EN Oración
Serie Impulso

Impulso al propósito de Dios

Puedes alcanzar una meta y quedarte vacío si pierdes de vista el propósito de Dios. Confía en quien te formó, cuida tu corazón y avanza hacia el propósito que él tiene para tu vida.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
48 min

Una meta no es lo mismo que un propósito. Puedes llegar a una meta y, sin embargo, perder de vista tu propósito. Las metas pueden formar parte del propósito, pero el propósito tiene que ver con la eternidad. Alcanza tus metas sin perder lo más importante: el propósito de Dios para tu vida.

El joven rico quería lo que Jesús tenía. Había alcanzado la riqueza, pero le faltaba propósito. Jesús le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres». Y él se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Confía: que el dinero no te gobierne, sino Dios. Jesús es dueño de todo, y a Jehová presta el que da al pobre. La riqueza no es mala en sí misma, pero no debe convertirse en tu señor.

Una meta alcanzada sin propósito te deja vacío y triste. Puedes casarte con una persona hermosa o tener un automóvil nuevo y, aun así, sentirte vacío si vives sin quien te creó y sin el propósito que tiene para ti. No está mal tener un buen automóvil; que Dios te añada en abundancia. Pero Dios debe ocupar el primer lugar. Cuando Dios dirige tu vida, tú tienes el control de lo que recibiste, y no al revés.

Maravillado por haber sido formado por Dios

«Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien… Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas». Aunque veas en ti defectos o tengas unas libras de más, no concluyas que no vales. Dios te formó, y su creación es maravillosa.

Versículo clave

«Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.»

Salmos 139:14

La historia de la concepción de cada persona es distinta. Quizá fuiste fruto del amor de tus padres, o quizá no conoces esa historia. Pero eres resultado del amor de Dios. Si te dijeron «tus padres te abandonaron», Dios no te abandonará. Tu vida no es una casualidad: Dios tiene propósito para ti.

Celebra que Dios te formó y tiene un propósito para ti. ¿Estás viviendo en ese propósito? Deja de explicarte todo como casualidad. Dile a Dios: «Maravilloso eres», y reconoce que él te dio la vida y aún tiene propósito. No bases tu propósito en lo que dice la gente.

El hijo pródigo recibió la herencia, la desperdició y volvió a su padre. Había puesto su esperanza en la herencia, cuando la verdadera herencia era el padre que salió a buscarlo. Tu propósito no está en lo que recibes, sino en Dios. «Separados de mí nada podéis hacer». El estado de tu corazón importa: Dios no fuerza un corazón que se cierra a él.

Dios prometió sacar a Israel de Egipto y llevarlo a una tierra buena, pero una generación murió en el desierto. Menospreciaron la tierra deseable, no creyeron a su palabra y murmuraron en sus tiendas: su corazón les impidió ver cumplido el propósito. Las palabras de Dios cobran vida en el corazón: cuida su condición. Sé parte de la generación que ve cumplido el propósito de Dios.

Confiar en medio de un proceso difícil

«Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti». Job perdió a sus hijos y sus posesiones. Su mujer le dijo que maldijera a Dios y muriera, y sus amigos le decían que estaba acabado. Quizá atraviesas una enfermedad, la pobreza o lo que sientes como el peor momento de tu vida. No concluyas que todo terminó: si Dios tiene propósito, nada puede estorbarlo.

Versículo clave

«Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.»

Job 42:2

La recuperación de Job comenzó en la condición de su corazón, en lo que llegó a decir. Confía aunque parezca no haber salida: Dios puede usar lo que está ocurriendo para bien y para bendición. El dolor y las dificultades son reales, pero no pierdas de vista el propósito de Dios en medio de ellos.

No apoyes tu propósito en lo que dicen los demás. Puedes recibir una palabra de Dios y, al escuchar a la gente, empezar a dudar y pensar que ellos tienen razón. Guarda tu corazón. El propósito de Jesús estaba escrito antes de que naciera: Isaías anunció su padecimiento, y por su llaga fuimos nosotros curados. Tu propósito también está escrito, y el de tu matrimonio.

Puedes vivir ochenta, noventa o cien años, pero ¡qué tristeza sería pasarlos fuera del propósito de Dios! Felicidades si llevas muchos años casado; pero ¿hay plenitud en tu matrimonio? No se trata de perfección, sino de plenitud en Cristo. No basta con contar los años si los viviste solo según tu propia voluntad y no según lo que Dios dice.

Dios nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. No fuiste llamado a vivir en tinieblas, sino en su luz admirable: el diseño de Dios ya estaba preparado. «Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos».

La pregunta no es solo si estás en las manos de Dios, sino si tú te pones en sus manos. Puedes estar en manos de la duda, la amargura, la frustración, el dolor, la angustia o el miedo. Pero la palabra que sale de la boca de Dios no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiere y será prosperada en aquello para que la envió. Dios dijo: «Sea la luz», y fue la luz. La distracción te impide entender muchas cosas.

Dios conoce tu angustia y te llama a avanzar

Mantente en sintonía con el Espíritu Santo y presta atención cuando llega la palabra de Dios: el enemigo busca distraerte. Dios se presentó a Moisés: «Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob». Y Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Es el Dios de las generaciones: su propósito se cumplió en aquellos hombres, aunque lo que creían pareciera imposible o ridículo.

«Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias». Dios conoce tus angustias. «Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha». Dios es más grande que tu faraón, sea cual sea la dificultad que enfrentas.

«He descendido para librarlos». Cuando desciende la presencia de Dios, algo sucede; quien tiene hambre de Dios ni siquiera siente pasar el tiempo. Hay cautividades hoy: pensamientos, matrimonios y maneras de pensar que te mantienen estancado. Cuando dejas de ver lo que creías, necesitas que llegue revelación a tu vida.

Dios ha descendido para librarte: pídele cada día que te salve. «El clamor de los hijos de Israel ha venido delante de mí». Dios no olvidará tu clamor por tu vida, tu matrimonio y tu familia. No pierdas las bases de la oración que enseña la Palabra. Quizá te preguntas qué sentido tiene orar de madrugada; Dios sí escucha.

No importa a qué hora ores, pero hay una enseñanza en buscar a Dios temprano: «De madrugada te buscaré». Antes de mirar todo lo que has alcanzado, ora al Dios que te lo dio: él es el todo. Para orar no necesitas un curso de intercesión: necesitas un corazón dispuesto.

Quizá no te sabes la canción y tienes que leer la letra en la pantalla, o sientes que no cantas bien. En la oración también puedes sentirte torpe, pero Dios te ama. Acércate a él con sinceridad, aunque no tengas las palabras.

Dios envió a Moisés ante Faraón, y Moisés respondió: «¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?». El propósito era demasiado grande para él. Dios lo llamaba a un propósito distinto de la dirección que había llevado. Abraza el propósito de Dios aunque parezca ridículo o no lo entiendas. Que se levanten hombres y mujeres que abracen el propósito de Dios.

Dios le respondió: «Ve, porque yo estaré contigo». Eso era lo único que Moisés necesitaba saber. Pero Moisés insistió: «¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua». ¿Cuánto tiempo dedicas a tus inseguridades? A veces el problema no es que la lengua se trabe, sino que se suelta demasiado, como en el chisme. Por la insistencia de Moisés, Dios le dio a Aarón para que hablara por él.

«¿Quién dio la boca al hombre? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar». Toma una determinación, aunque sea paso a paso, y avanza en tu propósito. No pierdas el tiempo comparándote con la imagen de alguien que ves en las redes y que ni siquiera te conoce. Deja que Dios manifieste su propósito y la imagen que formó en ti.

¿Has fracasado? No te detengas. Si te despidieron siendo fiel, Dios puede usar lo que vives como fracaso para cumplir su propósito, aunque también puede haber cosas que arreglar en tu propia vida. «Ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar».

Bajo la presión del pueblo, Moisés golpeó la peña cuando Dios le había dicho que le hablara. Bajo presión, puedes escuchar lo que te apremia en lugar de oír a Dios, y golpear lo que no debías golpear. Vivimos una guerra diaria de palabras y pensamientos en la mente y el corazón; pero Dios te enseña a hablar con sus palabras. Moisés llegaría a estar frente al mar y a dar órdenes con autoridad: con las palabras que Dios te enseña verás milagros frente a tu propio mar.

El propósito de Dios en medio de los errores

Dios le dijo a Faraón: «Yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra». Faraón creía tener el control, pero Dios lo levantó para que su pueblo viera que no hay dios como su Dios. Lo que se levanta como oposición, en manos de Dios, sirve para cumplir su propósito. Sigue creyendo.

La vara de Moisés le recordaba su pasado: había huido de Egipto después de matar a un hombre. Pero Dios le mandó extender esa vara, y lo que recordaba sus errores se convirtió en instrumento de milagros. Pon tus errores en las manos de Dios, pide perdón y reconócelos. Tus errores no dejan de ser errores, pero Dios puede usarlos para sus propósitos.

«Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó». No importa lo que haya pasado: si hoy abres tu corazón al propósito de Dios, él puede restaurar lo que ocurrió fuera de ese propósito. Aunque hayas tenido pérdidas, impúlsate hacia el propósito, confiando en que Dios restaura.

Para Dios, un día es como mil años, y mil años como un día. Habla con Dios sobre cómo has vivido su propósito. Muchas veces te apartas porque todo parece difícil y te preguntas si tienes las aptitudes o los dones para algo tan grande. Mira a Dios, que te creó y te ama, y deja de verte solo como te ven los demás o a través de tus dificultades. Eres maravilloso, y tienes un Padre que escucha: el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Que la condición de tu corazón no detenga el propósito de Dios. Sana tu corazón y entrégale a Dios la amargura, la frustración, el enojo, la ira y el dolor: él consuela, levanta e impulsa. Ora: «Señor, no quiero vivir fuera de tu propósito; quiero vivir en tu propósito».

Jesús sabía que morir en la cruz sería doloroso, pero el propósito de salvarnos era mayor. Murió joven para salvarte, para que tu vida tuviera propósito y fuera impulsada hacia la vida eterna, algo que nadie más podía darte. Ábrele tu corazón: pide perdón por tus pecados y recíbelo en tu corazón.

Referencias bíblicas