EN Oración
Serie The Wave

Nacimos para servir: el poder de una vida entregada a Dios

El servicio forma el carácter de Cristo en nosotros cuando nace del amor a Dios, no del egoísmo ni de la conveniencia. Sirve con compromiso, ve más allá de lo que se te pide y persevera hasta el último día.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
40 min

Una convicción lo resume todo: «nacimos para servir». El servicio es una expresión de sabiduría que involucra el corazón, no solo el conocimiento. Jesús no envió a sus discípulos a tomar cursos o seminarios, sino a servir; estudiar no está mal, pero el servicio tiene poder y forma en nosotros el carácter de Cristo, especialmente cuando servimos a personas que no conocemos. Con humildad y disposición para aprender, se aprende al bendecir a otros.

Suele ser más fácil servir a la familia y a los amigos que a quienes no conocemos. Quienes sirven en la iglesia merecen reconocimiento. Sal de tu comodidad: hay que desacomodarse para servir, porque desde la comodidad no se experimenta el poder del servicio. No se puede servir a dos señores: adorar y servir no son opcionales, aunque cada persona decide a quién servirá. Servir a Dios hace brotar su naturaleza y ayuda a desprenderse del egoísmo.

En el servicio salen a la luz lo peor y lo mejor de las personas, y allí se forma el corazón. Saludas a alguien en el ingreso y no te responde, pero el domingo siguiente vuelves a saludarlo con un corazón sano y dispuesto a bendecir. No es fácil, pero así se sigue sirviendo sin dejar que la falta de respuesta dañe el corazón, y así se forma el carácter de Cristo.

Servir con el motivo correcto

Filipenses 2:1-4 habla de «estímulo en Cristo»: una señal externa o interna capaz de causar una reacción. La sola mención del nombre de Cristo debería provocar una reacción interior. El pasaje llama a estar unidos en un mismo sentir y propósito: una iglesia unida puede dedicarse a un propósito común, hacer discípulos y servir.

La unidad no exige que todos tengan las mismas ideas: el propósito compartido debe ser más grande que las diferencias de opinión. ¿Qué percibe una persona que llega a la iglesia? No solo la belleza del templo, sino también la presencia de Dios y el amor que se expresa en sonrisas, amabilidad y disposición para servir, incluso cuando sus integrantes atraviesan situaciones difíciles.

El servicio no queda definido solo por la actividad, sino por la motivación. Se puede servir y, aun así, no agradar a Dios si se actúa por egoísmo o vanagloria. Examina por qué sirves y hazlo con humildad, considerando a los demás. El amor a Dios es la razón para servir; Jesús corrigió a sus discípulos cuando sus aspiraciones se apartaron de esa actitud.

Versículo clave

«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.»

Filipenses 2:3-4

En Mateo 20:25-28, los discípulos discutían quién sería el mayor. Jesús les enseña que entre ellos no debe reproducirse el modelo de quienes ejercen autoridad sobre los demás, y que quien quiera ser grande debe ser servidor. Jesús no los reprendió por querer alcanzar grandeza, sino por el método ilegítimo para alcanzarla. Dios no tiene problema en hacer grande a alguien, pero no te engrandezcas a ti mismo: sirve, y deja que Dios te haga grande.

Servir no es una ocupación vergonzosa ni una condición inferior: «servir es de señores», y el camino del servicio es hacia abajo. José no sirvió para quedarse con la mujer de Potifar ni para que otros se inclinaran ante él en el palacio. José sirvió a quienes pudo, incluso en las circunstancias que enfrentó, y se fijó en que el copero y el panadero estaban tristes. No uses lo que vives como excusa para dejar de servir.

El servicio a Dios puede traer gozo y alegría: haz las cosas como para Dios, confiando en que de él viene la recompensa. No sirvas para obtener un aumento, una posición o reconocimiento. La identidad de hijo de Dios es una posición que ya recibiste; el servicio no es un medio para alcanzar estatus. Nace de recordar que Dios lo dio todo y que Jesús entregó su vida.

Ir más allá de lo que se pide

Mateo 5:41 es el estándar de servicio de Jesús. Bajo la ley romana de aquel tiempo, un ciudadano podía ser obligado a llevar una carga por una milla. Imagina la molestia de quien recibe la orden y, luego, a alguien que termina esa milla y oye a Jesús decirle que vaya una más.

Cumplir lo que se pide no es lo mismo que hacer más. Cumplir demuestra obediencia; ir más allá demuestra amor. Si la esposa pide a su marido que traiga algo del supermercado, llevarlo es obediencia; añadir unas flores es una expresión de amor. Haz del servicio amoroso un estilo de vida y no te limites siempre a lo mínimo.

Mateo 20:28 dice que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate. La iglesia está llamada a servir para rescatar a muchos. Ese servicio no depende de una emoción pasajera: requiere compromiso y convicción. ¿Cuánto te gusta comprometerte? Servir no consiste en responder solo cuando uno se siente motivado.

Versículo clave

«como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.»

Mateo 20:28

Compromiso en medio de los procesos

En Mateo 4:9-11, Satanás le hace una propuesta a Jesús, y Jesús responde que se debe adorar al Señor y servirle solo a él. La adoración y el servicio no deben dirigirse a Satanás; y, cuando el diablo dejó a Jesús, llegaron ángeles. Servir a Dios no exonera de procesos ni de problemas, pero da garantía de permanencia y trae manifestación de ángeles.

Hay quienes sirven sin ser vistos: la persona que organiza las secuencias de la adoración y está pendiente de lo que sigue, aunque no aparezca al frente; las personas que interceden durante los servicios y en distintas actividades, aunque nadie lo sepa. Sirven con la razón correcta: adorar a Dios y servirle. La congregación no ve cada tarea, pero Dios sí la ve.

Jesús sabía que servir a Dios no lo libraría de la cruz. Aun así, la fidelidad es una decisión: por más dificultades y desafíos que aparezcan, se permanece sirviendo. Los jóvenes hebreos, ante la estatua de Nabucodonosor, confiaban en que Dios podía librarlos, pero estaban determinados a no servir a otros dioses aunque no fueran librados del horno. Su compromiso no dependía de que el desenlace fuera favorable.

La declaración «yo y mi casa serviremos a Jehová» se hizo al llegar a la tierra prometida. Quizá algunos habían servido con la expectativa de salir del desierto y, una vez alcanzado ese objetivo, dejaron de hacerlo. No sirvas para conseguir que Dios resuelva una dificultad, sino porque servirle es un honor, un placer y una bendición, tanto en la escasez como en la abundancia.

Esto alcanza también las obligaciones diarias. Si llega una nueva puerta de trabajo, una hora más o un aumento de salario, ¿dejarías por eso de servir a Dios? La provisión viene de Dios. Y la unidad de una iglesia la dispone a cumplir su propósito. En Juan 6:25-27, Jesús reprende a quienes lo buscaban porque habían comido pan y se habían saciado, no por haber entendido las señales.

Hay quienes buscan que Jesús resuelva sus compromisos o necesidades, pero no quieren asumir compromiso con él. Unos esperan recibir pan y pescado; el discípulo busca la oportunidad de servir y repartirlos. Las doce cestas sobrantes son una imagen de la provisión de Dios. Pasa de esperar únicamente recibir a estar dispuesto a servir.

Servir durante toda la vida

¿En qué estás gastando tus fuerzas y tu tiempo: en lo que perece o en lo que permanece? Con los años, uno ya no tiene la misma energía para correr de un lado al otro de la cancha. La pregunta es seria: ¿qué recibe la mayor parte de tu esfuerzo? ¿Apartas tiempo para lo que no perece?

Salmos 71:17 recuerda que Dios puede usar el servicio para manifestar sus maravillas. Una oración por alguien que sana; una llamada que podría salvar a una persona que pensaba suicidarse; horas invertidas en grabar un video para dejar un mensaje, no por «likes», con la esperanza de que haya vidas transformadas; tocar la puerta del vecino o encontrarle el carro lavado, y explicarle que quisiste bendecirlo porque Jesús te lavó con su sangre y cambió tu vida.

El servicio de muchos hace posible la casa de Dios.

Deseemos seguir sirviendo durante toda la vida. Imagina a alguien que pudiera tener palacio, ejército, una esposa hermosa y otras posesiones, pero que aun así le pidiera a Dios permiso para seguir sirviendo y hablar a los jóvenes. Quizá las fuerzas ya no sean las de antes, pero se pueden dedicar a Dios y marcar a una generación. Aunque tengas que apoyarte en otros para llegar a la puerta, sigue sirviendo hasta el último día que Dios te conceda. Entrega a Dios lo mejor de tus fuerzas.

El legado del servicio

En 2 Corintios 12:15, Pablo dice que con placer gastará lo suyo y se gastará por amor a las almas, aunque ame más y sea amado menos. Esa disposición es señal de carácter y madurez: Pablo no servía solo cuando le iba bien ni porque esperara recibir el mismo afecto. Estuvo en la cárcel, pasó dificultades y fue apedreado, y aun así el servicio podía seguir siendo un placer, porque la motivación era el amor.

Imagina a personas mayores hablando con sus nietos. Una arruga podría recordar a la abuela; otras, el trabajo duro para dejar una casa. Pero las marcas más grandes serían las de las noches dedicadas a predicar en una casa de salvación. La casa pasará, pero lo que ocurrió dentro de ella permanece. El legado más valioso es servir a Dios y mostrar ese amor a los hijos, aun cuando todavía no se hayan acercado a él.

Gracias a quienes sirven en la iglesia. El crecimiento de una iglesia no es obra de una sola persona: es fruto de un equipo que sirve hasta altas horas de la noche y cree en Dios desde los comienzos, cuando eran pocos. Lo que hoy se ve refleja a muchas personas que dispusieron sus vidas y sus fuerzas para el servicio de Dios, y Dios les ha respondido y ha sido bueno. Honra y bendición para quienes sirven.

Mira a Jesús: Dios hecho siervo, que dio su vida y derramó su sangre. Repite esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas