EN Oración
Serie Impulso

Cuando mi vida se convierte en un lego

Una vida puede parecer hecha de piezas sueltas, pérdidas y demoras. Busca la voluntad de Dios, reconoce lo que estorba el propósito y acude a él en oración: él puede armar cada pieza.

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Hay quienes no tienen paciencia para armar cosas: cuando llega algo que requiere ensamblaje, suspiran. Pero un nieto pequeño que disfruta de los legos puede pedirle al abuelo que se los arme, y entonces no queda más que respirar profundo, mirar las piezas y disponerse a intentarlo.

El lego es una imagen de la vida: al comprarlo, uno ve el diseño terminado y piensa en el carro que podrá armar; al abrir la caja, en cambio, encuentra piezas. También la vida puede presentarse así: al mirar el pasado, el sufrimiento y las pérdidas, alguien puede preguntarse cómo llegará a cumplirse en él una palabra que recibió de Dios. ¿Alguna vez has sentido que lo que vives no se parece en nada a lo que Dios te dijo?

Piezas, diseño y destino

¿Diseñó Dios a las personas para vivir una vida a medias, o para que su camino fuera interrumpido por acontecimientos que detuvieran su impulso? Este mensaje es para «gente rota». La iglesia no es un lugar de personas perfectas o santurronas, sino una comunidad de personas que reconocen estar en las manos del alfarero. Las piezas de una vida pueden quedar en manos de Dios.

Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que él es, y luego quién dicen ellos. Pedro responde que Jesús es el Hijo del Dios viviente, y Jesús le dice que esa revelación no vino de carne ni de sangre, sino del Padre. Ser cristiano implica recibir revelación acerca de lo que Dios hace, de por qué estamos en la tierra y de cómo cumplir el destino que Dios tiene. Cree que Dios te diseñó para algo grande.

«Destino no se construye, destino se descubre». Dios quiere obrar por medio de las personas, y el enemigo puede meterse en su tiempo, interrumpir su destino y desincronizarlas de los tiempos de Dios. Hay cristianos que recibieron al Señor y conocen la paz y la seguridad de la salvación, pero cuyo propósito ha sido estorbado. Busca cómo regresar al diseño de Dios, en vez de conformarte con vivir por debajo de tu capacidad.

Descubrir el destino es volver al diseño original.

El calendario humano no coincide siempre con las temporadas de Dios. Israel estuvo cautivo en Egipto 430 años, mientras que a Abraham se le anunciaron 400. ¿Hubo un error de cálculo, o esos años adicionales representan una demora? ¿Qué se suponía que hubiera sucedido en tu vida o en tu generación años atrás y todavía no ha ocurrido?

Una espera puede tener dos explicaciones: a veces el tiempo de Dios todavía no ha llegado; otras veces ya llegó, pero la persona está desincronizada. Examina qué esperabas y aún no has recibido.

Daniel 7:10 describe un río de fuego y una escena en la que el juez se sienta y se abren los libros. Esos libros pueden referirse a los libros del destino de las personas. El salmista dice que las cosas estaban escritas en el libro de Dios antes de que faltara una de ellas. Dios tenía un libro acerca del destino de cada persona antes de que fuera formada, incluso antes de que sus padres tuvieran relaciones íntimas. No eres un accidente: fuiste planificado, y eso da esperanza.

Versículo clave

«Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.»

Daniel 7:10

Dios no obliga a nadie a caminar en su destino. Pídele, como el salmista: «Muéstrame tus caminos». El enemigo conoce el destino y desea impedir que llegues a él. El cumplimiento del propósito consiste en caminar hacia el destino para el cual fuiste creado.

Pedir dirección es el primer paso.

Algunos cristianos actúan con el consentimiento de Dios, pero no con su aprobación, que tiene que ver con estar conectados y sincronizados con su destino profético. Ser rico no es lo mismo que ser próspero: la prosperidad no requiere necesariamente ser millonario, sino que puede incluir disfrutar con gratitud lo que se tiene. Una pareja puede decidir ir a McDonald’s, aunque no tenga mucho, y disfrutar de la comida; en cambio, hay personas ricas que no pueden disfrutar de sus bienes por razones de salud.

Caminar hacia el destino exige atención a los caminos de Dios.

Dos pasos para avanzar

El segundo paso es pelear la batalla en la arena correcta. Satanás es «el acusador de los hermanos», el adversario que anda alrededor buscando a quién devorar. La palabra «adversario» significa quien está en contra de los derechos de las personas: un matrimonio saludable, la salud, la felicidad y una familia estable están entre aquello que busca atacar.

Las maldiciones son un poder espiritual capaz de arrastrar la vida hacia el mal o de atraer el mal a la vida. Ser cristiano y asistir a la iglesia no elimina la necesidad de reconocer aquello que estorba el propósito. Romanos 8:1 incluye la condición de andar conforme al Espíritu y no conforme a la carne. El acusador busca una legalidad para obstaculizar lo que Dios tiene para la persona.

El amor de Dios no invalida su justicia: no significa que todo sea indiferente o esté automáticamente resuelto. Hay prácticas de generaciones anteriores que afectan la historia familiar, como la masonería: en ella se entrega a la familia, se cubren los ojos con un paño negro y se pronuncia un juramento relacionado con cerrar los ojos al mundo de la luz, y ese vínculo se conecta con las generaciones siguientes. Es muy difícil que un masón se convierta mientras ese acto no se rompa, y hasta que no se rompa no hay liberación.

Hay historias familiares que necesitan ser presentadas delante de Dios.

Isaías 61:6 habla de «reparadores de muros» y de quienes levantan los escombros de generaciones. Muchos provienen de ruinas donde no se reparó el «cordón umbilical» espiritual. Arrepentirse de los propios pecados no es lo mismo que reconocer las iniquidades generacionales que se transmiten.

Reconocerlas es el comienzo de la reparación.

La justicia de Dios y su amor van juntos.

Y su amor abre camino a la liberación.

Hay esperanza: al presentarse ante el juez habrá un veredicto de bendición y absolución, porque el juez también es Padre, y tenemos un abogado y al Espíritu Santo. Imagina que comparecen en nombre de tus generaciones y reconoces ante Dios las ofensas de tus abuelos y tatarabuelos, incluidas la brujería y otras prácticas. Eso puede ayudar a explicar muertes prematuras en algunas generaciones.

Hay familias que conocen bien esa historia.

El juez, el abogado y la oración

Cuando en una familia se repiten muertes prematuras —un padre que muere joven en un accidente, un hijo que enfrenta un tumor—, el enemigo puede estar intentando repetir una historia de muerte.

Pero el enemigo no tuvo la última palabra.

Isaías 54:17 habla de toda lengua que se levante «en juicio», y remite a la imagen del juez. Hay juicios levantados contra personas y generaciones a causa de violencia, abusos, decisiones, brujería y otras cosas que activaron el mundo espiritual. Pero Dios juzgará: preséntate ante el juez justo.

Pero el propósito de Dios sigue en pie.

Hay miedo, intimidación y «nuevas normalidades», pero la iglesia no debe detenerse. Si te alejaste, tu lugar está en la casa de Dios: es tiempo de volver. Después de un tiempo de atraso en que todo se paralizó, Dios puede dar el doble, y traer honra a quienes fueron deshonrados.

Hay una religión que sigue condenando a las personas, pero Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo. Alguien puede llegar a la iglesia con el cabello recogido en un moño y tatuajes, y algunos religiosos podrían rechazarlo por su apariencia; con el tiempo, ese hombre puede tener un hogar estable y liderar a otros. Dios no mira como mira el ser humano. ¿Quiénes fueron rechazados por la religión, pero abrazados por Dios?

El ladrón descubierto debía devolver siete veces lo robado. ¿Qué le quitó el enemigo a cada generación? Piensa qué despreciaron tus antepasados y di que tú sí quieres recibirlo. Ora: preséntate ante Dios en nombre de tus generaciones, pide perdón por las ofensas de tus ancestros, renuncia a toda maldición que pudieras llevar en tus apellidos materno y paterno, menciónalos en la oración, pide disfrutar las bendiciones diseñadas para tu vida y solicita un veredicto que silencie al acusador.

Versículo clave

«Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.»

Isaías 54:17

Al final, las piezas vuelven a su lugar.

Volver a la casa de Dios es parte de ese avance.

Y la oración pone cada generación delante de Dios.

Exhortación final y oración

Dios toma las piezas, comienza a armarlas, y algo bueno puede salir de ellas. Ninguna pieza sobra: todas forman parte del propósito, incluso una enfermedad, una decepción o matrimonios que no fueron la voluntad perfecta de Dios, porque Dios puede usarlos para conducir a alguien a su destino. Alguien pudo meterse en problemas por sus propias decisiones y, aun así, Dios puede usar lo ocurrido para bien.

Dios no ha terminado: lo que se detuvo puede volver a avanzar.

Lo que el enemigo robó, en la imagen de la restitución, se devuelve multiplicado.

Es tiempo de levantarse y avanzar.

Referencias bíblicas