EN Oración
Serie The Wave

La ola de la victoria: firmeza, fe y transparencia

Para surfear la ola de la victoria necesitas firmeza. Como Eleazar, con la mano pegada a la espada, aférrate a las promesas de Dios; guarda tu fe cuando las noticias cambian, como Jairo; y entrégale a Dios con transparencia lo que estorba tu nuevo caminar.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
27 min

¿Estás listo para surfear la ola de la victoria? Para sortear una ola no basta con tenerla delante ni con tener una tabla: hace falta firmeza. Los surfistas principiantes cometen errores comunes, y esos errores tienen mucho que enseñarte sobre la fe.

El primer error es abrir demasiado las piernas al subirse a la tabla, lo que provoca desequilibrio. Así le pasa a quien recibió una promesa y tiene fe, pero empieza a dudar: «¿Será que Dios me dijo esto? ¿Será que de verdad lo va a hacer?». El surfista tiene que mantener una postura firme. En la fe también necesitas permanecer firme ante las dudas y las circunstancias.

El segundo error es levantarse titubeando, como quien no se decide. Lo correcto es dar el salto. Hay quienes, después de que Dios les habló, siguen esperando confirmaciones por todas partes, como si necesitaran que el ángel Gabriel bajara a decírselo. Confía y da el salto de fe. Cuando le crees a Dios, puedes prepararte para surfear la ola de la victoria.

La firmeza que sostiene la fe

«Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos». Esa fuerza es resistencia: la capacidad de mantenerte firme. Dios espera una fe que permanezca. ¿Cualquier mala noticia te desanima, o puedes decir: «Señor, voy a tener la firmeza y la certeza de que lo que me dijiste va a suceder»?

Versículo clave

«Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, En cuyo corazón están tus caminos.»

Salmos 84:5

Eleazar se queda en la batalla

Eleazar era uno de los tres valientes de David. Cuando los filisteos se reunieron para la batalla y los hombres de Israel se retiraron, «este se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan solo para recoger el botín».

Eleazar tenía una convicción firme y una estructura interna fuerte. Mientras otros se retiraban, él se quedó peleando. Persevera en lo que Dios te ha dicho: «Dios lo dijo, Dios lo hará; yo aquí me quedo». No te dejes amedrentar por las noticias; sigue creyendo y esperando ver la gloria de Dios.

Su mano quedó pegada a la espada: Eleazar no soltó lo que tenía. Aférrate así a las promesas de Dios. Cuando se acaban tus fuerzas humanas, Dios te sostiene. La mano de Dios está sobre la mano del que está cansado: «Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna». Sigue aferrado a las promesas, aun cuando sientas que ya no puedes más.

Cuando Jesús guía a Jairo

Jairo, uno de los principales de la sinagoga, vio a Jesús y se postró a sus pies: «Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá». Jesús fue con él, y lo seguía una gran multitud. Jairo avanzaba con fe, guiando a Jesús hacia su casa.

Jairo iba delante, y Jesús lo acompañaba. En el desierto, Israel seguía la nube de día y la columna de fuego de noche. Hay temporadas en que Dios te entrena para seguirlo; y otras en que, cuando te ve avanzar con fe, te respalda en el camino que emprendes. A Josué, Dios le dijo: «Esfuérzate y sé valiente», y Josué avanzó sabiendo que Dios iba con él.

La fe es tu conexión con Dios. Imagina a Dios preguntándote cada mañana: «Hijo, ¿a dónde vamos hoy? ¿Qué puerta tengo que abrir?». Avanza creyendo que Dios está contigo y respalda tu camino.

«Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente». Jesús no hizo caso de esas palabras.

Versículo clave

«Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.»

Marcos 5:36

Jairo iba delante con fe; ahora era Jesús quien tenía que guiarlo. Hay momentos en que tu fe flaquea, y Jesús te auxilia. ¿Cuánto guardas de las promesas que recibiste? Cuando Jesús entró a hacer el milagro, no dejó entrar a la multitud: solo a Pedro, Jacobo, Juan, y al padre y la madre de la niña. Guarda tu fe, y no permitas que las circunstancias la derriben.

El tiempo del milagro

Que las cosas no sucedan como las planeaste no significa que Dios no hará el milagro. A veces le pides que ocurra de cierta manera y en cierta fecha, como el día de tu cumpleaños. Pero no le impongas a Dios una fórmula. A ti te toca creer; Dios se encarga del resto.

«Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas». Como las plantas que se sostienen en lo alto de las rocas, Dios te da la fuerza para mantenerte. Cuanto más oscura la noche, más cerca está el amanecer. No te rindas cuando parece que todo empeora.

Cuando sientas que ya no puedes más, busca a Dios. Cuando aprendes a vivir de rodillas delante de Dios, puedes permanecer de pie ante cualquier circunstancia adversa. Hay dos medios para recibir fuerzas: la oración y la fe. «Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir». Y la fe viene por el oír la palabra de Dios.

Cuando Jesús resucitó a la hija de Jairo, mandó que le dieran de comer. Cuando Elías ya no podía más, Dios le dio de comer en el desierto. La palabra es tu alimento: no dejes de congregarte. Mientras escuchas la palabra, Dios te da fuerzas para lo que viene. Entres como entres, puedes salir fortalecido, porque la palabra tiene autoridad y Dios sopla aliento de vida.

Fuerza, valentía y transparencia

Dios no solo quiere darte fuerzas: quiere ser tu fortaleza. Y para surfear necesitas también valentía. Valentía para entregar lo que no es agradable a Dios o te hace daño. El surfista corre el riesgo de que aparezca algo inesperado, un tiburón bajo la ola, que lo debilite.

Dios quiere que sus hijos vivan una vida de transparencia, no de apariencia. Empieza por ti mismo. Todos tenemos áreas que necesitamos reconocer; si no lo haces, es como surfear sobre un tiburón sin advertirlo. Esconder algo no hace desaparecer la verdad. El viento del Espíritu Santo saca a la luz cosas que no imaginabas que estaban ahí; ponlas delante de Dios.

Quítate las sandalias para caminar hacia lo nuevo

Cerca de Jericó, Josué alzó los ojos y vio a un varón con una espada desenvainada. Josué le preguntó: «¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?». Él respondió: «No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora».

Dios estaba listo para llevar a Josué a grandes conquistas y respaldar su avance. Y el Príncipe del ejército de Jehová le dijo: «Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo». El calzado es tu viejo caminar: lo que has recorrido y puede estorbar lo nuevo.

¿Qué necesitas entregar? Una manera de hablar, malas palabras, adicciones, mal carácter, malos tratos, amargura, falta de perdón. Abandona el pecado y ríndele a Dios tu autosuficiencia, tu orgullo y tu ego. No sigas caminando con lo que te estorba: entrégaselo a Dios para avanzar hacia la ola de la victoria, hacia una vida de transparencia y hacia el amor que Dios quiere manifestar en ti.

Josué vio la victoria en Jericó, y los muros cayeron. Para llegar a tu ola de victoria, reconoce las áreas de tu vida que debes entregar y deja de caminar con ellas. Quítate las sandalias, abandona tu vieja manera de caminar y pon delante de Dios todo lo que estorba. Confía, mantente firme y avanza con valentía, sin ocultar lo que necesita cambiar.

Referencias bíblicas