El águila es un ave longeva. Se dice que, a mitad de su vida, tiene que decidir si se renueva. Es un proceso doloroso: se eleva a una montaña, golpea su pico contra la roca hasta romperlo, con el pico nuevo se arranca las garras y espera a que vuelvan a crecer, y finalmente se arranca las plumas viejas que le impiden subir a nuevas alturas. Mientras está recostada sobre la roca, parece que está muriendo; en realidad, se está renovando.
Hay temporadas tan intensas que sientes que te estás muriendo. No te estás muriendo: te estás renovando para ir a nuevas alturas. «Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán». Si te sientes estancado, confía en que Dios renovará tus fuerzas y te elevará.
Versículo clave
«pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»
Isaías 40:31
Creer y recibir la palabra
Elévate con fuerza. El Espíritu Santo está elevando a la iglesia, pero necesitas recuperar y renovar tus fuerzas. Josafat dijo: «Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados». Necesitas creerle a Dios para estar seguro y recibir la palabra que él envía a tu vida.
Cuando crees y recibes una palabra de parte de Dios, su cobertura viene sobre tu vida y tu familia, como la sombra de una sombrilla. Y la prosperidad está ligada a atender su palabra. Dios envía su palabra para que haga lo que él quiere, y no vuelve a él vacía.
Dios le dijo a Ezequiel en el valle de los huesos secos: «Profetiza sobre estos huesos… He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis». Los tendones son fuerza; la piel es forma. La palabra de Dios te da fuerza y forma, y quita los pensamientos y las estructuras mentales que te impiden llegar al propósito para el que fuiste diseñado.
Puedes leer la Biblia durante años y un día ver un pasaje como nunca lo habías visto, porque el Espíritu Santo te lo muestra. Hay tesoros y respuestas de parte de Dios. Escucha con atención cada palabra que Dios te habla: verás su efecto en los meses que vienen.
Pedro en la cárcel: levántate y avanza
Herodes había matado a espada a Jacobo, compañero de Pedro, y luego prendió a Pedro y lo puso en la cárcel, con la intención de sacarlo al pueblo después de la Pascua. Ponte en las sandalias de Pedro: su compañero acababa de ser ejecutado, y él podía pensar que sería el siguiente. Pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
La noche antes de que Herodes lo sacara, Pedro dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. En esa época, el guardia se sujetaba la cadena a su propia muñeca junto con la del preso, para que nadie pudiera escapar ni ser ayudado. «Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos». Si atraviesas un momento en que no ves con claridad, espera que Dios ilumine tu lugar y te muestre el propósito.
Versículo clave
«Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos.»
Hechos 12:7
Los guardias no advirtieron la luz ni las cadenas caídas. El ángel despertó a Pedro y le ordenó levantarse. Imagínalo medio dormido, sin saber bien dónde estaba. Si te sientes paralizado o estancado, Dios te llama a despertar, levantarte y recuperar fuerzas. Declara: «Voy a nuevas alturas». Dios abrirá las puertas para que avances.
«Cíñete, y átate las sandalias… Envuélvete en tu manto, y sígueme». Pedro lo seguía sin saber que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Pasaron la primera y la segunda guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. Las sandalias hablan de caminar con constancia y firmeza; ceñirse, de fuerza. No basta con que una puerta se abra: prepárate para estar listo cuando se abran nuevas puertas.
Dios no lo hace todo sin tu participación. Jesús resucitó a Lázaro, pero pidió que quitaran la piedra. Resucitó a la hija de Jairo, y mandó que le dieran de comer. Sanó al paralítico de Betesda, y le dijo: «Levántate, toma tu lecho, y anda». Dios hace los milagros, pero a ti te toca fortalecerte con lo que Dios dijo y emprender los desafíos que tienes delante.
Así como el ángel guio a Pedro por las guardias y la puerta, el Espíritu Santo te guiará de un milagro a otro. La luz en la cárcel, las cadenas caídas, las puertas abiertas: espera una sucesión de milagros para tu vida y tu familia. Es tiempo de recompensa.
Puertas abiertas y una nueva dimensión
Cruzar la puerta de hierro fue para Pedro el paso a una nueva dimensión: su ministerio fue ampliado. Dios te dará espacio para conquistar nuevos territorios en tu vida personal y en tu empresa, territorios que antes parecían inalcanzables. Pero también tu corazón, tu fe y tu fuerza deben ensancharse para ver afuera lo que ya llevas dentro.
Pedro fue liberado en el tiempo de la Pascua, la fiesta que recuerda el éxodo, la salida. Sal de lo viejo, de lo conocido y de lo que te mantiene estrecho o paralizado, y entra con fe en nuevos territorios. Sal de tu zona de confort y de lo usual, y entra en lo inusual.
Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes». Llegó a casa de María, la madre de Juan Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. Cuando llamó a la puerta, una muchacha llamada Rode reconoció su voz y, de gozo, no abrió, sino que corrió adentro a decir que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron: «Estás loca». Ella insistía, y ellos decían: «¡Es su ángel!». Estaban orando por la libertad de Pedro, y no reconocían que la respuesta estaba a la puerta.
No dejes que la duda te impida recibir aquello por lo que has orado. Hay quienes reciben sanidad y luego dicen que no creen, y el dolor regresa. No te asombres tanto que termines rechazando la respuesta que pediste.
Teología más incredulidad es igual a confusión. Analizar no está mal; el problema es la parálisis del análisis: darle vueltas a un asunto una y otra vez sin moverte ni hacer nada. No le pidas permiso a tu razonamiento para caminar hacia un nuevo nivel de fe o entrar en nuevos territorios. Tampoco le pidas permiso al dinero para avanzar: confía en Dios para los recursos y la provisión. ¿Para qué quieres recursos si no tienes visión?
Las oraciones que hiciste con fe, con lágrimas y con entrega tendrán respuesta. Tu fuerza está ligada a tu fe. Todos pueden escuchar la misma palabra, pero no todos responden igual: te toca decidir cómo responder. Avanza, y no permitas que otros te quiten lo que Dios tiene para ti.
Boca con boca, ojos con ojos, manos con manos
Cuando el hijo de la sunamita murió, Eliseo entró en el aposento que ella le había preparado, y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos. Que el Espíritu Santo venga sobre ti y te haga uno con Dios.
Boca con boca: ponte de acuerdo con las palabras de Dios y repítelas con fe. A veces, en lugar de ponerte de acuerdo con Dios, aceptas lo que dice el enemigo: «no sirves», «no vas a poder». Pero Jesús dijo que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por su Padre. Ojos con ojos: una visión que cambia. Manos con manos: autoridad y capacidad para actuar.
Recibe lo que necesitas en esta nueva temporada: cree por milagros y no dudes de la palabra que Dios ha decretado. Si te sientes débil, pide nuevas fuerzas. Como el águila sobre la roca, como Pedro con las horas contadas, Dios puede intervenir: estás en sus manos y no quedas fuera de su cuidado.
Quizá llegaste desanimado, triste o amargado por algo que te sucedió. Todos hemos pasado por situaciones así, y Dios puede obrar en ti. Eres hijo de Dios, comprado con precio de sangre y adoptado, y tienes derechos legítimos como hijo. Que cambie tu visión, que el Espíritu Santo la ensanche, que llene tu boca de la palabra y las promesas de Dios, y que dé capacidad a tus manos para alcanzar lo que no habías logrado.
Si estás indeciso sobre si hacer algo, Dios te dice con claridad: «Yo voy contigo», y te respaldará en cada paso. No temas lo que diga la gente, ni los sueños que llevas dentro: son sueños que Dios depositó en ti. A todo soñador le preparan una cisterna para mantenerlo estrecho, pero Dios te sacará de ella, y las puertas empezarán a abrirse.
Si llevas tiempo con un negocio en mente, Dios puede abrir puertas y firmar contratos que parecían imposibles. Es tiempo de que se cumpla lo que Dios prometió. La iglesia no son las paredes ni las luces: somos tú y yo, creados para romper límites. Sal de tu zona de confort con la fuerza del Espíritu Santo, con vigor y con la certeza de que Dios está contigo.
Jesús entregó su vida y derramó su sangre para elevarte a una vida eterna con él. Pídele perdón por haber vivido lejos de Dios, ábrele tu corazón y pídele que entre y sea tu Señor. Agradécele por la vida eterna, y prepárate para elevarte con fuerza a un nuevo nivel.
Referencias bíblicas
- Isaías 40:31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Crónicas 20:20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ezequiel 37:4-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 12:6-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 12:12-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 11:39-44 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 5:41-43 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 12:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


