EN Oración
Serie En peligro de extinción

Guarda el buen ánimo que Dios ha depositado en ti

No dejes que se extinga el buen ánimo que Dios depositó en ti. Cuídalo: descansa, no se lo entregues a la angustia, sé perseverante, y sigue tres consejos: saber que Dios está contigo, leer su palabra y confiar en él.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
28 min

El buen ánimo no debe extinguirse. Muchas personas parecen haber perdido la alegría. Las horas que deberían ser para descansar y recrearse se te van en el tráfico, en otro trabajo o en horas extras. Reconoce que tu ánimo es algo que debes cuidar y mantener.

«Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará». Si Dios dice «cobrad ánimo», es porque el ánimo puede perderse. Y nadie puede esforzarse por ti: ni tu pareja, ni tus padres, ni tus amigos. Mantener el buen ánimo es tu responsabilidad.

Versículo clave

«Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.»

Deuteronomio 31:6

«Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente». El ánimo es aliento, soplo, fuerza. El aliento de vida que Dios te dio es también el ánimo que él te da.

El ánimo angustiado y el de poco ánimo

«El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?». Puedes soportar una enfermedad si conservas el ánimo, pero un ánimo quebrantado es difícil de levantar. La angustia es tristeza y congoja. No significa que nunca vayas a estar triste: todos pasamos momentos tristes, y Jesús mismo dijo: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte». Una cosa es sentir tristeza en ciertos momentos, y otra vivir permanentemente en ella.

No esperes que los demás cambien para cambiar tú, ni dejes que las emociones del momento determinen cómo enfrentas el día. Asume la responsabilidad de tu estado de ánimo. No niegues la tristeza, pero no la conviertas en tu estilo de vida.

«También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos». El desánimo afecta la convivencia en la iglesia. El desaliento se contagia, y las personas se acercan a quien conserva la esperanza aun en circunstancias adversas.

Los débiles tienen dificultad para confiar en Dios, y necesitan crecer en madurez y descubrir que no están solos. Los de poco ánimo tienen ánimo, pero en poca medida: renuncian con facilidad ante la primera dificultad o el primer viento contrario. ¿Te das por vencido con facilidad?

Ten una santa terquedad: persevera hasta alcanzar lo que Dios te ha prometido. «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Confía en Dios, y no abandones con facilidad tus proyectos y tus desafíos.

Cuida y administra tu ánimo

Un buzo lleva un tanque de oxígeno. Dios te da un tanque de buen ánimo, pero tú decides cómo lo administras. Hay quienes entregan su aliento y su fuerza a los problemas, a la angustia, a la amargura y a la tristeza. Guarda tu ánimo: Dios te lo dio. Descansa, para que Dios renueve tu tanque y lo vuelva a llenar.

Hasta los más valientes se cansan. David, ya mayor, se cansó en la batalla contra los filisteos, y sus hombres le dijeron que no saliera más a pelear. Reposa, y cuida tus fuerzas.

La pitón mata a su presa apretándola hasta que no puede respirar. Así actúa el desánimo: cuando llegan las dificultades y las adversidades, aprieta hasta asfixiar tu ánimo. Protege tu esperanza.

Dios le dijo a la serpiente: «Sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida». Tú fuiste formado del polvo, pero ya no eres polvo para la serpiente: eres hijo de Dios, conectado con el reino y con el Rey.

No dejes que el desánimo te robe las promesas, los sueños y las fuerzas. «Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor». Cuando mantienes el ánimo, te atreves a hacer cosas nuevas y a enfrentar desafíos que de otro modo te darían miedo.

«Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar». El ánimo te permite seguir edificando y avanzar hacia el destino que Dios tiene para ti.

Ánimo para reconocer a Jesús y atreverte

Los discípulos remaban en medio de la tormenta, y Jesús se les acercó caminando sobre el agua. Al verlo, gritaron: «¡Un fantasma!». El desánimo te hace ver cosas que no son, y te impide reconocer que Jesús está delante de ti.

Pedro le dijo: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas». Y Jesús dijo: «Ven». Pedro se lanzó al agua porque tenía ánimo. Hay quienes no se atreven a caminar sobre las aguas porque han perdido el ánimo. Las buenas nuevas de Dios traen solución.

Tres consejos para conservar el buen ánimo

Primero: saber que Dios está contigo. «Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación… Así fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial». Cuando llegan tormentas o problemas, no concluyas que Dios dejó de estar contigo. Recordar que él te acompaña levanta tu ánimo.

Pablo conoció la escasez y la abundancia: «En todo y por todo estoy enseñado… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Cualquiera que sea tu proceso, Dios no te deja ni un segundo, y es fiel a su promesa.

Segundo: leer la palabra y meditar en ella. «Esfuérzate y sé valiente… Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito». No salgas de casa sin leer al menos un versículo; llévalo en tu mente y en tu corazón, y ponlo en práctica. Así mantendrás firme tu ánimo frente a tantos mensajes que te llegan de todas partes.

Tercero: confiar. «Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán». Confía en lo que Dios ha dicho, con la certeza de que cumplirá lo que prometió. Sabe que Dios está contigo, lee su palabra y confía en él.

Versículo clave

«pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»

Isaías 40:31

El gozo de la presencia de Dios

«En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia». Cuando estás cerca de alguien que se ríe, terminas riéndote también. Cuando entras en la presencia de Dios, un gozo sobrenatural puede inundarte, aunque hayas llegado triste.

Muchos se desaniman porque se desconectan de la fuente. Cuando te apartas de Dios, terminas oyendo solo tus lágrimas y tu tristeza. El buen ánimo no puede extinguirse mientras los hijos de Dios estén en la tierra. Dios cuenta contigo para compartir con otros el ánimo que has recibido.

«El gozo de Jehová es vuestra fuerza». ¿Por qué llorar si tu Dios se goza sobre ti? Jesucristo venció hace más de dos mil años, y su victoria es tuya. Que tu ánimo no mengüe.

Guarda el buen ánimo que Dios depositó en ti. Conserva ese aliento de vida y cuida esa fuerza, porque Dios está contigo. No le entregues tu ánimo a la angustia: descansa, aliméntate de la palabra y confía en la presencia de Dios.

Referencias bíblicas