EN Oración
Serie Herederos

Creciendo como herederos

La herencia de Dios es grande, y los herederos están llamados a crecer como Jesús: en sabiduría, en una actitud enseñable y en gracia.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
53 min

Al acercarse el final del año puede aparecer el desánimo por aquello que todavía no hemos visto. Pero, aunque el año termina, Dios no ha terminado con nosotros y su obra permanece. Anima a quien tienes al lado con esta frase: «Largo camino te queda». Pero «los herederos continúan»: lo aprendido debe convertirse en herramientas para seguir creciendo.

¿El problema está en la herencia o en los herederos? La herencia que Dios ofrece es ilimitada, perfecta, maravillosa y eterna; el crecimiento que hace falta es el de quienes la reciben. No basta con el título de heredero: hay que crecer para vivir aquello que Dios ya ha dado. Tres áreas lo concretan: sabiduría, actitud y gracia.

Crecer hasta parecernos a Cristo

Efesios 4:15 llama a crecer «en todo», es decir, a avanzar hacia Cristo, que es la cabeza. La verdad de Dios está llena de amor: la verdad libera y refleja el amor de Dios por nosotros. La Palabra es una herencia para que ni nosotros ni las generaciones que vienen seamos engañados.

Versículo clave

«sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo»

Efesios 4:15

Ese crecimiento tiene que ver con la Navidad. ¿Qué sentido tendría celebrar el nacimiento de Jesús sin que llegue a hacerse vida en nosotros el propósito por el cual nació? Compartir comida o regalos no está mal, pero Jesús es el celebrado. Los Reyes Magos le llevaron regalos, y el regalo destinado a Dios debe ser lo mejor. Jesús nació y murió en la cruz para dar vida eterna y abrir la oportunidad de ser herederos que siguen creciendo.

Jesús también creció, como dice Lucas 2:52. Antes de eso, el relato cuenta que Jesús, durante una caravana, se quedó en el templo y sus padres lo buscaron. Cualquier padre conoce la angustia de perder de vista a un hijo pequeño en un supermercado o en un parque de diversiones.

Versículo clave

«Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.»

Lucas 2:52

Jesús estaba sentado entre los maestros, escuchando, haciendo preguntas y aportando a la conversación. Sus padres lo consideraban perdido, pero él estaba en el templo. En realidad estaba «encontrado», porque estaba en el propósito del Padre y creciendo. Aunque sientas que vas de un lado a otro en la vida, necesitas seguir avanzando.

Jesús creció en sabiduría, estatura y gracia: tres áreas para los herederos. La «estatura» puede entenderse como actitud: crecer en sabiduría, en una disposición enseñable y en la gracia que Dios ya ha dado. Vale para todas las etapas de la vida: quienes serán padres deben crecer como padres aprendiendo de Dios, el mejor Padre; los solteros, para sus relaciones futuras; los esposos, en su vida juntos; y también quienes serán abuelos.

Crecer en sabiduría

La inteligencia natural también viene de Dios y conviene desarrollarla mediante el estudio y la preparación; pero la sabiduría viene del cielo. Estudiar y alcanzar títulos es bueno, sin descuidar el crecimiento interior y espiritual. Hay personas muy preparadas con varios divorcios, y otras con grandes empresas que no tienen sabiduría para disfrutar lo que producen. Administrar y disfrutar también requiere sabiduría de Dios.

La sabiduría se relaciona con la multiplicación. Un niño llevó cinco panes y dos peces: no parecían suficientes para alimentar a más de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Los cálculos humanos contrastan con la fe que mira a Dios y cree. Los talentos, bien desarrollados, suman; la sabiduría de Dios permite multiplicar y administrar. Esa sabiduría también hace falta en el matrimonio.

Creer más allá de los cálculos es parte de la sabiduría.

Salmo 111:10 identifica el respeto a Dios y a lo que él estableció como principio de sabiduría. Cuando las personas no se ponen de acuerdo entre sí, o incluso consigo mismas, conviene atender a lo que Dios dice. A veces seguimos nuestros propios pensamientos, que son bajos, y así podemos perder planes de Dios; los pensamientos de Dios son más altos.

José en la cisterna lo ilustra: aquello que parecía un retroceso era avance, porque Dios estaba formando su vida para algo grande. Pide sabiduría para tus reacciones y no actúes simplemente como lo hacen los demás. Los límites de Dios son expresión de su amor, y obedecerlos puede llevar a romper límites que parecían imposibles, en el matrimonio o al dejar aquello que destruye la vida.

Santiago 3:13 enseña que la sabiduría se demuestra mediante buena conducta y buenas obras hechas con humildad. Esa palabra nos confronta a todos. Los celos, la rivalidad, las peleas, hablar mal de otros y la cizaña no son señales de sabiduría. Son sabias las personas que confían en Dios y que, en medio de un problema, pueden decir con humildad que Dios obrará, honrará y sacará a luz lo ocurrido.

Una actitud dispuesta a aprender

La segunda área, la «estatura», es una actitud enseñable: estar dispuestos a aprender en cualquier situación. Antes de Mateo 21:31 conviene leer en casa el contexto anterior, aunque haya que apartar tiempo de la televisión. Allí está la higuera que Jesús maldijo y que se secó: tenía hojas y apariencia de fruto, pero no fruto. Es una advertencia contra apartarse del camino por algo que solo tiene apariencia.

Algunos sacerdotes y fariseos le preguntaron a Jesús con qué autoridad hacía aquello. Jesús les preguntó cuál de los dos hijos hizo lo que su padre quería, y respondieron: el primero. Entonces declaró que los cobradores de impuestos y las prostitutas entrarían antes que ellos en el reino de los cielos, porque creyeron a Juan el Bautista, mientras que ellos, aunque vieron, no cambiaron de actitud para creer.

Algunos de quienes conocían la ley habían perdido la disposición para aprender porque creían saberlo todo, mientras que los cobradores de impuestos y las prostitutas sí creyeron. Podemos imaginar a Juan el Bautista llamándolos al arrepentimiento y a dejar su antigua vida. Conserva la humildad para creer y aprender, aunque conozcas muchos pasajes bíblicos. Los odres viejos no pueden recibir vino nuevo: Dios no ha terminado, y todavía queda mucho por aprender.

Crecer en la gracia

Israel, que había trabajado como esclavo en Egipto, no salió con las manos vacías, sino con alhajas de oro y plata. Pero la herencia mayor es la gracia, y en ella hay que crecer: «tus sueños no están ligados a tu sueldo; tus sueños están ligados a su gracia». Los sueños de Dios no se refieren solo al dinero, sino también a la bendición, el propósito y el favor.

José salió de la cárcel sin dinero, pero con gracia, y antes había rechazado la invitación de la mujer de Potifar: no escogió la desgracia. Crece en la gracia. El favor de Dios puede llevar a lugares donde ningún salario llevaría. Es difícil percibir esa gracia en momentos contrarios. Si lo necesitas, recibe esta palabra: «La injusticia vació tus manos; su gracia las volverá a llenar».

Recibir esa gracia pasa por rendirse a Dios.

Dios restituye a quien se rinde a él.

Dios no destruirá aquello que proteges: entrégale lo que te impide disfrutar y crecer en su gracia. Deja de defender lo que destruye tu vida y ríndete a él. Algunas guerras no se ganan con espada, sino rindiéndose a Dios. Ora reconociendo que has intentado proteger lo que debía quedar bajo tus pies, y pide perdón, descanso y rendición.

Los sueños están ligados a la gracia, no al sueldo.

José es el ejemplo: salió sin dinero, pero con gracia.

Un compromiso para seguir creciendo

Somos herederos y la herencia es demasiado grande. Cada persona puede asumir un compromiso propio, algo que nadie puede hacer por su cónyuge ni por sus hijos: decirle al Señor que quiere crecer. No se trata de perfección, porque nadie lo es, sino de crecer en sabiduría para el tiempo que viene, en actitud y humildad, y en la gracia de Dios; de dejar de forzar las cosas y aprender a vivir en esa gracia.

Rinde todo orgullo y habla con Dios personalmente. Pide sabiduría, actúa con humildad y crece en la gracia, para poder decir como Pablo que la gracia no fue vana: que creciste en ella e hiciste tu parte trabajando duro, reconociendo que el resultado también depende de Dios. Es tiempo de rendición y compromiso: cada heredero continúa creciendo.

Gracias porque Dios ha ministrado y el Espíritu Santo ha obrado en las vidas. Que sigamos creciendo en la herencia recibida: sería triste preparar herencia sin preparar herederos. Dios ha preparado la herencia y ha dejado su Palabra para que su pueblo crezca como heredero. Recibe la herencia eterna de la vida eterna con esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas