Hay una palabra para las familias y para quienes quieran recibirla: «el impulso para recuperar todo». Y «todo es todo». La historia de David en 1 Samuel 30 tiene un final que impresiona: David recuperó todo lo que los amalecitas habían tomado. Esa esperanza se extiende a la iglesia, a la nación y a las familias: es posible levantarse y recuperar lo perdido.
1 Samuel 30:18-19 dice que David rescató a sus dos mujeres y que no faltó nada de lo que pertenecía a los suyos, ni pequeño ni grande, hijos ni hijas, botín ni cualquier otra cosa que les hubieran quitado. David tomó además las ovejas y el ganado de los amalecitas, que fueron llamados «el botín de David».
En 1 Samuel 30:26-27, David envía parte del botín a los ancianos de Judá y a distintos lugares. Quien recupere mucho podrá bendecir a muchos. Dile a quien tengas cerca: «Lo vamos a recuperar todo, en el nombre de Jesús».
Muchas personas han perdido el gozo, los sueños, familiares, empleos y matrimonios. La iglesia ha atravesado situaciones difíciles en distintas partes del mundo, con caos y división. Pero la recuperación de David comenzó después de una pérdida devastadora.
Una pérdida que dejó a David y a sus hombres sin fuerzas
Al comienzo del capítulo, David regresa con sus hombres y encuentra la ciudad quemada; sus mujeres, hijos e hijas han sido llevados cautivos. David y la gente que estaba con él alzaron la voz y lloraron hasta que ya no les quedaron fuerzas para llorar. Quizá tú también has llorado por tus propias pérdidas y sientes que ya no puedes más.
Las dos mujeres de David pueden leerse simbólicamente como «alegría y paz»: a David le quitaron ambas. Hay familias que han perdido alegría, paz, gozo y el cántico a Jehová. Los hombres estaban amargados por sus hijos e hijas y llegaron a hablar de apedrear a David, a quien culpaban por la situación.
La amargura de aquellos hombres se parece a la división y los señalamientos que se ven en las redes sociales, y a los divorcios y familias divididas; no se trata de señalar a nadie, sino de hablar de lo sucedido. Quizá aquellos hombres esperaban una bienvenida al volver; lo que encontraron fueron cenizas, destrucción y desolación.
Si te sientes perdido, esta palabra también es para ti. Ponte en pie por tu familia, tus hijos y tu país, y declara: «yo y mi casa vamos a servir al Señor». A veces hay que animar a los hijos a orar con un chocolate o un premio, y salen corriendo en cuanto termina el minuto; pero hay que perseverar en la oración familiar y no permitir que la familia sea derrotada o llevada cautiva.
Quizá dices: «Perdí esto, perdí lo otro, perdí mi familia, perdí el gozo». Hacen falta personas dispuestas a ponerse en pie por sus generaciones, sus hijos, las familias y el país, y que se mantengan en la brecha en medio de tribulaciones y dificultades. La pérdida fue real, pero David no se quedó tendido en ella.
Tres acciones de David
La primera acción de David aparece en 1 Samuel 30:6: se fortaleció en el Señor su Dios. El pueblo está amargado y habla de apedrearlo, pero, en medio del caos, David busca fortaleza en Dios. En las lágrimas, el sufrimiento y la traición, si sientes que has perdido mucho, halla en el Señor refugio y fuerza, en vez de depender únicamente de tus propias fuerzas.
Versículo clave
«Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios.»
1 Samuel 30:6
Podemos imaginar a David diciendo: «Señor, perdóname», «cometí error» y «me llené de orgullo y soberbia». Y se fortaleció en el Señor.
La fuerza está en el Señor, para las familias, las empresas y los ministerios. ¿Por qué algunos dejaron de adorar o cantar? En tiempos de enfermedad y temor, el miedo se guarda en silencio y llega el desánimo: nadie escribe y uno tampoco escribe a nadie. Uno puede pensar en tirar la toalla, hasta que alguien de su casa lo despierta con autoridad y le dice que no se rendirán, sino que recuperarán todo en el nombre de Jesús.
Ver a un hijo tomar el piano, cantar y adorar en casa puede llevarnos a decidir que no nos quedaremos atrás ni nos daremos por vencidos. Las familias empiezan a fortalecerse en casa, y quien está de pie lo está por la misericordia de Dios y gracias a quienes se dejaron usar por Dios para sostenerlo. Mujeres, hombres e hijos: peleen por sus matrimonios y familias.
La segunda acción es pedir el efod: David pide al sacerdote Abiatar que se lo traiga. El efod era una vestidura que representaba responsabilidad en la casa del Señor y servicio. Si te alejaste o dejaste de servir, vuelve a servir y vuelve a la casa del Señor: la iglesia, las familias y los jóvenes están llamados a asumir de nuevo responsabilidades.
La iglesia necesita de nuevo la fuerza de los jóvenes y las familias. ¿Dónde estás sirviendo? No dejes el servicio abandonado. Regresa con fuerzas renovadas, y que haya gritos de júbilo. Vuelve a ponerte el efod y a servir en la casa del Señor.
Versículo clave
«Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.»
1 Samuel 30:8
La tercera acción es consultar al Señor: persistir en la oración. Las madrugadas de oración traerán avivamiento a la nación. Imagina a David diciendo que no se moverá sin recibir palabra, instrucción o dirección de Dios. David pregunta si debe perseguir a la banda, y recibe respuesta: perseguirla, alcanzarla y rescatar a los cautivos.
Así también hoy hay recuperación para familias, matrimonios, visión y sueños. Persevera en la oración y en la búsqueda de Dios.
Levantarse por la familia y por las nuevas generaciones
David cometió errores, se arrepintió y recuperó todo.
David recuperó todo, desde lo pequeño hasta lo grande. Esa palabra se extiende a la nación: trabajos, visión, fuerza y dignidad. David envió parte del botín y presentes a sus amigos; quien recibe bendición puede bendecir a otros.
Lo recuperado es para compartirlo.
Hay esperanza para cada generación.
Dios es la fuerza de la vida.
Si te sientes en ruinas o crees que ya no hay esperanza, esta petición es por tu generación. Si has luchado con pensamientos de muerte o suicidio: «lo vas a recuperar todo, detente». Dios es la fuerza de tu vida. Busca a Dios, permanece en oración, vuelve a ponerte el efod y vuelve a servir. Levántate y no te rindas.


