Repite: «Por la fe, cambio». «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta». La fe y el conformismo se oponen: mientras más te aferras a quedarte como estás, menos dispuesto estás a creer y avanzar.
Versículo clave
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.»
Romanos 12:2
Hay personas que por fuera se visten a la moda, pero por dentro siguen aferradas a una temporada de hace cuarenta años. No es cuestión de edad, sino de disposición a renovarte ante lo que Dios dice y quiere hacer en ti y a través de ti. Abre tu corazón a nuevos desafíos y a lo nuevo que Dios tiene para tu vida.
Hay quienes están «mixtos»: una parte de ellos cambió y otra sigue igual. Le preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no ayunaban como los de Juan, y él respondió que ya vendrían días para ayunar. Y añadió: «Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres». El odre viejo no soporta lo nuevo.
Jesús confrontó las estructuras y la falta de disposición al cambio. Sus discípulos estaban preparados para recibir lo nuevo, mientras la religiosidad impedía a otros aceptar la transformación; por eso los fariseos criticaban a Jesús, aun cuando hacía milagros. La fe es una disposición que trae esperanza, cambios y milagros.
La fe se mueve fuera de la zona de confort
Cambiar puede doler, porque implica probar, aprender, esforzarte y correr riesgos. Muchos prefieren quedarse en su zona de confort, pero una fe que nunca se arriesga nunca sale de allí. Jesús fue desnudado, golpeado, escarnecido en la cruz; pero esa vergüenza no llegó a su interior, porque sabía que moría por ti y que resucitaría al tercer día. «Por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio».
«Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará». Arriésgate, en lugar de buscar comodidad todo el tiempo. Pedro quiso caminar sobre el agua: salir de la barca es dejar la zona segura para avanzar a otro nivel. Y si te hundes, aprendes. No naciste para quedarte en la barca. Y el mismo Pedro llegó a ver cómo la gente sacaba a los enfermos a las calles para que al menos su sombra cayera sobre ellos: una fe que se mueve.
Moisés salió de Egipto y rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, aunque vivía en un palacio. Aparece entre los héroes de la fe, aunque lo asociemos con la ley. Aceptó dejar una posición de comodidad.
La comodidad no significa necesariamente estar en el propósito de Dios. Aun en el desierto puedes estar gozoso si estás en su voluntad; aun en el horno, Dios está contigo. Jesús no vino a abolir los principios, sino que tomó forma de siervo y se hizo semejante a los hombres para salvarlos. ¿Cuánto estás dispuesto a cambiar tu forma para que otro conozca la salvación?
El dolor del cambio es menor que el dolor de la frustración de no haber cambiado. Cambiar puede doler, pero te lleva a la voluntad de Dios y a algo mejor. No se trata de cambiar por cambiar, sino de no aferrarte a una forma pasada cuando Dios te llama a renovarte.
Deja Egipto, y deja las cebollas
Dios quería renovar y transformar a su pueblo. Moisés le pidió a Faraón: «Deja ir a mi pueblo, para que me celebre fiesta». Era una oportunidad para tener fe. Pero en el camino el pueblo se rebeló y quiso regresar. Salieron de Egipto, pero Egipto no salió de ellos. Lo que antes te impulsaba puede convertirse en lo que te esclaviza.
Hay éxitos o temporadas pasadas que llegan a determinar tu identidad y tu dirección. Lo que abrazas así puede impedirte avanzar. «Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos». Imagina tener esas cebollas en la mano, oliéndolas, recordando el sabor del estofado de Egipto, mientras la tierra prometida espera adelante.
Deja de contemplar las cebollas. Mirar continuamente al pasado te lleva a llorar y frustrarte de nuevo. Dios tiene cosas mejores. El problema del pueblo no era el desierto ni Egipto, sino su corazón: allí estaba la escasez. Lleva cada éxito delante de Dios, y mantén una vida de fe y de desafíos, fuera de la zona de confort.
Lo que Dios hizo en el pasado fue glorioso, pero hay nuevas glorias: vas de gloria en gloria, y vienen más milagros y cosas mayores. Tu mejor tiempo no ha pasado: está por venir. Por la fe, cambio.
Abraham: sal, mira y cree
Dios llamó a Abraham a salir de su tierra y de su parentela: a dejar su zona de confort, para recibir cosas mayores. Abraham le dijo a Dios: «Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa». Y Dios le respondió: «No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia».
Versículo clave
«Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.»
Génesis 15:5
Imagina a Abraham sentado en su tienda, frustrado por no tener heredero, rodeado de sus propias «cebollas». Y Dios le dice: «Sal fuera». Deja el lugar donde no puedes ver la grandeza, y ejerce tu fe. Mirar las estrellas es empezar a creer en la promesa.
Si te da miedo invertir o salir de tu zona de confort, créele a Dios. Los hijos de Dios son cabeza y no cola, y deben ser ejemplo de obras de fe. La fe y las obras no se pueden divorciar. ¿Qué te está impidiendo recibir un milagro? Deja que Dios entre en lo profundo de tu vida. Algo tiene que cambiar para que suceda algo diferente.
Imagina la noche en que Sara supo que estaba embarazada. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob puede ser también tu Dios: tú también puedes estar en esa lista. La fe te introduce en una historia que no imaginabas. Isaac nació: los cambios que provoca la fe dan fruto.
«Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición». No solo serás bendecido: serás bendición. No aparentes: deja que Dios transforme lo profundo de tu vida. No hay nada que Dios no pueda cambiar en ti. ¿Lo crees?
Fe que Jesús reconoció en otros
Un centurión romano, que no era judío, le dijo a Jesús: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará». Y Jesús dijo: «Ni aun en Israel he hallado tanta fe». También la mujer sirofenicia insistió con fe, y Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe». La fe no se mide por pertenecer a un grupo: Jesús reconoció fe en personas de fuera de Israel.
Rahab está entre los héroes de la fe. Imagínala contando su historia: «Yo estaba allí cuando llegaron dos espías. Me hablaron del Dios que abrió el mar Rojo. Y entendí que yo no había sido creada para la vida que llevaba, sino para algo mejor». Ella dijo: «Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra».
No uses tu pasado como excusa para seguir igual. Arrepiéntete, y dale la bienvenida a quien se acerque al reino de los cielos. Rahab aparece entre los héroes de la fe y en la genealogía de Jesús. La fe puede producir un cambio enorme, y la misericordia de Dios se da a conocer a través de una vida transformada.
El mundo no puede ofrecerte nada mejor que Dios: solo imitaciones. Cuando cayó Jericó, Rahab y su familia fueron salvados. No hay excusas para volver atrás ni para seguir en lo mismo. Que se levante una generación de héroes de la fe.
Recibe a Jesús
Dios sacó a Abraham a mirar las estrellas, y le enseñó a mirar la grandeza de la promesa; Abraham creyó, y le fue contado por justicia. Que el Espíritu ponga en ti la convicción de despertar, creer y avanzar a un nuevo nivel. Es tiempo de que la gracia y el favor de Dios te sorprendan. Los cambios que vienen por la fe dan fruto.
La cruz es la mayor expresión de fe: Jesús tomó forma de siervo, se hizo hombre y dio su vida por ti. Esa obra ha cambiado vidas, y Jesús quiere seguir cambiando la tuya. Abre tu corazón para recibir un nuevo cambio, y recíbelo a él. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador». El cambio implica esfuerzo, aprendizaje y riesgo. Pero vale la pena: por la fe, cambio.
Referencias bíblicas
- Romanos 12:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 9:14-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:23-29 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 15:2-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 12:1-3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 8:5-13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 15:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


