Dios quiere establecer en tu vida una fortaleza como nunca antes la has experimentado. Muchas veces crees estar en un escenario donde es imposible ser fuerte. Pero cuando entregas tu vida a Dios, no importa en qué plataforma estés parado: él puede impulsarte más allá de lo que imaginabas.
Ser fuerte, no actuar fuerte
«Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza». Dios no te manda a actuar fuerte, sino a ser fuerte. Actuar es fácil; ser, y mantenerse siendo, es difícil. A veces publicas un versículo de valentía mientras por dentro apenas te arrastras. Quien es lo que es no necesita aparentarlo: tu verdadera fortaleza no viene de lo que actúas, sino de lo que eres en Dios.
Versículo clave
«Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.»
Efesios 6:10
Esa fortaleza no descansa en tus habilidades, tus talentos o tu conocimiento, sino en el Señor y su gran poder. Y la única manera de ser realmente fuerte es reconocer que tienes áreas débiles. «Diga el débil: Fuerte soy». Muchas veces, por orgullo, por dejadez o por miedo, cuando alguien se acerca a tu debilidad, levantas una barrera, te aíslas o huyes. Pero Dios dice: «Deja que me siente sobre tus debilidades y reine sobre ellas».
La armadura cubre lo que es débil
«Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo». ¿Por qué necesitas armadura si ya eres fuerte? Piensa en alguien de enorme fuerza física que levanta cientos de libras en el gimnasio: aun así usa un cinturón para proteger su espalda y vendas en las rodillas. Los guerreros más preparados también se cubrían el torso, porque la punta de una flecha podía terminar con su vida. Por más fuerte que te sientas, siempre tendrás debilidades, y la armadura existe para cubrirlas.
Nadie se pone una armadura de adorno: se la pone porque va a luchar. Dios te envía a la batalla aun con tus debilidades: esa situación difícil que has evitado por años, un matrimonio que tambalea, un sueño frustrado que necesita revivir. No te quita la batalla, pero te da una seguridad: el Padre irá contigo, y eso es suficiente.
Gedeón: llamado por quien será
Los madianitas acosaban a Israel, robaban su ganado y sus cosechas. Gedeón estaba escondido, sacudiendo el trigo en un lagar, y aun así el ángel le dijo: «Jehová está contigo, varón esforzado y valiente». ¿Cómo podía llamar valiente a alguien escondido? Porque Dios no te llama por quien eres hoy, con tus miedos y debilidades, sino por quien serás con su fuerza.
Versículo clave
«Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.»
Jueces 6:12
Gedeón se quejó: «Si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?». Y Dios le respondió: «Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel… ¿No te envío yo?». Gedeón insistió: «Mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre». Esa pequeña fuerza que tienes es la plataforma desde la cual Dios te impulsa. El peligro está en acomodarte en la debilidad y dejar que te gobierne, porque así boicoteas los planes que Dios preparó para ti. Con trescientos hombres, Gedeón derrotó a un ejército inmenso.
Dios conoce tu debilidad: tu adicción, tu falta de identidad, tus inseguridades, los rechazos que has vivido. Y aun así quiere que vayas a la batalla, para sacarte del lugar donde el enemigo te ha hecho creer que no puedes salir. La debilidad no es la razón por la que no puedes; puede ser el punto desde el cual Dios te levanta.
Quizá no te toca enfrentar a un ejército, pero sí una conversación que has evitado, una decisión que llevas años aplazando, un hábito que te domina o una relación que necesita restauración. No te quedes parado esperando sentirte fuerte: ve con la fuerza que tienes, y Dios pondrá el resto.
Debilidades que nunca pediste
Mefiboset, nieto de Saúl e hijo de Jonatán, tenía cinco años cuando llegó la noticia de que su padre y su abuelo habían muerto en batalla. «Y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo». Era un pequeño príncipe, y quien debía cuidarlo se descuidó. Nunca pidió esa debilidad, pero era real. Muchos cargan heridas que no eligieron: el descuido de otros, el abandono, el rechazo.
Para ser fuerte tienes que aceptar que tu debilidad es real. Si sigues actuando fuerte, el ciclo se repite, porque lo que se mantiene oculto es una oportunidad para el enemigo. Mefiboset terminó en Lodebar, un lugar asociado con «sin palabra», donde no salía nada bueno. La debilidad que se esconde termina aislándote.
Tu debilidad es bienvenida
David preguntó: «¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?». No preguntó si había alguien sin debilidades, sino si había alguien con vida. Siba respondió: «Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies». Y el rey no puso condiciones: «¿Dónde está?». Dios no espera perfección de ti; tus debilidades son bienvenidas en su presencia.
Los grandes hombres y mujeres de la Biblia tuvieron debilidades: Moisés era tardo para hablar, Gedeón tenía miedo, Pedro negó a Jesús. Si fueras fuerte por ti mismo, no necesitarías a Dios. A él no le importa tanto tu debilidad como en qué manos la pones. «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad».
Sentado a la mesa del Rey
Mefiboset fue llamado por el rey después de años de aislamiento. Se postró con temor y vergüenza, y David le dijo: «No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa». Mefiboset respondió: «¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?». Así habla la debilidad. Quedarte en lo conocido por miedo a lo desconocido apaga tu esperanza.
David actuó por el pacto con Jonatán, no por los méritos de Mefiboset. Del mismo modo, hay un pacto hecho en la cruz que te garantiza un lugar en la mesa del Rey. Dios no ve tu debilidad: ve la sangre de Jesús sobre ti. Y en la mesa, los pies lisiados de Mefiboset quedaban cubiertos por el mantel. Entrega tu debilidad, ponte la armadura, y siéntate a la mesa: desde ahí, Dios te hace fuerte.
Referencias bíblicas
- Efesios 6:10-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 6:12-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 4:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 9:1-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 6:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 6:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


