EN Oración

Monstruos de noche: vencer el temor con el amor de Dios

Muchas veces vivimos con temores que, como la sombra de una rama en la pared, parecen monstruos en la noche. Dios no quiere que vivas así. Tres verdades te ayudan a vencer el miedo: el perfecto amor echa fuera el temor; Dios tiene buenas promesas para ti y no miente; y puedes confiar en él como un niño que salta a los brazos de su padre, porque Jesús está en tu barca.

Predicador
Vivi de Azurdia
Publicada
Duración
11 min

Imagina que te tapan los ojos y te ponen en las manos objetos que no conoces: algo pegajoso, algo con dientes que parece una culebra, algo peludo, algo que huele raro. Tu imaginación empieza a trabajar y casi siempre piensa lo peor. Al destaparte los ojos descubres que eran cosas sencillas: comida de gato, un juguete, plastilina, grama artificial. Así pasa muchas veces en la vida: el temor te hace imaginar monstruos donde no los hay.

La noche es el momento en que más aparecen la ansiedad, la incertidumbre y el temor. Una niña que dormía en casa de su tía vio en la pared un monstruo enorme y lloró aterrada; nadie le creía, porque no había ningún monstruo: era la sombra de una rama. Muchos viven así, asustados por sombras. Pero Dios no quiere que vivas con miedo. Hay tres verdades que te ayudan a salir del temor.

El amor echa fuera el temor

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor». El amor de Dios no es como el de las personas, que puede cambiar con el humor del día. Es un amor perfecto, y donde ese amor llena el corazón, el miedo pierde su lugar.

Versículo clave

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.»

1 Juan 4:18

No fuiste llamado a vivir temeroso, sino confiado. Cuando lleguen los miedos —en la noche, antes de un examen, cuando hay problemas en casa, cuando no sabes qué pasará—, no olvides que Dios está contigo en ese mismo momento, aunque no haya nadie más a tu alrededor y aunque parezca que nada cambia. «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo». Puedes decirlo en voz alta: «Dios me ama y está aquí».

David también conoció el miedo. Huyendo de sus enemigos, escribió: «En el día que temo, yo en ti confío». No dijo que nunca tendría miedo, sino qué haría cuando lo tuviera. Tú puedes hacer lo mismo: cuando el temor llegue, conviértelo en una señal para volver a confiar. Y en otro salmo dijo: «Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?». La luz de Dios disipa las sombras que parecen monstruos.

Muchas veces el miedo crece cuando estás solo con tus pensamientos y empiezas a imaginar lo peor: que algo malo le pasará a tu familia, que vas a fracasar, que nadie te quiere. Esos pensamientos no vienen de Dios. «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Puedes detener esos pensamientos y reemplazarlos con lo que Dios dice de ti.

Dios tiene buenas promesas para ti

Todos esperamos algo de cada día. Algunos esperan cosas buenas; otros, sin darse cuenta, esperan cosas malas. Dios le dijo a Jacob, cuando huía solo y con miedo: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres… porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho». Esa promesa es para ti también: en todas las situaciones que vivas, Dios estará contigo.

Versículo clave

«He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.»

Génesis 28:15

Puedes esperar cosas buenas de Dios: terminar bien tus estudios, llegar a la universidad, ver a tu familia restaurada, formar algún día un hogar, tener un buen trabajo o un negocio. Si solo esperas lo malo, vivirás con el corazón preparado para la derrota. Pero si te aferras a sus promesas, vivirás con esperanza. «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis».

A veces un amigo promete llegar y no llega. Dios no es así. «Dios no es hombre, para que mienta». Todas las promesas que te ha hecho las va a cumplir. Quizá le dices: «Señor, me lo prometiste y todavía no pasa». Su tiempo no es el tuyo, pero su palabra no falla. Esperar en él no es perder el tiempo: es prepararte para ver lo que prometió.

Confía en él y salta

Una niña que todavía no sabía nadar se lanzó del trampolín con sus flotadores en los brazos. No tenía miedo, porque sabía que su papá la estaba esperando en el agua con los brazos abiertos. Tenía la certeza de que no se hundiría. Así es Dios: quiere que te dejes llevar a sus brazos de amor y confíes por completo en él, en cada paso, en cada decisión y en cada día.

Quizá tus noches son difíciles, o quizá en pleno día te sorprenden ataques de ansiedad o de pánico. Es real, y es muy duro; muchos lo han vivido. No tienes que avergonzarte de hablarlo con tus padres, con un líder o con alguien de confianza que ore contigo. Y sobre todo, llévalo a Dios: «Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros».

Cuando los discípulos cruzaban el lago, se levantó una gran tormenta y las olas cubrían la barca. Jesús dormía. Lo despertaron gritando: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Él les dijo: «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?». Luego reprendió a los vientos y al mar, y se hizo grande bonanza. Los discípulos tenían miedo, igual que tú a veces; pero Jesús estaba en la barca. Él está en tu barca, en medio de tu familia y de todo lo que haces. Lo único que tienes que hacer es confiar.

Confiar no significa que nunca habrá tormentas, sino que no estarás solo en ellas. Jesús no les prometió a sus discípulos un viaje sin olas; les prometió que llegarían al otro lado, porque él iba con ellos. Cuando confías, puedes descansar aun en medio del viento, como Jesús, que dormía en la barca porque sabía que el Padre tenía el control.

Una oración para tus noches

Antes de dormir, puedes orar así: «Señor, te entrego mis miedos y mi ansiedad. Gracias porque tu amor echa fuera el temor. Creo en tus promesas, aunque todavía no las vea. Confío en ti como un niño que salta a los brazos de su padre. Gracias porque estás en mi barca. Lléname de tu paz». «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado».

Los monstruos de la noche suelen ser sombras. Lo que es real es el amor de Dios, sus promesas y su presencia. Él está contigo hoy, mañana y siempre, y tiene cosas buenas preparadas para ti. No vivas con miedo: vive confiado. Y si esta noche vuelve a aparecer una sombra en la pared, enciende la luz de su palabra, ora, y descansa en los brazos del Padre que nunca duerme.

Referencias bíblicas