Imagina una familia que se propone un reto: de lunes a viernes, una dieta estricta, sin azúcar ni harinas; pollo cocido o a la plancha, comidas sencillas. Y el sábado, ¡fiesta!: hamburguesas, papas, pizza y postres; un batido de fresa, banano, chocolate y crema batida. Ese postre del sábado es la recompensa después de una semana de comidas aburridas.
Así como esa familia espera el sábado, Dios tiene recompensas para ti. En la vida hay momentos difíciles: encierros, cumpleaños que no se pueden celebrar, reuniones que no se pueden tener. Aun en esos momentos, mantener el buen ánimo te ayuda a seguir adelante con esperanza.
El ánimo también requiere esfuerzo
¿Cómo está tu ánimo? ¿Estás animado, triste, angustiado o enojado? «Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará».
Versículo clave
«Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.»
Deuteronomio 31:6
Para tener ánimo hace falta esforzarse. No siempre te despiertas sintiéndote bien: quizá no dormiste bien, o amaneces sin ganas de nada. Pero también en esos días grises necesitas esforzarte por conservar el buen ánimo. ¿Cómo está tu ánimo? ¿Estás contento y alegre, o lo has perdido?
«Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida». Dios te dio aliento. Sin ánimo cuesta avanzar, estudiar y hacer muchas cosas. Recupera tu ánimo, sin importar lo que esté pasando en el mundo.
No vivas bajo el peso de la angustia
Las noticias te bombardean, y las cosas malas que suceden pueden inundar tu mente. Aun así, no pierdas el ánimo. Vendrán días mejores. Acuérdate del postre del sábado: después de la semana difícil, puedes mirar hacia adelante con expectativa.
«El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?». La persona angustiada vive con tristeza. Todos experimentamos distintas emociones: un día alegres, otro tristes, enojados o frustrados. No niegues tus emociones, pero no pierdas la alegría ni te quedes viviendo en una tristeza continua.
Versículo clave
«El ánimo del hombre soportará su enfermedad; Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?»
Proverbios 18:14
La tristeza continua también desgasta el cuerpo y te hace más vulnerable. Cuando alguien está enfermo y además tiene el ánimo triste, le cuesta mucho más soportar la situación. Por eso, si tú tienes buen ánimo, compártelo con otros.
Si tú estás animado, pero tus padres no, Dios puede usarte para transmitirles buen ánimo, alegría, vitalidad y fuerza. No tienes que resolver por tu cuenta lo que otros sienten, pero puedes ser una fuente de aliento para alguien cercano.
Un buen ánimo no es fingir que todo está bien. Es decidir, aun con lágrimas, que Dios sigue siendo bueno y que tu historia no termina en este día difícil.
Elige cómo responder
Cada mañana, al abrir los ojos, recuérdate que no son los acontecimientos los que tienen el poder de hacerte feliz o infeliz: tú puedes escoger cómo estarás. El ayer ya pasó, y el mañana todavía no ha llegado; solo tienes el día de hoy. Decide vivirlo con gozo. «Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él».
Eres responsable de tu estado de ánimo. Las situaciones difíciles siempre existirán; la pregunta es cómo responderás ante ellas: ¿seguirás teniendo buen ánimo y una buena actitud? Llegará el día del postre: espera con expectativa las cosas buenas que Dios tiene para ti.
La oración no borra automáticamente las dificultades, pero te sostiene en medio de ellas. Ora, aparta un tiempo y ábrele tu corazón a Dios. Háblale con sinceridad: «Señor, me siento así». Quizá estás frustrado con el colegio, aburrido de las clases o angustiado por tus padres. Díselo.
Después de orar y decirle a Dios lo que sientes, puedes salir con buen ánimo, con fuerzas y con una sonrisa. Ten la certeza de que llegará el día de disfrutar. Una semana de comidas aburridas, con poca sal y sin azúcar, se soporta sabiendo que el sábado llega el banquete.
Resiste durante el tiempo difícil buscando a Dios y su presencia, y manteniendo el buen ánimo. Este puede ser un buen tiempo para que Dios haga muchas cosas en tu vida. La dificultad presente no es lo único que viene.
«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Jesús no te prometió una vida sin problemas, pero sí te dio una razón para tener buen ánimo: él ya venció. Tu ánimo no depende de que todo esté bien, sino de saber que estás en las manos del que venció.
Cuida lo que alimenta tu ánimo. Si pasas horas viendo malas noticias o escuchando a quienes solo se quejan, tu ánimo se apagará. Llena tu mente de la palabra de Dios, de música que te acerque a él, de conversaciones que te edifiquen. Lo que entra en tu mente termina saliendo en tu actitud.
David también conoció días sin ánimo. Cuando volvió a Siclag y encontró la ciudad quemada y a sus familias cautivas, lloró hasta que no le quedaron fuerzas, y sus propios hombres hablaban de apedrearlo. «Mas David se fortaleció en Jehová su Dios». Cuando nadie te anime, fortalécete en Dios. Él es la fuente de tu ánimo.
Y no olvides que el ánimo se contagia. Una sonrisa, una palabra de aliento, un mensaje a tiempo pueden cambiar el día de alguien. «Por tanto, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros». Sé tú quien lleve buen ánimo a tu casa, a tu colegio y a tus amigos.
Abre tu corazón a Jesús
Si sientes una presencia especial de Dios, él te ama tal como eres, con tus errores, tus defectos y tus problemas. Aprovecha este momento para abrirle tu corazón a Jesús.
Ora así: «Gracias, Señor. Perdona mis pecados y mis errores. Te abro mi corazón de par en par: entra, Jesús, y vive en él. Gracias, Jesús». Una oración así de sencilla tiene el poder de cambiar tu vida.
Mañana, cuando abras los ojos, haz una pequeña lista de tres cosas por las que estás agradecido. Así entrenas tu ánimo cada día.
Dios tiene cosas nuevas para ti. Que no decaiga tu ánimo, que haya alegría en tu vida, y que nunca olvides que Dios siempre estará contigo.
No niegues que hay días difíciles. Exprésale a Dios lo que sientes, y mira hacia adelante con esperanza. Así como aquella familia espera el sábado, tú puedes resistir el tiempo difícil buscando a Dios y confiando en que llegarán días mejores.


