dio la capacidad de soñar, sino también de interpretar. Sal de la media y de lo acostumbrado. Unidad no es uniformidad: Dios nos creó diferentes, y los sueños que tiene para ti son únicos. Hay quien dice que está esperando confirmaciones, una, dos, diez, durante años, o que venga el ángel Gabriel, y no ha hecho nada. ¿Qué más quieres? Tienes al Espíritu Santo, el poder más grande, viviendo dentro de ti, y la fe en tu interior. Dios te pregunta adónde lo vas a llevar hoy. Cuida el sueño, camina en él, crece y fortalécete.
¿Cuántas de las palabras que has recibido has visto cumplidas? Pregúntate por qué, porque no tiene que ver con Dios, sino con nosotros. Dios está liberando ideas, estrategias creativas y proyectos del reino. Mateo 25:15 dice: «A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos». Dios da dones y talentos, y también capacidad; no te da un don mayor que tu capacidad, porque él te formó. Su deseo no es que entierres lo que te dio, sino que lo hagas producir. ¿Qué has hecho con lo que puso en tus manos? ¿Ha crecido, o lo enterraste? Todos sentimos miedo de emprender, pero con miedo y todo caminamos.
El que recibió cinco talentos ganó otros cinco; tenía capacidad para diez. Al que enterró el suyo se le quitó y se le dio al que tenía diez. Cuando eres fiel con lo que Dios te dio, aun tu capacidad aumenta: si tenías capacidad para una cosa, Dios te la ensancha para más, porque fuiste fiel en lo poco.
En Génesis 1:28, Dios bendijo al hombre y a la mujer y les dijo: «Fructificad y multiplicaos». Fructificar es crecer, aumentar y dar fruto. Dios busca personas en quienes depositar sus sueños, como un embarazo. Pero la incredulidad hace abortar lo que Dios depositó. Es una orden: no fuimos diseñados para vivir en esterilidad, sino para producir. Cuando me mantengo en fe y tengo esa visión ampliada, Dios deposita sus sueños en mí, y mi responsabilidad es no abortarlos, sino cuidar la palabra. El enemigo vendrá por medio de personas, de familiares y de todo lo que me rodea, queriendo que aborte lo que Dios dijo, pero voy a guardarlo, aumentar mi fe y caminar en ello hasta dar a luz. Hay quienes llevan muchos años con un sueño de Dios dentro, y no esperan que les caiga del cielo: caminan en la palabra, la alimentan cada día y la cuidan, sin importar el tiempo. La fe te hace fértil; la incredulidad, infértil.
Proverbios 18:9 dice: «También el que es negligente en su trabajo es hermano del hombre disipador». Muchos sueños no se cumplen, no porque Dios no los haya dado, sino por el ocio, la pereza y la falta de emprendimiento. Sacúdete la pereza y toda negatividad, porque vas a dar a luz lo que Dios dijo.
Versículo clave
«Ensancha el sitio de tu tienda… alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas.»
Isaías 54:2
Isaías 54:2-3 dice: «Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas». El escaso no es Dios: somos nosotros. Por eso los pensamientos tienen que ser renovados. Hay una frase que dice: «Si piensas que puedes o piensas que no puedes, en ambos casos tienes razón». Como pienses, así actuarás y caminarás.
Esta palabra llegó cuando Israel estaba en cautiverio, en lugares estrechos, lleno de limitaciones y estéril. La esterilidad lleva a un lamento continuo; cuando no das fruto en lo que Dios te dijo, hay un lamento dentro de ti. Pero en medio de lo estrecho, Isaías traía una palabra que daba libertad, una visión ampliada y algo nuevo para esas generaciones. Al mandar a su pueblo a ensancharse, Dios le estaba diciendo: «Nunca te he abandonado; siempre he estado contigo». Sin importar cuán estrecho, limitado o estéril hayas estado, su amor, su gracia y su favor te abrazan, porque para este tiempo naciste.
Sal de toda estrechez y de toda limitación mental, física, espiritual y emocional, y no te aferres a lo conocido. Es el Espíritu Santo quien te empuja y te recuerda los sueños que depositó en ti. Cuídalos y créelos, porque la incredulidad hace abortar los sueños. Como Agar, vuelve a levantar la promesa y pídele a Dios claridad. No dejes caer ninguna palabra que Dios te haya dicho; sé esforzado y valiente hasta ver su cumplimiento. Lo que él dice es una orden: empieza ahora a prepararte, a caminar, a creer, a tocar puertas y a atravesar las oportunidades.
Jesús dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura». Pasamos de ser criaturas a ser hijos cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón y reconocemos que no podemos gobernarnos a nosotros mismos y que necesitamos un Salvador. Puedes orar: «Señor Jesús, gracias por la vida eterna y por morir por mí en la cruz. Hoy reconozco que soy pecador y que necesito un Salvador. Te recibo como mi único Salvador; entra en mí y gobierna mi vida. Gracias por escribir mi nombre en el libro de la vida y porque desde hoy camino como hijo tuyo».
Referencias bíblicas
- 1 Samuel 9:3–20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:24–30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Apocalipsis 4:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 21:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 13:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 25:14–30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 1:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 18:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 54:2–3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


