EN Oración
Serie Esencia

Más que vencedores: agotados, pero sostenidos por Cristo

Ser más que vencedor no significa no cansarse: significa depender de Cristo, dejarte acompañar y seguir sembrando aun con lágrimas. Nada te separará del amor de Dios.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
57 min

Repite y lleva contigo estas palabras: «Yo soy una promesa», «yo soy una posibilidad». Ponlas como fondo de pantalla si hace falta, para recordar, cuando las cosas no van bien, que puede ocurrir un milagro. Cristo te compró con precio de sangre; no fuiste comprado por cualquier precio. Vive atento y dispuesto a lo que Dios quiera hacer. Tienes permiso para no ser perfecto, pero no para dejar de estar dispuesto: tu disposición abre posibilidades para que la gloria de Dios se manifieste.

«¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo». Es una rendición constante: morir a lo que no agrada a Dios. Pero la conclusión es clara: «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó». No vences por tus fuerzas, sino por Cristo.

Versículo clave

«Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.»

Romanos 8:37

Ser más que vencedor no significa estar siempre fuerte, ni vivir sin tristeza, angustia o aflicción. Significa depender del Dios que es fuerte. Puedes sentirte cansado y desilusionado y, aun así, seguir siendo más que vencedor en Cristo. La victoria no es la ausencia de dificultades, sino una identidad que recibiste en aquel que te amó.

La desilusión también se puede expresar

La desilusión es un huésped inesperado: te levantas un día y descubres que llegó. El fin de una relación, un sueño que no se cumplió, una persona que te falló. La desilusión agota, y puede aparecer en cualquier momento de la vida como un desgaste real.

Las desilusiones calladas, que guardas en silencio, le dejan espacio al enemigo para usar sus armas contra tu vida. Entran como un susurro, permanecen como una brisa suave y pueden crecer hasta convertirse en una gran tormenta. Cuando estés desilusionado, habla con alguien que pueda sumar y bendecir. Expresarlo no te quita el nombre de más que vencedor.

Tu identidad en Cristo no depende de tus emociones ni de tus fuerzas. Cristo levanta a quienes atraviesan desilusión, tristeza y cansancio. Expresar tu dolor y buscar una conversación que te haga bien no contradice tu fe ni tu victoria: reconoces la dificultad mientras dependes de aquel que te ama.

David también se agotó en la batalla

«Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel». Otra vez. ¿Cuántas veces has pensado «¿otra vez?» frente a la salud, la angustia, el matrimonio o la familia? La batalla se repite.

«Y descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se cansó». Los más que vencedores también se cansan. Estar agotado no prueba que seas débil ni borra lo que Dios ha hecho en tu vida. No eres débil: solo estás exhausto.

Hay días en que necesitas pedirle a Dios que renueve tus fuerzas, y que tu cónyuge ore por ti; y hay días en que tu cónyuge necesita que tú ores por él. Esa necesidad mutua es parte de ser una familia de más que vencedores. Orar unos por otros no es señal de fracaso, sino una manera de sostenerse mientras se atraviesa la batalla.

«¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio… Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán». Aunque seas joven, fuerte o tengas un papel de liderazgo, sigues siendo humano y puedes agotarte. No dejes de esforzarte: Dios te dará fuerzas nuevas, incluso sobrenaturales. Quizá piensas en correr, y Dios te da fuerzas para volar.

Versículo clave

«pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»

Isaías 40:31

Una espada nueva y una estrategia para esta temporada

«E Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David; mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató». David estaba exhausto, acorralado, a punto de morir. Y el enemigo venía con una espada nueva: el desafío reaparece con una forma distinta.

No estás condenado a repetir la misma respuesta. Una estrategia que te sirvió en una temporada quizá no te sirva en la siguiente; incluso algo que contribuyó a tu éxito antes podría hacerte daño si lo repites sin discernimiento. Pide a Dios una estrategia para esta temporada, sin cambiar el nombre de aquel en quien confías: Cristo. No insistas automáticamente en lo que ya no funciona.

Los gigantes y los enemigos se presentan con vestiduras distintas —la carne, el mundo como sistema, el diablo—, pero tú confías en el mismo Dios. Cualquiera que sea la espada nueva que se levante, no temas: Dios es mayor.

Abisai significa «padre de la ofrenda». Hay personas que llegan a tu vida como una ofrenda y una bendición. Que se levanten personas así a tu lado cuando estés cansado. Y tú también puedes ser un Abisai para alguien.

No te apartes de quienes pueden ayudarte a vencer lo que intenta destruirte, ni te llenes de orgullo pensando que podrás con todo solo. Rodéate de personas que te restauren el ánimo en plena batalla: los Abisai, que acompañan, animan y te ayudan a enfrentar lo que no has podido vencer solo, incluso un vicio. Distínguelos de quienes alimentan lo que necesitas dejar atrás.

Toma la mano de quien tienes al lado y anímalo. Que Dios renueve las fuerzas de quien atraviesa una batalla. Quizá hoy eres tú quien anima a otros; quizá hoy necesitas recibir ese apoyo. También los pastores necesitan un Abisai a su lado. La iglesia es una familia que ora por quienes no pueden más, y recibe oración cuando le toca estar cansada.

La voz que escuchas y la adoración

«Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio». Dios hará callar toda voz que se levante contra ti. No solo importa qué voz escuchas, sino cuál obedeces.

David fue a la línea de batalla, dispuesto a pelear, y Goliat lo amenazó con palabras. Pero David confiaba en que Dios estaba con él. Los hombres lo veían como un muchacho; Dios había hallado a un varón conforme a su corazón. Importa lo que Dios dice, no la etiqueta que otros te pongan.

Corre a la línea de batalla y deja de creer las palabras que te engañan. David tomó la espada del filisteo y le cortó la cabeza. No te limites a herir lo que quieres dejar atrás, para que vuelva a levantarse: ponle fin. Lo que iba a ser usado para matar a David fue usado para liberarlo.

Imagina a David, agotado tras muchos años de batallas, frente a una espada nueva. «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo… Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores». No esperes llegar a la mesa sin atravesar el valle. Aunque haya cansancio y angustia, no temas: avanza hacia lo que Dios te prepara.

Aprende en la adversidad y sigue sembrando

«En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera». Abre los ojos y aprende en el día malo. A veces esperas que las circunstancias mejoren, mientras Dios está obrando en tu manera de pensar.

Cuando Pedro quiso apartar a Jesús del camino de la cruz, Jesús lo reprendió. Jesús no evitó el camino del sufrimiento. No intentes saltarte la parte difícil. Y camino al Calvario, Simón de Cirene llevó la cruz con él. Así como David recibió la ayuda de Abisai, llegarán personas que te acompañen cuando estés exhausto.

La lucha revela una capacidad de resistencia que no sabías que tenías. A veces no sabes cómo terminará el día, y al final descubres que Dios te sostuvo.

Los más que vencedores también lloran. La victoria no es mérito tuyo, sino de aquel que te ama y recoge tus lágrimas. No es tu fuerza lo que te hace más que vencedor, sino el amor de Dios en Cristo.

«Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza… Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres». Llegará el momento de mirar atrás y decir que Dios hizo grandes cosas. Lo que te supera, espéralo de Dios, no solo de tus manos.

«Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas». Tus lágrimas riegan lo que siembras. Sigue creyendo y sembrando, aunque llores: abrazarás el fruto de la obra de Dios.

Algunas personas en quienes siembras quizá no respondan como esperabas, y te tentará dejar de sembrar. No te canses de hacer el bien, porque a su tiempo segarás. Lo que no recibiste de algunos, el Padre te lo dará por medio de otros.

Nada te separa del amor de Cristo

«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro». Dilo: «Estoy seguro». Ni las circunstancias difíciles, ni la escasez, ni la enfermedad pueden apartarte del amor de Cristo.

Esa seguridad no niega el abatimiento. Quizá te sientes sin ánimo, visitado por la desilusión, exhausto de tantas batallas. Ríndete ante Dios y recibe nuevas fuerzas; no tienes que fingir que no hay dolor. Dios no te abandona en medio del agua, del fuego ni del valle oscuro; aunque parezca tardar, llegará a tiempo.

Ábrele tu corazón a Jesús: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Que la iglesia se levante como una gran familia que se ayuda mutuamente, y que lleguen a tu vida personas que levanten tu ánimo y peleen a tu lado.

Referencias bíblicas