Los protagonistas son los personajes principales de una historia. Dios no necesitaba a Moisés para abrir el mar, pero quiso enseñar a sus hijos que podía usarlos. Ser protagonista en el reino es aceptar el honor de participar en lo que Dios hace, y vivir de modo que otros vean su poder. No es atribuirte la gloria: es poner en alto el nombre de Cristo y reconocer que Dios es quien actúa.
«Alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo». La orden podía parecer ridícula. Obedecer algo que parece sencillo o extraño requiere fe. Obedece a Dios aunque no entiendas cómo esa acción te llevará a ver su mano. Por tu fe, otros pueden ser bendecidos. Dios puede hacer posible lo que parece imposible: no te quedes como espectador de la historia.
«El justo por la fe vivirá». La Biblia está llena de personas que fueron protagonistas porque le creyeron a Dios. Dios podría actuar sin nosotros, pero nos llama para que nuestra vida sea formada y otros puedan dar testimonio de lo que él hace. Responde con fe, sin adjudicarte el mérito.
Un guion que no conoces completo
A un actor le entregan el guion completo para que decida si acepta el papel. Dios no te entrega el guion entero. Él es el director, y tú conoces solo algunas promesas e indicaciones de lo que viene. No saber todos los detalles convierte el recorrido en una aventura, y le permite a Dios formarte en el proceso. Confía en él, sin exigir tener todas las respuestas por adelantado.
«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis». Es Dios quien lo afirma. Sus planes son perfectos, aunque no sepas de antemano todo lo que sucederá. Confía en él mientras avanzas por el camino.
Versículo clave
«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»
Jeremías 29:11
A Israel se le prometió una tierra que fluía leche y miel, y el desierto también fue parte del trayecto. El tiempo difícil es un lugar de formación para quienes serán protagonistas. El llamado de Dios no implica conocer cada etapa antes de vivirla, sino confiar en quien dirige.
Fe en circunstancias difíciles
El pecado te había descalificado, pero la sangre de Cristo en la cruz te calificó por gracia y favor. Ser protagonista en el reino no es motivo de orgullo, sino una oportunidad recibida. Dios escribió a los cautivos llevados de Jerusalén a Babilonia: «Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas… y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis».
Estaban cautivos, y aun así recibían instrucciones para construir y multiplicarse. Podían tener libertad interior en medio de una esclavitud exterior. Quizá pensaban que atravesaban el peor tiempo de su vida, y Dios les decía: «Edificad». No siempre tiene que cambiar primero todo lo de afuera para que veas a Dios obrar: también importa lo que ocurre en tu interior.
En medio de la escasez, la angustia o la enfermedad, puedes ser protagonista. La fe te sostiene aunque tu entorno no haya cambiado, y tu vida puede mostrar confianza en Dios allí mismo.
¿Quiénes son los nuevos protagonistas de esta generación? Eres tú. Las historias de la Biblia no se cuentan solo para admirar a otros, sino para desafiarte a creer. Dios no te obliga a asumir ese papel. Muchos preguntan: «¿Dónde está el Dios de Elías?». La pregunta es: ¿dónde están los Elías de Dios? Dios sigue siendo el mismo. Elías anunció que llovería, y la lluvia llegó.
Genuino en el desierto
Los actores usan dobles para las escenas difíciles, para no lastimarse. Pero los hijos de Dios no nacieron para actuar ni para fingir. Los desiertos son lugares de formación, y Jesucristo, la estrella más grande, te acompaña en el proceso. El protagonista cristiano no busca fama para sí: busca que Cristo sea honrado, y que se diga que Dios obró en su vida.
Imagina que cada vez que escuchas la palabra, desde el cielo se oye: «¡Acción!». Que tu fe no se quede en palabras. Ten un papel activo en tu vecindario, en tu trabajo, en tu familia, y vive de tal manera que haya acciones que muestren el respaldo de Dios.
Tienes un papel único, y eres importante en la historia. Algunos son recordados por lo que creyeron e hicieron; otros dejaron de hacer aquello para lo que Dios los llamó. Había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, pero Elías fue enviado a la viuda de Sarepta. Había muchos leprosos, pero solo Naamán fue limpiado. La diferencia estuvo en la fe.
Tu generación puede protagonizar algo poderoso en tu nación, y la iglesia está llamada a tener influencia. Cree, y vive de manera que marques la diferencia donde estás.
Comienzos difíciles y promesas
Los protagonistas de la Biblia tuvieron comienzos difíciles. Dios le prometió a Abraham que su descendencia sería como las estrellas, incontable. «Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia». Tú también perteneces a Dios porque confías en él.
Abraham recibió la promesa ya anciano, y fue padre a los cien años. No conviertas tus años ni tus circunstancias en excusas para no participar en el reino: el poder de Dios sigue vigente. Sara era estéril: sembrar una y otra vez sin cosechar. El proceso no fue fácil, pero el final fue glorioso para quienes perseveraron creyendo.
Noé recibió la orden de construir un arca sin saber lo que era un diluvio. Y pasó muchos años martillando, mientras la gente se burlaba. Para ser protagonista necesitas obediencia, no entenderlo todo antes de obedecer. Da el paso, confiando en Dios, aunque no conozcas el desenlace.
Entra en la historia por fe
Jesús iba camino a la casa de Jairo, cuya hija estaba muriendo. Y una mujer que padecía flujo de sangre se abrió paso entre la multitud y tocó el borde de su manto. No se fue sin su milagro: se metió en la historia. Que tú también te involucres por fe en lo que Dios quiere hacer, y aparezcas en la historia de otros.
Jesús preguntó: «¿Quién es el que me ha tocado?». Los discípulos le dijeron: «La multitud te aprieta». Pero ella tocó con fe. Había oído hablar de Jesús, aunque no caminaba con él. Si llegas por primera vez a la iglesia, cree. Ella tuvo una oportunidad y la aprovechó con fe.
La mujer sirofenicia rogaba por su hija endemoniada. Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos». Y ella respondió: «Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Y Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres». Persistió por su hija, y marcó la historia.
Un corazón sano para ser protagonista
Para ser protagonista necesitas un corazón sano. Jacob amaba a Raquel, que era de lindo semblante, y menospreciaba a Lea. «Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril». Lea pudo vivir amargada por el desprecio, pero conocía a su Dios. Y cuando nació su cuarto hijo dijo: «Esta vez alabaré a Jehová», y lo llamó Judá.
Si te han menospreciado, no importa quién lo haya hecho: Dios puede meterte en la historia. Tu identidad no depende del trato que recibes. De Lea, la menospreciada, vino la tribu de Judá, y de ella el linaje de Jesucristo. Dios la hizo protagonista.
Si te han menospreciado, puedes empezar a dar fruto y a ver nacer sueños que parecían imposibles. Tu promoción no vendrá de quien te menospreció, sino de Dios. Quien se mete con un hijo de Dios, se mete con Dios. Recibe esta palabra con fe, y no respondas desde el orgullo.
Esfuerzo, valentía y testimonio
Una cosa es ser protagonista en el mundo, y otra serlo en el reino. En el mundo es fácil llamar la atención con canciones vulgares o imágenes provocativas. No busques ese protagonismo. Marca la diferencia en el reino de los cielos y en el mundo. En un tiempo de enfermedad moral, no te conformes con lo fácil: muestra una vida distinta.
Esfuérzate y sé valiente. Que haya una iglesia de discípulos. «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Habla de la palabra de Dios y vive sin avergonzarte de Cristo. Muchos protagonistas del reino pagaron con su propia vida, y hoy celebran en la presencia de Dios.
«Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá». Que tu influencia altere lo que te rodea para bendición, y transforme tu entorno.
Versículo clave
«Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá»
Hechos 17:6
Mira a Jesús
Ser protagonista no es buscar orgullo ni que los demás te miren a ti, sino que vean a Dios. A través de Moisés, de Abraham y de David, otros pudieron ver a Dios. No te avergüences de Cristo: habla de su palabra, y declara victoria donde había derrota.
El protagonista más grande es Jesús: partió la historia en dos y dio su vida por ti. Ábrele tu corazón y recíbelo. Pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Por Jesús comienza una nueva historia en tu vida, una historia en la que Cristo es conocido y honrado.
Referencias bíblicas
- Jeremías 29:4-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 15:5-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 29:31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 9:20-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 15:22-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Timoteo 1:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 17:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jeremías 29:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


