Viene un tiempo de restitución doble, una temporada de bendiciones no programadas. Créelo. Comienza una nueva temporada, y al llevarte a nuevas alturas, Dios no solo te dará algo: hará una obra en ti, y no serás el mismo.
«Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar». Dios afirma tus pies: hay formación, hay procesos que te preparan para nuevas alturas. Esas alturas son lugares diseñados por Dios, lugares de autoridad, donde vives creyendo que eres hijo de Dios. Estás sentado en lugares celestiales con Cristo; ¿qué haces sentado en lugares bajos y sin propósito?
Versículo clave
«Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar.»
Habacuc 3:19
«Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos». No te distraigas. Muchas cosas que has vivido no estaban en tus planes; así también pueden llegar bendiciones que no esperabas. Los tiempos difíciles sorprenden, pero las bendiciones de Dios también.
Una mujer que abre espacio para la palabra de Dios
«Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese». Un día. Cualquier día puede comenzar una nueva temporada: escucha con expectativa.
Era una mujer importante, no simplemente por ser rica, sino por su postura y su valentía. Lo que tienes no es lo mismo que lo que llegas a ser: deja que Dios transforme tu vida. La añadidura no es lo principal; lo principal es quién te transforma.
Ella le dijo a su marido: «He aquí ahora, yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es varón de Dios, santo. Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él». Usó lo que tenía para Dios sin esperar nada a cambio. Da, no para obtener algo, sino porque Dios es Dios. ¿Qué tan sensible eres a lo que Dios te pide? Abre tu corazón al Espíritu Santo todos los días, no solo el domingo.
Ella quería que lo que Eliseo llevaba —la palabra de Dios— tuviera espacio en su vida y en su hogar. No dejes fuera de tu casa, de tu corazón o de tu vida lo que deseas que habite en ellos. Quizá sientes que no tienes lo suficiente para la temporada que atraviesas, pero Dios es suficiente. Eliseo no había pedido quedarse en su casa: Dios puede sorprenderte con cosas que ni siquiera pediste.
Eliseo preguntó a su siervo Giezi qué se podía hacer por ella. Ella respondió: «Yo habito en medio de mi pueblo». Y Giezi dijo: «He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo». Los cálculos humanos no son los cálculos de Dios: no te des por vencido. Y Eliseo le dijo: «El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo». Y ella dijo: «No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva».
Quizá ella cargaba la frustración de no haber tenido un hijo, y no quería exponerse a una nueva decepción. Hay quienes temen creer en algo grande porque ya salieron heridos o decepcionados. Pero a quien le dijo que sus discípulos no habían podido sanar a su hijo, Jesús le respondió: «Si puedes creer, al que cree todo le es posible». Dios no te decepcionará al final.
Una cosa es lo que muestras en público, y otra las luchas que llevas en privado. Quizá ella había deseado un hijo durante años. Pero en lugar de pedir un hijo, ofreció espacio a la palabra de Dios. No te amargues por lo que todavía no has recibido: ofrécele a Dios lo que sí tienes.
Convierte el lugar de tu desilusión en un lugar desde el que Dios pueda llevarte a nuevas alturas. «Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho». Ella no pidió un hijo, y Eliseo no pidió un aposento. Dios puede sorprenderte con aquello que dejaste de pedir.
El dolor, la búsqueda de ayuda y la perseverancia
Pero el niño enfermó y fue llevado a su madre. Estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió. Ella subió y lo puso sobre la cama del varón de Dios, cerró la puerta y salió. En el peor momento, ella sabía adónde acudir.
Le pidió a su marido un criado y una asna para ir deprisa al varón de Dios. Él le preguntó: «¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo». Y ella respondió: «Paz». El problema no es correr cuando estás desesperado, sino no saber adónde correr. No esperes de otras personas lo que solo Dios te puede dar.
Le dijo al criado: «Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere». No pierdas tiempo en el camino con lo que solo Dios puede solucionar. Ella le dijo a Eliseo: «¿Pedí yo hijo a mi señor?». No haber pedido algo no significa que Dios ignore lo que estás atravesando. Dios puede usar situaciones que no pediste para bendecirte.
Aprende a interpretar el dolor para no amargarte. A veces Dios no anestesia el dolor, pero te acompaña en medio de él. Afróntalo, y cree que Dios te tiene en sus manos. Cuando Eliseo llegó, el niño estaba muerto, tendido sobre su cama. Quizá estás afuera de una puerta cerrada, preguntándote qué va a pasar. Dios sigue trabajando, aunque no veas lo que sucede.
«Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas». Es una temporada íntima entre Dios y tú, sin nadie en medio, y el testimonio será que Dios lo hizo. «Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente». Hay momentos en que das vueltas preguntándote qué hará Dios.
«Y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos». Siete: la obra perfecta de Dios. Vuelve a adorar, vuelve a confiar, levántate una vez más, aunque todavía no veas resultados. Eliseo llamó a Giezi, y Giezi llamó a la madre; ella entró, se echó a sus pies, se inclinó a tierra, y tomó a su hijo. Algo puede parecer un retroceso —el hijo prometido murió—, y aun así Dios puede restituir.
La pérdida de lo que se tenía y el regreso
«Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete años». Ella hizo como el varón de Dios le dijo, y vivió en tierra de los filisteos siete años. Donde puedas, no donde quieras. La vida puede cambiar en un instante. No te aferres a la posición que vives, sino al Dios que permanece contigo en cualquier circunstancia.
La mujer perdió lo que tenía por obedecer la instrucción que recibió. Obedecer a veces significa seguir una instrucción antes de saber exactamente por qué atraviesas algo, y no siempre obtienes los resultados que imaginaste. La hambruna no era culpa suya. Algunas cosas son consecuencia de nuestras decisiones, pero el enemigo quiere convencerte de que todo lo que vives es culpa tuya.
No juzgues el proceso de nadie. Quizá ella hizo lo mejor que pudo para sobrevivir, y otros la juzgaron por la muerte de su hijo o por haberlo perdido todo, sin saber lo que vivía. Tiende la mano, acompaña y ora por quien atraviesa dificultades. A quien lucha con una adicción no lo aplaudas, pero tampoco lo juzgues: ayúdalo. Muchas adicciones nacen del dolor y de la desorientación emocional.
Pasados los siete años, la mujer volvió y fue a implorar al rey por su casa y por sus tierras. Antes decía que no necesitaba nada porque vivía en medio de su pueblo; ahora volvía sin nada. Las circunstancias cambian, incluso la salud o lo que tienes, pero Dios no cambia y seguirá estando ahí. Ante lo que vives, declara la verdad de Dios.
En ese momento, el rey hablaba con Giezi: «Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo». Y mientras Giezi le contaba cómo Eliseo había hecho vivir a un muerto, llegó la mujer a implorar al rey por su casa y por sus tierras. Giezi dijo: «Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir». El tiempo de Dios es preciso.
El rey preguntó a la mujer, y ella se lo contó todo: que no podía tener hijos, que tuvo uno, que lo vio morir y que lo vio volver a la vida. Frente a la dificultad presente, trae a tu memoria lo que Dios hizo en el pasado y cuéntalo. Lo que hizo antes, puede volver a hacerlo.
«Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora». No solo le devolvieron lo que era suyo, sino también todo lo que sus tierras habían producido. Esa es la doble restitución. Lo que parecía perdido estaba en las manos de Dios, y Dios lo multiplicó.
Versículo clave
«Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.»
2 Reyes 8:6
Recibe y espera en Dios
No juzgues a quien está atravesando un proceso: podría estar convirtiéndose en el próximo testimonio. Dios contará tu historia. ¿Qué historia te estás contando a ti mismo? Muchas veces te cuentas historias de terror y de miedo sobre lo que podría ocurrir. Reemplázalas por la historia que Dios tiene para tu vida. Presenta tu historia ante Dios y recuerda lo que él ya hizo.
Viene un tiempo de doble restitución para tu vida y tu familia, sobre las cosas que te han dolido o que perdiste. Aunque no puedas verlo, Dios está obrando.
Por un hombre vino la muerte, y por un hombre la resurrección de los muertos. Estabas muerto en tus delitos y pecados, y Dios te restituyó la vida eterna. Ábrele tu corazón a Jesús y recíbelo como tu Señor y Salvador. Algo nuevo comienza en tu vida.
Referencias bíblicas
- Habacuc 3:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 2:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 4:8-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 4:18-37 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 8:1-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 15:21-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 8:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


