EN Oración
Serie En peligro de extinción

Determinados: una decisión constante

La determinación es una decisión constante, todos los días, de creer lo que Dios dijo aunque todavía no lo veas. La mujer del flujo de sangre se abrió paso entre la multitud; la langosta, pequeña y sin rey, avanza unida; Elías oyó la lluvia antes de verla y subió siete veces; Jesús alimentó a miles con cinco panes; José fue sacado de la cárcel apresuradamente. Dios sorprende a los determinados.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Ser determinado parece estar en peligro de extinción. La determinación es una decisión constante: el lunes, el martes, el miércoles y todos los días, de creer lo que Dios ha dicho aunque hoy no lo veas cumplido. No es un impulso de un día; es una convicción que se renueva cada mañana.

Determinados, no acomodados

Una mujer llevaba doce años enferma de un flujo de sangre. Cuando oyó que Jesús pasaría por allí, dijo: «Si tocare tan solamente su manto, seré salva». Había una multitud alrededor de Jesús, pero ella insistió y se abrió paso. No se puso excusas. Las peores excusas son las que nos damos a nosotros mismos: «Hay mucha gente; hoy no se va a poder». Ella se repetía: «Voy a llegar; voy a tocar su manto; no me doy por vencida».

No confundas estar determinado con estar acomodado. Muchos estaban alrededor de Jesús, apretándolo, pero una mujer lo tocó con determinación. Jesús preguntó: «¿Quién es el que me ha tocado?». Los discípulos respondieron: «Maestro, la multitud te aprieta y oprime». Pero Jesús insistió: «Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí». Cuando decides seguir adelante en cada adversidad, tocarás el borde de su manto y verás tu milagro.

Versículo clave

«Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.»

Lucas 8:46

En el libro de Job se lee: «Determinarás asimismo una cosa, y te será firme, y sobre tus caminos resplandecerá luz». Quien es determinado permanece firme en lo que cree, sin importar lo que vive. Job atravesó capítulo tras capítulo de dolor sin ver la salida, pero llegó el día en que Dios lo restauró. Sé determinado: la luz resplandecerá sobre tus caminos.

La determinación también se ve en con quién caminas. Si quienes te rodean te empujan a rendirte, a dudar o a acomodarte, tu determinación se debilita. «El que anda con sabios, sabio será». Busca personas que te animen a seguir creyendo lo que Dios dijo, y sé tú también alguien que anima a otros a no soltar su fe.

Lecciones de lo pequeño

Job dijo: «Pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán». Proverbios dice: «Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios»: las hormigas, los conejos, las langostas y la araña. «Las langostas, que no tienen rey, y salen todas por cuadrillas». ¿Por qué no usó Dios como ejemplo un animal majestuoso? Porque en lo insignificante Dios hace cosas extraordinarias. Lo que hace sabia a la langosta no es su apariencia, sino lo que lleva dentro.

Un insecto pequeño, con alas que parecen poca cosa para su cuerpo, puede llegar muy lejos cuando se deja llevar por la corriente de viento adecuada. No llega por su capacidad, sino por algo que lo impulsa. Lo mismo pasa contigo cuando dices: «Con esta economía, con estos talentos, con esta escasez, no puedo llegar lejos». Si te mantienes firme y esperas la corriente del Espíritu de Dios, llegarás a lugares que jamás imaginaste. Grandes cosas ocurren con pequeñas oportunidades.

Oír antes de ver

Elías le dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye». Se oía, pero no se veía. Los determinados no se guían por lo que ven, sino por lo que oyen de Dios. La determinación de algunos llega solo hasta donde ven. Elías subió a la cumbre del Carmelo, se postró en tierra y puso el rostro entre las rodillas, y dijo a su criado: «Sube ahora, y mira hacia el mar». El criado volvió: «No hay nada». Y Elías le dijo: «Vuelve siete veces».

Quizá llevas semanas o meses diciendo: «No hay nada». Dios ya estuvo en la nada, y de la nada lo hizo todo. Elías no necesitaba ver para seguir determinado; le bastaba haber oído a Dios. «A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar». Has oído una promesa grande y ves algo pequeño. No lo desprecies: es la señal de lo que viene.

Versículo clave

«A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje.»

1 Reyes 18:44

A Jesús le pasó algo similar con sus discípulos. Al caer la tarde, le dijeron: «Despide a la multitud». Jesús respondió: «Dadles vosotros de comer». Eran cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Ellos pensaron en dinero: «Doscientos denarios de pan no bastarían». Pero no se trataba de dinero, sino de fe. Solo tenían cinco panes y dos peces. Para algunos, lo poco es sinónimo de nada; para Dios, lo poco es la oportunidad de mostrar su gloria. Jesús estaba determinado a que nadie se fuera sin comer, porque los determinados no retroceden.

Los discípulos repartieron lo poco que había, y comieron todos y se saciaron, y recogieron doce cestas llenas de lo que sobró. Él es especialista en convertir lo pequeño en grande. Lo que hoy tienes en tus manos, por insignificante que parezca, puede ser el inicio del milagro si lo pones en las manos de Jesús.

Dios hace por ti lo que los caballos no pueden

«Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia». Llega un día en que algo acontece para quien es determinado. «Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel». Acab iba en carro con caballos, pero Elías llegó primero. Dios hizo por Elías lo que los caballos no pudieron hacer por Acab. Quizá ves a otros avanzar con recursos que tú no tienes, pero tienes al Dios todopoderoso, que te da nuevas fuerzas para rebasar la adversidad. El Dios de Elías es el mismo hoy; la pregunta es si hay quien tenga su determinación.

José tuvo una determinación enorme: sus hermanos lo echaron en una cisterna y lo vendieron; fue esclavo en casa de Potifar y estuvo preso injustamente. Pasaron unos trece años desde su sueño. «Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel». Para los determinados llega el día en que todo se apresura y las puertas se abren.

¿Hasta dónde ha llegado tu determinación para acercarte a Dios y creer que él puede restaurar tu vida? Quizá llegó solo hasta que viste algo contrario a lo que creías. Es tiempo de escuchar a Dios y seguir adelante. El más determinado de todos fue Jesús, que fue a la cruz sin dudar para darte salvación. Determínate a abrirle tu corazón: «Señor Jesús, perdona mis pecados; te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas