Para algunos, el año que pasó pudo parecer un año sin nada bueno; sin embargo, en lo que sucede en la vida hay propósito. Dite a ti mismo: «Mi vida tiene propósito». Aunque no se pueda saber con certeza qué traerá el nuevo año y las noticias puedan ser malas, Dios tiene propósito para tu vida.
La película Safety lo ilustra. Cuenta la historia de un joven de 19 años que jugaba fútbol americano y estudiaba en la Universidad de Clemson. El joven vivió adversidades: su madre era adicta a las drogas, su padre los había abandonado y era adicto a las apuestas, y tenía un hermano menor de 11 años. Tras obtener una beca, viajó desde Carolina del Sur hasta Atlanta, su ciudad natal, para buscar a su hermano y lo metió a escondidas en la universidad. Cuando su entrenador y sus maestros conocieron la situación y su voluntad, decidieron ayudarlo. Eso le trajo problemas, pero la NCAA tomó la decisión de seguir apoyándolo. Cuando hay buena actitud y voluntad, Dios puede mover a personas alrededor para ayudar a cumplir un propósito.
Cuando una niña pequeña se tropieza y cae de la bicicleta o el monopatín, su papá puede esperar un momento antes de ayudarla a levantarse y decirle: «levántate, y vamos otra vez». A veces ella tiene temor. Así hace Dios con nosotros: ante las caídas, nos anima a levantarnos y continuar; al levantarnos, nos toma de la mano y nos lleva hacia adelante.
Detente a observar durante el año, porque en cada cosa que vivimos podemos aprender y ver que Dios quiere hablarnos. Dos pasajes de Marcos nos guían: la comparación del reino de los cielos con una semilla de mostaza y el relato de Jesús calmando la tormenta.
Una semilla pequeña que crece
Marcos 4, verso 31, compara el reino con la semilla de mostaza: aunque es pequeña cuando se siembra, crece hasta ser mayor que las plantas del huerto y echa ramas donde pueden reposar las aves. Al comenzar el año, quizá te sientas pequeño, insignificante, sin propósito, ideas o fuerzas, pero Dios quiere hacerte fuerte, darte visión y trabajar en tu carácter, tus pensamientos y tus ideas.
Versículo clave
«Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.»
Marcos 4:31-32
Lo vivido tuvo propósito y significado. No comiences el nuevo año quejándote ni viviendo con temor. Quizá todavía sientas temor, pero Dios está contigo, no te ha abandonado y quiere tomarte de la mano para continuar. Mira hacia adelante, aun después de un año difícil.
Cruzar al otro lado
Marcos 4:35-40, en la traducción NTV, narra que Jesús propone a sus discípulos cruzar al otro lado del lago; dejan a la multitud y parten con él en una barca, mientras otras barcas los siguen. Se desata una tormenta feroz, las olas entran en la barca y esta empieza a llenarse de agua. Jesús duerme en la parte posterior, con la cabeza sobre una almohada. Los discípulos lo despiertan y le preguntan si no le importa que se ahoguen. Jesús reprende el viento, ordena a las olas que se calmen, y sobreviene una gran calma. Entonces pregunta por qué tienen miedo y si todavía no tienen fe.
Versículo clave
«Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.»
Marcos 4:39
¿Dónde depositamos nuestra fe para caminar este año? La expresión «el otro lado» es como el nuevo año: otro lugar, otra vida, algo distinto. Dejar a la multitud es una invitación a dejar atrás el temor, la preocupación, las malas costumbres y los hábitos que interrumpen el trabajo de Dios en la vida. Nadie lo sabe todo ni es perfecto: todos necesitamos detenernos, examinar nuestra vida y dejar cosas malas.
Primero, hay que ir al otro lado porque allí hay propósito y se puede mirar hacia adelante: este es un año con propósito. Cruzar no elimina la incertidumbre sobre lo que ocurrirá, pero invita a confiar en Dios y a continuar.
Descansar en la fe durante la tormenta
Segundo, en medio del lago aparece la tormenta. Así puede ser un año: se escriben metas y, de pronto, los planes se descomponen; quizá no se cumplen. Aun así, Dios trabaja con nosotros para darnos el propósito que tiene.
El relato bíblico dice que Jesús se recostó en una almohada y dormía. Este año es necesario «recostarse en el propósito», como una expresión de fe y confianza, incluso si las cosas se complican. Descansa en la fe y en el propósito de Dios. Esa confianza se vive en lo cotidiano: si estás vivo, puedes ayudar a tus amigos en el colegio, a tus compañeros de universidad o, si trabajas, dar un ejemplo que los acerque a Jesús y les haga entender que hay propósito.
La frase «En paz me acostaré y así dormiré» evoca la imagen de apoyar la cabeza sobre el propósito de Dios: descansar confiando en él.
¿Por qué tenía propósito la travesía? En el capítulo siguiente, después de que Jesús calmó la tormenta y llegaron al otro lado, Jesús encontró a una persona endemoniada y la liberó. Jesús sabía que viviría esa travesía para ir a liberar a esa persona. Después de atravesar tormentas, podemos reposar en las promesas y la confianza que Dios nos ha dado para mirar hacia adelante.
Callar el temor y escuchar
Jesús dijo a las olas: «Silencio. Cálmense». Esas palabras pueden aplicarse a la mente y al alma: a veces necesitamos decirles que se callen y se queden quietas, para no seguir escuchando lo que nos atormenta. Cuando callamos la mente y el alma, podemos escuchar, en medio del silencio, el propósito que Dios tiene.
Será un buen año: Dios tiene planes grandes y, aunque se levanten tormentas o haya momentos difíciles, del otro lado hay propósito. Súbete a la barca y confía en que Dios tiene propósito para tu vida, y levántate cada vez que caigas.
Ora: «Señor Jesús, no sé qué pasará en este año, pero sé que tú tienes propósito para mi vida. En este momento quiero pedirte que entres en mi corazón. Te quiero pedir perdón por mis errores, por mis faltas, por mi mala actitud, y te quiero recibir como mi Salvador». Dios estará contigo.


