EN Oración
Serie Conectados

Conectados a su visión: detrás de la gloria hay una historia

Dios dejó una visión clara: hacer discípulos. Quien solo tiene vista pide y celebra lo que ve; quien tiene visión ofrece, celebra por lo que Dios dijo y piensa en sus generaciones. Muchos quieren la gloria, pero no la historia que hay detrás: deja que Dios te forme.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
42 min

Si crees que no tienes una visión, Dios dejó una muy clara para todos. «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

La autoridad de Jesús en el cielo alcanza todo lo que sucede en la tierra. Su visión no es solo una tarea: Dios forma al discípulo para que él, a su vez, forme y bendiga a otros. El mundo tendrá un final, pero no será el final de quienes pertenecen a Dios: su final es glorioso. Y la presencia de Jesús, hasta el fin, sostiene la misión.

Una vida formada

Sansón perdió la vista y fue llevado cautivo; lo pusieron a moler en la cárcel, y en la fiesta de Dagón lo sacaron para que los divirtiera. Pero Sansón no había sido creado para divertir al enemigo, sino para ver la gloria de Dios sobre él.

Sansón le pidió al joven que lo guiaba que lo dejara palpar las columnas sobre las que descansaba la casa. El tiempo en el molino fue un tiempo en que Dios estaba trabajando en él. Para sostener algo grande, el fundamento no puede tener vacíos. Cuando hubo vacíos en la vida de Sansón, llegó Dalila.

Sansón palpó las columnas, clamó a Dios, y la casa cayó. «Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida». Que Dios establezca en ti un fundamento interior más grande que el del enemigo. La iglesia debe ser una comunidad de discípulos con fundamentos firmes, para que la adversidad no impida cumplir la visión.

«Y la tierra estaba desordenada y vacía… y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». Donde hay vacío aparece el desorden; cuando Dios forma y llena una vida, trae orden. Todo vacío debilita; la llenura de Dios fortalece.

Vista no es lo mismo que visión

Todos pueden tener vista, pero no todos tienen una visión desarrollada. Con los años, la vista empeora y las letras pequeñas se vuelven difíciles de leer. «Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día».

Versículo clave

«Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.»

2 Corintios 4:16

No desmayes. Tu cuerpo se desgasta y tu vista puede empeorar, pero lo más importante es que tu interior se renueve cada día. Conectado a la visión de Dios, amaneces renovado y con una misión que cumplir.

Complacer a las personas no es lo mismo que conectarlas con la visión de Dios. La complacencia de hoy es la cautividad de mañana. La iglesia no debe cambiar la visión para satisfacer a alguien, sino buscar agradar a Dios y obedecer lo que él ha dicho.

Una sonrisa o un saludo pueden agradar, pero no dan dirección; la palabra de Dios sí guía. La iglesia no es un taxi en el que cada pasajero impone su propio rumbo, sino un bus con una ruta trazada: la visión de Jesús. Más que desarrollar amistades, desarrolla propósito en la vida de otros.

La visión ofrece y celebra

Israel estaba esclavizado en Egipto, y Dios le dijo a Moisés que le dijera a Faraón: «Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto». Antes de salir, Dios quería darles visión: no solo pedir, sino aprender a ofrecer. El que tiene vista pide; el que tiene visión ofrece.

El desierto no parecía ofrecer agua ni comodidades, y aun así el pueblo debía ir a celebrar. Quien solo tiene vista ofrece de acuerdo con lo que ve; quien tiene visión ofrece por lo que cree, honra y adora. Así se diezma y se siembra: no solo por lo visible.

El que tiene vista celebra cuando ve el resultado; el que tiene visión celebra por lo que Dios ha dicho y por lo que hará. Celebra antes de recibir el milagro, porque crees que vendrá. Ese es el pueblo que Dios quiere formar: uno que celebra y confía en lo anunciado.

Busca primero el reino de Dios: sus intereses y su visión, y lo demás te será añadido. Cuando Abraham y Lot se separaron, Lot escogió primero lo que le pareció mejor a la vista. Y Dios le dijo a Abraham: «Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre». Lot escogió lo que veía; Abraham recibió una visión que abarcaba mucho más.

Abraham, Isaac y Jacob: la visión alcanza generaciones. Quien solo tiene vista piensa en su propia generación; quien tiene visión piensa en las que vienen. No te preguntes solo qué recibirás tú, sino qué marca dejarás en tus hijos y nietos.

Determinación para obedecer

Dios le mandó a Noé construir un arca para un diluvio que nadie a su alrededor podía imaginar. Mantén tu mente y tu corazón abiertos a lo que Dios hará, aunque no lo comprendas de antemano.

«Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó». Muchas veces pedimos explicaciones antes de obedecer. Haz lo que Dios te ha mandado: él ve más allá de lo que tú puedes ver o imaginar.

Noé pasó muchos años martillando, quizá mientras otros se burlaban de un hombre que construía un barco lejos del mar. Quien tiene visión se enfoca en lo que Dios ha dicho, y persevera.

Mientras Noé construía el arca, Dios lo formaba por dentro. Déjate formar. Ningún diluvio puede detener a quien lleva dentro lo que Dios usará para multiplicar y bendecir. La visión requiere determinación y una vida construida desde el interior.

La visión de Jesús va delante

La visión de Jesús era más grande que cualquier ambiente. Sabía que uno de los suyos lo entregaría, y le dijo a Judas: «Lo que vas a hacer, hazlo más pronto». Jesús sintió dolor; pero siguió adelante.

Tu visión puede ser más grande que el dolor y las heridas que atraviesas. Quien tiene visión puede ser herido, pero la visión lo levanta otra vez y lo impulsa a avanzar. Quien está conectado con la visión no tiene tiempo para quedarse en el odio.

Jesús comenzó a enseñarles «que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado… y ser muerto, y resucitar después de tres días. Esto les decía claramente». Pedro lo tomó aparte y comenzó a reconvenirlo. Y Jesús lo reprendió. Poco antes, le había dado las llaves del reino.

«¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres». La visión de Dios debe ir delante; nadie debe ocupar ese lugar. Cuando pones la mira en lo humano, te pones delante de la visión en lugar de seguirla.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará». ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Versículo clave

«Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.»

Marcos 8:34

El discipulado tiene un costo. Ningún sacrificio compra la salvación; pero fuiste salvado para entregarte y bendecir a otros. Entrega tu vida por Jesús y por el evangelio, aunque otros digan que la estás perdiendo. Después del padecimiento y la muerte, Jesús anunció la resurrección.

Quienes dedican días enteros a servir quizá escuchen que podrían estar haciendo otras cosas. Pero no están perdiendo su vida: la están ganando.

Detrás de la gloria hay una historia

Muchos quieren la gloria, pero no la historia que está detrás. Quieren la gracia y el favor de José, pero no su historia: la cisterna, la esclavitud, la cárcel. Quieren la gloria de David, pero no los tiempos en que fue perseguido por quienes antes lo habían bendecido. No hay atajo: hay formación, discipulado y momentos difíciles.

A quienes llegan lejos en su servicio les preguntan cuál es el secreto para hacerse conocidos. No hay una receta: para vivir una gloria así, hay que permitir que Dios forme y discipule tu vida y escriba una historia.

Muchos comenzaron en un lugar pequeño, atravesaron divisiones y pérdidas, y siguieron creyendo que verían grandes cosas. Nadie puede apropiarse de la historia de otro: cada uno debe atravesar su propio proceso y ser formado.

Que la iglesia también tenga una historia: lágrimas en el altar, seguir adelante cuando cree que no puede más, dejar que Dios la levante. Dios lleva a su pueblo de gloria en gloria, y esa historia se va escribiendo.

Imagina que un día tus nietos digan que viven una gloria que no se había visto en sus generaciones, y que reconozcan que su abuelo o su abuela estuvo dispuesto a hacer historia: a servir y creerle a Dios, aunque otros dijeran que estaba perdiendo la vida por el evangelio.

Dispuesto a perder la vida

¿Estás dispuesto a vivir la historia detrás de la gloria? Nadie puede evitarte los procesos. Pide perdón por haber protegido tanto tu vida que no permitiste ser formado ni conectado a la visión. Dile a Dios: «Estoy dispuesto a perderla», y entrégate a su visión. Dios te sorprenderá.

Señor, toca nuestra vida. Que nuestros nietos vean una gloria nunca vista en nuestras generaciones. Estamos dispuestos a hacer historia mientras tú nos formas. Queremos dejarnos formar, servir, creer y avanzar detrás de tu visión.

Referencias bíblicas