«Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones». Es fácil decir que Dios es bueno cuando llega la sanidad, cuando un hijo es librado de la muerte, cuando el trabajo y el matrimonio marchan bien y ves cumplirse las promesas. La verdadera pregunta surge cuando atraviesas los peores días: ¿está Dios en lo que estoy viviendo?
Hay creyentes que perdieron en un accidente a su cónyuge y a sus hijos, y aun así, el domingo siguiente, pudieron decir: «Dios es bueno». Hay personas que nacieron sin brazos ni piernas, que en su niñez pensaron en quitarse la vida, y que al descubrir el propósito de Dios hoy inspiran a miles. Aun en lo más duro, puedes seguir diciendo: Dios es bueno. Su bondad no es algo que tiene: es lo que él es.
Dios es bueno en todo tiempo
Muchas veces entiendes lo bueno como una vida cómoda, metida en una burbuja, sin sobresaltos, con el matrimonio, las finanzas y la salud en orden. Pero la palabra «bueno», en la Biblia, describe a alguien que hace el bien, que obra algo mejor de lo que ya existe. No puedes reducir a Dios a lo que estás viviendo. Dios es bueno, y punto.
No confundas los días malos con Dios
La Biblia no promete una vida sin dificultades, y no hay en ella una sola persona que no las haya enfrentado, ni siquiera Jesús. «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos». Los días pueden ser malos, pero Dios no: «Yo Jehová no cambio». No le atribuyas a Dios los días malos. La diferencia está en decidir si los atraviesas con él o sin él.
Amar a Dios cuando todo va bien es fácil. Pero se te pide decirle «te amo» a pesar de lo que vives y sientes, y entregarle tu vida entera porque sabes que él es bueno. Quien confía así descansa en que Dios tiene el panorama completo y conduce cada etapa al desenlace que diseñó antes de la fundación del mundo.
Versículo clave
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»
Romanos 8:28
Mira el panorama completo
Cuando pruebas una pizza deliciosa, no sabes si fue la masa, la salsa, el queso, el aceite o la temperatura del horno; el sabor nace del conjunto. Si comieras cada ingrediente por separado, no sería igual. Con la vida ocurre algo parecido: si tomas los momentos aislados, te amargas y te frustras; si los ves dentro del todo, les encuentras sentido y sabor. «Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo»: todo tiene un propósito.
La vida de José lo muestra. Amado por su padre: bueno. Traicionado por sus hermanos: malo. Echado a una cisterna: malo; pero estaba vacía: bueno. Vendido: malo; comprado por Potifar, que le confió su casa: bueno. Acusado falsamente y encarcelado: malo; pero allí conoció al copero del rey: bueno. El copero lo olvidó: malo; dos años después se acordó, y el faraón lo hizo gobernador: bueno. Cada etapa sirvió al plan de Dios. No le pidas a Dios que te saque del fuego de la prueba; pídele que el fuego te cambie.
Las pruebas son temporales y te forman
«Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó». Hay etapas en que te sientes paralizado, con un gran peso encima. Pero llega el momento en que Dios dice «basta» y cumple lo prometido. Todo pasa: piensa en lo que hace un año te preocupaba y hoy ya se resolvió.
Cuando atraviesas algo difícil, enfócate en el beneficio, no en el precio. Una madre con un embarazo muy difícil puede resistir imaginándose con su bebé en brazos. Quien hace ejercicio aguanta el dolor pensando en el resultado. Proyéctate como Dios ya te vio. Y cuida lo que sale de tu boca en medio del proceso. Las pruebas tienen un propósito: fortalecer tu carácter. «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia». Si tu fe depende de tus circunstancias, se tambalea; debe ir por encima de tus emociones y de lo que sientes.
Versículo clave
«Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria»
2 Corintios 4:17
Dios da la vuelta a lo que quería devorarte
Sansón caminaba por las viñas de Timnat, símbolo de gozo, «y he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él. Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito». A veces todo marcha bien, las puertas están abiertas, y de pronto aparece algo que quiere devorarte. «Y volviendo después de algunos días… se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león; y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas, y un panal de miel». Las abejas no hacen panales en cadáveres: era un milagro.
Eso hace Dios: le da la vuelta a lo difícil. Puede producir dulzura donde crees que ya no hay salida, y alimentarte de aquello que quería destruirte. El mal no tiene la última palabra; el bien siempre vence. Aunque el enemigo quiera poner un punto final, Dios lo convierte en una coma y sigue escribiendo tu historia.
Una postura firme: sigues siendo bueno
Job, después de perderlo todo, dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito». Su postura no cambió. Así como en el altar los esposos se prometen fidelidad en la salud o en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza, puedes decirle al Señor: «Me des o no me des, en el valle o en el monte, tú sigues siendo bueno». No condiciones tu cercanía a Dios a que te dé lo que pides. «Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero».
Dios tiene la última palabra
Jesús dijo: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Cuando Lázaro estaba en la tumba, todos creían que todo había terminado, pero Jesús tiene poder para resucitar lo que parece muerto. Lo que el enemigo usa para dañarte, Dios lo usa para quitar lo que se interpone entre él y tú.
«Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán». Ese es tu final. Si has hablado con queja contra Dios, vuelve a él y pídele perdón. Él no se cansa de recibirte. Reconoce que él está en lo que estás viviendo, y que es bueno, hoy y siempre. Su bondad no depende de tus días: tus días dependen de su bondad.
Referencias bíblicas
- Eclesiastés 12:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 16:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 1:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 42:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 14:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Corintios 4:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Apocalipsis 22:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


