Puedes desarrollar dones, talentos y logros por fuera, sin permitir que Dios forme tu interior. Pero lo que edificas por fuera puede derrumbarse si te faltan principios sólidos. Dos casas pueden verse iguales: una sobre la roca y otra sobre la arena. La diferencia está en el fundamento. Deja que Dios siga construyendo tu vida interior.
Uno de esos principios en peligro de extinción es el honor: honrar a Dios, a los demás y a quienes te rodean. Honrar es respetar y valorar algo como precioso; deshonrar es tratarlo como algo común y sin valor. El honor es una semilla que trae cosecha. Y no es una emoción pasajera, sino un principio que te sostiene cuando las circunstancias no te entusiasman.
Jesús le dijo al Padre: «Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese». Honrar a Dios es terminar lo que comenzaste y cumplir lo que dijiste. Las personas de honor tienen palabra y hacen lo que prometieron. Que tu vida no la dirija una emoción que cambia, sino los principios de Dios.
Honra la palabra que recibes
«Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía». Escucha la palabra con atención y recíbela como algo precioso. Distraerte mientras recibes la enseñanza es deshonrarla. Valora el mensaje, para que dé fruto en tu vida. Si tú no la aprecias, otro sí lo hará.
La mujer que honró a Jesús
Un fariseo invitó a Jesús a comer. Y una mujer pecadora de la ciudad llegó con un frasco de alabastro con perfume, se puso detrás de él a sus pies, llorando, y comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. El fariseo pensó: «Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca». Y Jesús le dijo: «Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas esta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies… Sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho».
El fariseo se creía bueno; para la mujer, Jesús era valioso. La honra no se fuerza ni se exige: nace de un corazón agradecido. Jesús no le pidió al fariseo esos gestos, pero los esperaba como expresión de honra. Da lo mejor de ti, como quien abre un perfume y lo derrama: no por obligación, sino desde la gratitud.
Todos necesitamos la misericordia de Dios. No te compares con quienes parecen haber pecado más. Quien ha recibido mucho perdón y mucho favor puede responder valorando a Dios y a quienes lo rodean. La gratitud facilita la honra.
Honra a tus padres
«Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra». El mandato no depende de que tus padres hayan actuado perfectamente. Quizá tuviste un padre terrible o fuiste herido. No niegues el daño, pero no te pongas en el lugar de juez: tus padres, como autoridades, darán cuentas a Dios. A ti te corresponde honrarlos.
Versículo clave
«Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.»
Efesios 6:2-3
¿Hay honra en tu mesa? En muchos hogares, la familia se sienta a comer y cada uno mira su celular, sin prestar atención a quien tiene enfrente. La mesa es una oportunidad para honrar: guarda los celulares, conversa, y no te levantes antes que tus mayores. Jesús instituyó la Santa Cena en una mesa, para que recordáramos su entrega.
El día de reposo es un día para honrar a Dios y a tu familia. Reposar y confiar en los principios de Dios no te impide prosperar. En la mesa puedes bendecir a los tuyos y recordarles a tus hijos, a tu esposa, a tu madre, cuánto valen.
Honra también a quienes están bajo tu cuidado y a quienes te sirven. Valora a tu familia, a tu cónyuge, a las personas que trabajan contigo, sin hacer depender tu respeto de si lo merecen o no. Dedícales tiempo y lo mejor de ti, en lugar de dejar el reconocimiento para cuando sea tarde. Jesús dijo de la mujer que derramó el perfume: «Dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella». Dios honra a quien honra.
Recuerda a quien te habló de Jesús por primera vez, a tus mentores, a quien te dio tu primera oportunidad de trabajo. Llámalos, visítalos, llévales un detalle, bendícelos públicamente. Esta semana, comunícate con alguien que te apoyó y exprésale tu gratitud.
Lo valioso, por encima de lo caro
«Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume». Ese perfume podía costar el salario de un año. Y Judas Iscariote, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?».
Para María, Jesús era más valioso que el perfume caro; para Judas, lo central era el dinero. ¿Qué es valioso en tu vida? Alguien puede ver como un desperdicio dar algo costoso a Dios, en su ofrenda o en su diezmo; pero para quien ha entendido lo que es honrar a Dios, hacerlo es un honor.
La viuda echó en el arca dos blancas, todo su sustento, mientras los ricos daban de lo que les sobraba. Lo de ella era valioso, porque era todo lo que tenía. El honor tiene que ver con lo que valoras: que el dinero no ocupe el lugar más alto, y que las personas sean tratadas como valiosas.
Honra a tus padres mientras viven. No depende de cuánto dinero tengas: si no puedes llevarlos a un viaje lujoso, invítalos a comer a otro lugar y bendícelos de alguna manera. Lo esencial es honrarlos en vida, no llevarles flores cuando ya no estén.
Hay una bendición que solo los padres pueden dar. Aunque tus padres tengan defectos, se hayan equivocado o te hayan herido, sana tu corazón y procura honrarlos.
Quien pudo honrar a su padre en vida, cuando lo despide, llora por no verlo más, pero no llora con remordimiento. Recuerda las cosas buenas que hicieron tus padres. Aunque fallaron, elige traer a tu memoria lo bueno, y habla bien de ellos, aunque tu historia familiar no haya sido perfecta.
Una casa de honor
La iglesia es una casa de honor. Cuando ofreces algo a Dios con un corazón que honra, él lo recibe como olor fragante. Prepárate para llegar a la casa de Dios con fuerzas, a ofrecer lo mejor de ti. Que quienes lleguen se sientan cómodos, reciban la palabra y sean honrados. «Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano». La modernidad no debe hacer pasar de moda los principios de Dios.
Jesús volvió a su tierra y enseñaba en la sinagoga, y muchos se admiraban: «¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta?… ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?». Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa». «Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos».
Versículo clave
«Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.»
Marcos 6:4
La familiaridad los llevó a ver a Jesús como alguien común, y perdieron de vista lo que Dios había depositado en él. La deshonra y la incredulidad cerraron la puerta a los milagros. Cuidado con tratar como común lo que Dios ha hecho precioso.
Reconoce públicamente a quienes te sirven: al que te acompaña en las madrugadas aunque esté cansado, al que recibe y atiende a las personas, a quienes sirven en tu iglesia. Todos tenemos defectos, pero valora lo que Dios ha depositado en cada uno. Que el orgullo no te impida reconocer sus aportes.
Honra sin tomar venganza
Sal de aquí dispuesto a honrar de manera concreta: haz una llamada, invita a tu madre a almorzar, pide perdón a tus padres por haberlos juzgado. No te toca ocupar el lugar de Dios ni decidir qué rendición de cuentas dará una autoridad ante él. Medita en cómo honras en tu mesa, en tu oficina, en tu casa, en tus finanzas, en tu matrimonio y en tu familia.
David tocaba el arpa para Saúl, y Saúl lo perseguía para matarlo. Cuando David lo tuvo a su merced en una cueva, sus hombres le dijeron que lo matara. Pero David respondió: «Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová». Dejó en manos de Dios lo que Saúl había hecho, y no tomó la justicia por su mano.
Sé una persona de honor dondequiera que vayas. Tu promoción viene de Dios, no de la venganza contra quienes te hicieron mal. Examina si hay honor en tus relaciones, y si has honrado a Dios y a las personas. No es para acusarte, sino para meditar, pedir perdón y comenzar a bendecir. Que, así como la casa se llenó del olor del perfume, tú lleves un olor agradable adondequiera que llegues.
Para María, el perfume tenía un precio alto, pero Jesús era lo valioso. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Busca lo valioso, y lo caro te será añadido. Abre tu perfume y derrama honra.
Referencias bíblicas
- 1 Samuel 2:30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 17:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 7:44-47 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 6:2-3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 26:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 12:3-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 6:1-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 24:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 6:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


