En el camino de la prosperidad hay tres lugares básicos por los que habrá que pasar. Podemos creer que viene un año del favor y la prosperidad de Dios. Pero decir «amén», «gloria a Dios» o recibir una palabra no significa que la vida se active sin más: la fe activa, y también hay procesos por los que Dios lleva a su pueblo.
Díselo a tu vecino: «De lo que no te vas a escapar». En el camino del crecimiento y de la bendición hay tres valles que no se pueden evitar. Génesis 26 cuenta la historia de Isaac cuando Dios le habla durante una temporada de hambre.
La escasez como oportunidad para la fe
El relato bíblico habla de una nueva hambre en la tierra, distinta de la que hubo en los días de Abraham. ¿Qué significa la escasez para ti? Para algunos es un problema, pero también puede ser una oportunidad para que Dios se manifieste. La escasez puede convertirse en un problema que pasa de generación en generación, y afectar distintas áreas: amor, paciencia, recursos y otros aspectos de la vida; necesita una reconfiguración.
La fe opera en un ambiente de escasez: es estar convencido y tener certeza de algo que falta hoy, pero que se espera para mañana. Que la falta no sea motivo para quejarse o debilitarse, sino para confiar en que Dios puede proveer. Hay quien está desesperado porque le falta pareja, aunque otras personas tienen pareja y les va mal; o quien anhela un trabajo, aunque hay quienes tienen uno del que quisieran salir. La carencia puede ser ocasión para esperar de Dios lo que se necesita.
También hay que aprender a vivir entre personas que no comparten la fe. Quizá tienes una vecina filistea, pero eso no significa casarse con quien no conviene: permanece y produce donde estás. ¿Y si fuera de la iglesia hay pecado? No hay que pecar ni abandonar el lugar; la sobreabundancia de la gracia es la razón para que alguien pueda mostrarla e impartirla.
Permanecer, producir y mostrar la gracia donde Dios nos ha puesto forma parte del camino.
La promesa hecha a Isaac menciona a Abraham, quien oyó la voz de Dios y guardó su precepto, mandamientos, estatutos y leyes. Hay bendición para ti y para tu familia. Pero prosperar no depende de las emociones, de aplaudir ni de esperar que por cada aplauso caigan cien quetzales. La palabra recibida no elimina los procesos que vienen después.
Primer valle: la envidia
Génesis relata que Isaac sembró en aquella tierra, cosechó ciento por uno y fue bendecido por Jehová. Isaac se hizo poderoso y tuvo rebaños, vacas y mucha labranza. Pero los filisteos no celebraron su prosperidad: Abimelec le pidió apartarse porque se había hecho mucho más poderoso que ellos. Ese es el primer valle, «el valle de la envidia». No escojamos solo la parte favorable del pasaje: la prosperidad de Isaac y la reacción de quienes lo rodeaban forman parte de la misma historia.
Eclesiastés 4:4 dice que el trabajo y la excelencia de las obras despiertan envidia entre las personas. Una pregunta provocadora: si nadie te envidia, ¿será que no tienes una obra excelente en tus manos? Proverbios 14:30 habla del corazón apacible y de la envidia: la envidia no es algo ligero, puede dañar y atrofiar la capacidad de desenvolverse.
Versículo clave
«He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.»
Eclesiastés 4:4
En Génesis, Abimelec apartó a Isaac y este perdió las tierras en las que había trabajado. Fue una injusticia. Si has sufrido una pérdida o un trato injusto mientras prosperabas, no te quedes hundido en ese valle: Dios será tu abogado y defensor, y lo quitado por causa de la envidia Dios lo devolverá con creces.
Hay otra consecuencia posible: prosperar, pero quedar atrapado en la envidia y en el temor de que otros quiten lo conseguido. Hay personas con dinero que se presentan como si no tuvieran nada, no por falta de recursos, sino por miedo a mostrar lo que poseen. ¿Tienes cosas, pero careces de libertad para disfrutarlas? Quizá has quedado atrofiado en ese primer valle. Pueden quitar tierras, pero no deberían quitarte el don de producir: el don está dentro de ti y puede servir para volver a levantarte y formar de nuevo.
Lo mismo ocurre en el servicio en la iglesia: alguien puede quejarse de haber perdido discípulos o personas de su grupo por la acción de otros. Aun así, no se debe perder el don. En la historia bíblica, tras salir de allí, Isaac acampa en el valle de Gerar y vuelve a abrir los pozos que se habían cavado en los días de Abraham y que los filisteos habían cegado; conserva los nombres que su padre les había dado. Una cosa es sembrar y otra abrir pozos: aunque hayas perdido algo que te sostenía, Dios puede poner pozos en tus manos. Trabaja aquello que Dios ponga en ellas.
Segundo valle: la contienda
El relato continúa con los siervos de Isaac encontrando un pozo de aguas vivas. Los pastores de Gerar disputan que el agua les pertenece. Isaac llama a aquel pozo Esek, nombre que se relaciona con contienda. Ese es el segundo valle: ya no se trata solamente de desear algo que otra persona tiene, sino de reclamar como propio algo que pertenece a otro. Mientras alguien procura levantarse, otros se presentan a decir que lo conseguido o el don no le pertenece.
La envidia es tristeza o enojo por no tener, o desear tener para uno mismo, algo que otra persona posee. En la envidia se desea lo ajeno; en la contienda se afirma que lo ajeno pertenece a quien lo reclama. 1 Timoteo 2:8 habla de orar levantando manos santas, y el cierre del versículo menciona ira y contienda. Filipenses 2:3-4 exhorta a no hacer nada por contienda o vanagloria, a estimar a los demás con humildad y a no mirar únicamente por lo propio, sino también por lo de los otros.
Versículo clave
«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.»
Filipenses 2:3-4
Al final, Isaac termina compartiendo un banquete y despidiéndose en paz de quienes contendieron con él.
Imagina una familia que tiene varios vehículos, una casa en el puerto y ropa, pero pelea por quién conduce, quién presta la casa o si comparte la ropa. Las personas obtienen cosas a fuerza de conflictos y terminan con amargura, heridas y relaciones deterioradas.
Un tiempo de favor y gracia requiere levantarse del valle de la contienda. Es mejor soltar el pozo si otros lo reclaman y seguir adelante, antes que vivir hundido en peleas: mejor es un puño lleno con tranquilidad que dos con aflicción de espíritu. Piensa en el familiar próspero al que resulta difícil pedir algo. Alguien puede haber salido del valle de la envidia y, sin embargo, quedar atascado en una vida de disputas.
Tercer valle: la enemistad
La historia bíblica sigue con otro pozo, por el que vuelven a reñir. Isaac lo llama Sitna, nombre que puede entenderse como enemistad. Ese es el tercer valle: la disputa deja de centrarse en el deseo de algo o en reclamar una posesión y se dirige contra la persona misma. El tema puede resultar duro después de haber comenzado con promesas de bendición, pero estos procesos de formación son básicos para que una persona llegue a ser confiable y pueda recibir recursos que se han convertido en un dios para muchos.
Isaac se aparta, abre otro pozo y esta vez no hay contienda por él. Lo llama Rehobot, que significa lugares amplios o espaciosos. El pasaje dice que Isaac atribuye el resultado a que Jehová les ha prosperado y que fructificarán en la tierra. Después, Dios se aparece a Isaac en Beerseba y le dice: «Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo». El texto también comunica la promesa de bendecirlo y multiplicar su descendencia por amor de Abraham, su siervo.
Durante los valles de envidia, contienda y enemistad, Dios observaba a Isaac, aunque en esos momentos no le hablara; al salir de la enemistad, vuelve a dirigirle la palabra. Dios puede abrir un lugar amplio y espacioso, aun después de procesos difíciles. El recurso material no es el don: pueden quitar casas o tierras, pero no deberían robar el don que Dios puso dentro, porque donde Dios te ubique podrá haber un pozo y un espacio donde fructificar.
La reconciliación y la paz
El relato llega a Beerseba. Abimelec llega con el capitán de su ejército y otros hombres. Isaac les pregunta por qué vienen, ya que lo habían aborrecido y echado. Ellos responden que han visto que Jehová está con él y proponen un juramento y un pacto; declaran que no le han hecho mal y que lo despidieron en paz. Quienes antes lo envidiaron, contendieron con él y se enemistaron se acercan ahora reconociendo que Dios está con Isaac.
Isaac les hizo banquete, comieron y bebieron; luego se levantaron temprano, juraron el uno al otro y se despidieron. Llegado el momento, habrá que dar de comer y beber incluso a los enemigos: «prepara la olla». Eso no significa vivir como hermanos del alma con los enemigos: la paz es distinta de la cercanía. Con los amigos, vivir en amor; con los enemigos, encontrarse de vez en cuando, tratarlos en paz, ofrecerles de comer y después despedirse.
¿En cuál de esos valles te encuentras? ¿Necesitas creer por un lugar amplio y espacioso? Hace falta la ayuda de Dios, porque uno puede reconocer que solo no puede y que el proceso duele. Dios toca la puerta del corazón para ayudar y bendecir. Recibe a Jesús en tu corazón como Salvador y Señor con esta oración: «Señor Jesús, hoy te abro mi corazón y te recibo como mi salvador y mi señor; perdona mis errores, mis faltas, mis pecados; hoy me arrepiento de ellos; te necesito en mi vida. En el nombre de Jesús. Amén».
Referencias bíblicas
- Génesis 26:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 26:12-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 26:17-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 26:23-31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Eclesiastés 4:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 14:30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Timoteo 2:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 2:3-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


