Dios tiene muchas herencias para ti, pero la mayor de todas es formarte como heredero. No basta con saber en teoría que eres hijo de Dios: hay que practicarlo cada día. A veces solo llegas a comprenderlo a través de experiencias, cuando lo sobrenatural de Dios interrumpe lo natural. Si todas las soluciones llegaran de forma natural, nunca conocerías al Dios que todo lo puede.
Esclavos a caballo y príncipes a pie
«Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra». Hay personas con un gran propósito de Dios que no lo creen y viven siempre por debajo de él. Tienes el título de hijo, pero quizá alguien más anda montado en tu caballo. Es tiempo de tomar el propósito de Dios y, aunque vengan sacudidas, no soltarlo: avanzar por encima de la adversidad, el dolor, la depresión y la angustia.
Herederos por la fe en Cristo
«Antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley… De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe». No eres justo por tus buenas obras, sino por la fe. «Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa».
Quizá nunca recibiste una herencia de tus abuelos, o quizá sí. Pero en Cristo todos tienen herencia, sin excepción: el reino. No te quedes solo con el título: cree como heredero y recibe como heredero. «Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados». A nadie le gusta padecer, y «en el mundo tendréis aflicción»; pero el Padre es fiel para sostenerte.
Versículo clave
«El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.»
Romanos 8:16
Cuando lo que vives te esclaviza
A veces las circunstancias te vuelven cautivo: hablas todo el día de lo que te pasa y duermes poco por la preocupación. Entonces olvidas que eres heredero. Por eso necesitas una relación cercana con el Espíritu Santo, que le da testimonio a tu espíritu angustiado de que Dios es bueno, de que es fiel, y de que en tiempos difíciles no dejas de ser hijo del Todopoderoso. No es la voz que escuchas, sino la voz que obedeces, lo que marca la diferencia.
Cuando Jesús tuvo hambre en el desierto, el enemigo lo estaba esperando: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús respondió con la palabra: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Rechazó los reinos del mundo que se le ofrecían, porque lo que viene de ahí esclaviza; lo que viene de la voluntad del Padre te confirma como heredero.
Dios forma al heredero, no solo entrega la herencia
No hay peor cosa que dar una herencia sin formar al heredero: el trabajo de toda una vida puede desaparecer en dos semanas. Una generación de Israel no entró en la tierra prometida porque no entendió que lo valioso no era la herencia, sino ser preparados para ella. La tierra iba a pasar; lo que Dios forma en ti es para siempre. Si un negocio quiebra, lo que se formó en ti durante esa quiebra es eterno, y aprendes a confiar en el Dios eterno y no en tus habilidades.
Versículo clave
«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.»
Efesios 2:10
Dios creó el sol, la luna y las estrellas con su palabra; pero al ser humano lo formó con sus manos, del polvo. Tomó el caos de la tierra e hizo su creación más amada. Por eso, si Dios mete sus manos en tu desastre, el resultado será glorioso. Las buenas obras fueron preparadas de antemano: tu propósito existía antes de que nacieras, como el cielo antes que el águila y el mar antes que la ballena. Pero las buenas ideas no sustituyen la voluntad de Dios. Cuanto más conoces su palabra, más conoces su propósito para ti.
Hay una tarea que es para todos: «Id, y haced discípulos». Formar discípulos no es fácil, y por eso muchos prefieren otras cosas. Pero mientras formas a alguien, Dios te forma a ti: te enseña paciencia, misericordia, bondad y perdón. Y tus primeros discípulos son tus hijos. La mayor herencia que puedes dejarles no es el dinero, sino a Cristo en su corazón y sus principios, con los que saldrán adelante tengan o no tengan.
Cuando Dios te da propósito, salen a la luz tus inseguridades, como a Moisés cuando dijo: «Soy tardo en el habla». Pero el Padre te llena para aquello para lo que te formó. «No os conforméis a este siglo». No intentes encajar donde ya no encajas: encajas en los planes de Dios, porque tienes Padre. Tu cuerpo, tus talentos y tu vida le pertenecen a él.
Sin afán, porque vales para el Padre
«No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir… Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?». El afán ahoga la palabra y te hace esclavo de la inseguridad por el mañana. Si Dios cuida de las aves, cuánto más de ti, que fuiste formado por sus manos. Entrégale hoy lo que te quita el sueño.
«¿Quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?». Tú no puedes, pero tu Dios es ilimitado, y cuando te hace hijo y heredero rompe aun tu herencia espiritual. Quizá no tengas la riqueza de Salomón, pero tienes la fe de Jesús y la paz del Padre. «Mirad los lirios del campo… ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos».
Vuelve a casa: la herencia es el Padre
El hijo pródigo creyó que la clave estaba en la herencia y no en quien se la daba. Esperó de otros lo que solo su padre podía darle, malgastó lo recibido y terminó cuidando cerdos, hasta que volvió en sí. Muchas veces deseas grandes herencias, pero te olvidas del Padre.
El padre ya lo esperaba, y al verlo volver, corrió a abrazarlo. Así te dice Dios hoy: «Vuelve a casa; no eres esclavo, eres heredero». No eres heredero solo por lo que recibes, sino porque tienes un Padre que te ama, y su amor es la mayor abundancia que puedes tener.


