¿Por qué a veces vivimos crisis existenciales, o no encontramos respuestas a nuestras preguntas? Hay momentos en que no sabes cómo resolver lo que estás viviendo ni cómo enfrentar una situación difícil. Una de las razones puede ser esta: has cerrado tu corazón a la orientación que podría ayudarte. Has bloqueado a quienes te confrontan, aunque sus palabras buscaban guiarte.
Bloquear a quien te corrige
Quizá tuviste un maestro que parecía tenerte en la mira: «Llegaste tarde otra vez», «¿Por qué no has entregado tus tareas?». Y decidiste bloquearlo. Ignoraste todo lo que te decía, aunque también te hablaba cosas buenas y trataba de orientarte.
Lo mismo pasa en las redes: bloqueamos a alguien porque escribió algo que nos molestó, o porque opinó sin que se lo pidiéramos. Pero de la misma manera, a veces, sin darnos cuenta, bloqueamos a Dios.
¿Qué significa seguir a Jesús?
¿Por qué eres cristiano? ¿Adónde te quiere llevar el seguir a Jesús? Muchos han aprendido que ser cristiano es dejar de ir a fiestas, dejar de tomar, dejar de fumar, dejar de hacer lo que te gusta. ¿De verdad se trata solo de eso? Hay algo más profundo: tiene que ver con dejar que Dios y las personas que él pone en tu camino te enseñen.
No puedes bloquear a todo el mundo. Quizá tus padres están tratando de orientarte, y los bloqueaste. Quizá bloqueaste a un hermano. A veces un hermano menor te dice cosas que te molestan, y aun así pueden ser verdad. No toda opinión es acertada, pero una palabra incómoda puede ayudarte a reconocer algo que necesitas cambiar.
Eso mismo hace la palabra de Dios: te confronta. Confrontarte es ponerte delante de un espejo para que veas lo que de verdad necesitas cambiar. «Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era».
Versículo clave
«Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.»
Santiago 1:23
No basta con mirarte en el espejo de la palabra y seguir igual. Dios pone en tu vida mentores, maestros, familiares y padres que, a través de la palabra, te reorientan y te confrontan para ayudarte a salir de una situación difícil. No los bloquees.
Pregúntate con honestidad: ¿quiénes son las personas a las que menos quieres escuchar? A veces son justamente las que más te conocen y más te aman. El orgullo nos hace sentir atacados cuando en realidad nos están cuidando. La humildad, en cambio, abre la puerta para que Dios hable.
Jesús mismo confrontaba a sus discípulos. A Pedro le dijo palabras muy duras cuando quiso apartarlo del camino de la cruz. Pedro pudo haberse ofendido y alejarse; pero se quedó, siguió aprendiendo, y fue transformado. La confrontación de Jesús no lo destruyó: lo formó.
Una carrera de resistencia
Seguir a Jesús no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. «Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús». Necesitas aprender a ser resistente y a permitir que la corrección te alcance. No se trata de un recorrido sin tropiezos, sino de un proceso en el que la corrección llega al corazón.
Ser cristiano es parecerte cada vez más a Jesús y ser cada vez menos tú mismo. Eso cuesta, porque estamos muy aferrados a nuestra forma de ser y a nuestra personalidad. «No quiero que se metan en mi vida; no quiero consejos que no pedí». Pero eso es precisamente lo que hace la palabra de Dios: te confronta.
Hoy es un buen día para desbloquear a Dios: de tus redes, de tu mente y de tu corazón. Deja que lo que él tenga que decirte te transforme y te haga la persona que él quiere que seas.
La corrección es amor
«¿Habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo».
Versículo clave
«Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.»
Hebreos 12:6
Dios no es alguien que te manda un rayo porque te portaste mal. Te corrige porque te ama, porque eres su creación preciosa y quiere preservarte. Su corrección busca llegar a tu corazón para que cambies un estilo de vida que te está dañando.
Un padre que nunca corrige a su hijo no lo ama de verdad: lo deja expuesto a lo que lo puede destruir. La corrección de Dios no es rechazo; es la prueba de que te recibe como hijo. Por eso es tan importante desbloquearlo, para que siga trabajando en tu corazón y puedas ser un ejemplo de lo que significa seguir a Cristo.
«Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados». La corrección duele en el momento, pero produce fruto. Lo que hoy te incomoda puede ser lo que mañana te sostenga.
Cuando recibas una corrección, no respondas de inmediato a la defensiva. Escucha, ora, pregúntale a Dios qué hay de verdad en esas palabras. Si hay algo que cambiar, cámbialo. Si no, suéltalo sin amargura. Así aprendes a recibir corrección con un corazón enseñable.
Transformación sin pretender perfección
Esto no es un llamado a la perfección. Todos somos imperfectos: cometemos errores, tropezamos, tomamos malas decisiones, pecamos. No tienes que fingir que ya llegaste. Lo que sí puedes hacer es desbloquear a Dios, para que toda la palabra que tiene para ti pueda transformarte.
Piensa en las personas que has bloqueado: un padre, una madre, un líder, un amigo que te dijo una verdad difícil. Quizá sea tiempo de escucharlos de nuevo, de pedir perdón, de reconocer que tenían razón en algo. No se trata de aceptar todo lo que cualquiera dice, sino de no cerrarte a lo que Dios quiere decirte a través de ellos.
Y piensa en las áreas de tu vida donde no le has dado entrada a Dios: tus relaciones, tus hábitos, tus pensamientos, tu tiempo. Ábrelas. Lee su palabra sin buscar solo lo que te agrada. Ora pidiéndole que te muestre lo que necesitas cambiar. Él lo hará con amor.
Desbloquea a Dios de tu vida, para que te haga resistente, para que corrija tu vida y, sobre todo, para que te sientas amado como él te ama. Su corrección es la voz de un Padre que no quiere perderte.


