EN Oración
Serie Eleva

Remontar el vuelo frente a la frustración y la oposición

Dios te ordena remontar el vuelo como el águila. No dejes que los cuervos de la frustración y la oposición te detengan: persevera, confía en Dios y mantente conectado con sus planes.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
36 min

Dios le preguntó a Job: «¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido?». Así como Dios ordena al águila elevarse, hoy te llama a remontar el vuelo. Remontar es elevarse, subir. El Espíritu Santo sopla vientos frescos, que vienen del corazón de Dios, para que te eleves.

Versículo clave

«¿Se remonta el águila por tu mandamiento, Y pone en alto su nido?»

Job 39:27

El águila no vuela como las demás aves: se lanza y remonta cuando encuentra los vientos adecuados. A veces un cuervo se posa sobre su espalda y la picotea para impedir que suba. Hay dificultades que te hostigan así. Dos de esos cuervos son la frustración y la oposición.

El cuervo de la frustración

La frustración es esforzarte, invertir tus energías y tus ideas, y no obtener el resultado que esperabas: sembrar y no ver la cosecha deseada. Entonces dices: «Señor, esto no está funcionando». Sara era estéril y esperaba un hijo. Propuso que Abraham se llegara a Agar; Agar concibió, pero el resultado no fue lo que Sara esperaba. Quizá también has probado muchas cosas sin ver el resultado que deseas.

Imagina a los israelitas dando vueltas alrededor de Jericó: una vuelta, dos, tres, cuatro, preguntándose si los muros realmente caerían. Imagina al criado de Elías subiendo una y otra vez a mirar si venía la lluvia, preguntándose si la oración funcionaba. La frustración aparece cuando insistes y todavía no ves el resultado.

Hay frustraciones tan intensas que quisieras jalarte el pelo. Pero Dios quiere llevarte a un nuevo nivel, aunque todavía no veas lo que esperas.

Dos discípulos iban camino a Emaús. Jesús se les acercó y les preguntó: «¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?». Uno de ellos, Cleofás, le contó lo que había pasado con Jesús nazareno, «varón profeta, poderoso en obra y en palabra», y añadió: «Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día». Estaban frustrados, porque lo que esperaban no sucedió como lo esperaban. La frustración mezcla tristeza y enojo.

La persona frustrada repite una y otra vez la conversación sobre el problema, como si hablar más de él fuera a resolverlo, como un hámster que da vueltas en su rueda sin avanzar. Las mujeres les habían dicho que Jesús vivía, y otros discípulos lo confirmaron, pero ellos no creyeron. Ni siquiera reconocieron que Jesús caminaba a su lado. La frustración les impedía ver y escuchar lo que Dios quería mostrarles.

Seguir elevándote sin quedar detenido

No vivas paralizado por la frustración. Hay un nivel de madurez en el que lo que antes te hacía llorar ya no te produce el mismo sufrimiento ni la misma reacción. Deja que los cuervos se agoten mientras sigues elevándote con fe y fuerza, confiando en que Dios está presente. La dificultad quizá no desaparezca de inmediato, pero no dejes que determine cada una de tus respuestas.

David remontó el vuelo cuando las palabras de Goliat dejaron de afectarlo, y entró en otra etapa cuando las amenazas de Saúl dejaron de dominarlo. Cuando los desprecios de Sara dejaron de afectar a Agar, ella recibió de Dios la promesa para su hijo Ismael. Cuando Abraham dejó de estar dominado por la frustración del paso del tiempo y por los pensamientos de que era viejo y débil, llegó el hijo de la promesa.

Naamán se frustró ante la instrucción de lavarse siete veces en el Jordán, un río que consideraba inferior; cuando dejó de afectarlo, llegó el milagro. Cuando Israel dejó de estar dominado por la frustración de repetir la vuelta alrededor de Jericó, los muros cayeron. Cuando a Ester dejó de importarle que Amán estuviera sentado a su mesa, el rey le extendió el cetro. No dejes que lo que te hostiga te impida avanzar.

«Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando». Llega a un nivel en que tus angustiadores ya no te dominen, y Dios hará que tu copa rebose de gozo, alegría y fuerza. Declara: «Voy a remontar el vuelo».

El cuervo de la oposición

El segundo obstáculo es la oposición. Los vientos contrarios no siempre impiden subir: también pueden impulsarte a nuevas alturas. Dios puede permitir la oposición para darte la oportunidad de crecer.

En el segundo año de su reinado, Saúl escogió tres mil hombres: dos mil estaban con él y mil con su hijo Jonatán. Jonatán atacó la guarnición de los filisteos, y los filisteos se juntaron para pelear contra Israel: treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo y pueblo numeroso como la arena del mar. Los israelitas, viéndose en estrecho, se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas.

Jonatán tenía una visión diferente. Ante la oposición, a veces quieres salir corriendo. Pero Dios le dijo a Moisés en la zarza: «Quita tu calzado de tus pies». Moisés tenía que dejar de huir de Faraón para convertirse en el libertador de un pueblo.

Jonatán dijo a su paje de armas: «Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos», y no lo hizo saber a su padre. Saúl estaba sentado debajo de un granado, en Migrón, y el pueblo que estaba con él era como seiscientos hombres. Mientras Saúl estaba sentado, Jonatán tomó la iniciativa. Una estrategia humana no basta para avanzar: hace falta la estrategia de Dios.

Entre los pasos por donde Jonatán procuraba pasar había un peñasco a un lado y otro al otro: uno se llamaba Boses y el otro Sene. Y Jonatán dijo: «Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos». Cuando Dios declara que llegó el tiempo de la victoria, ninguna oposición puede arrebatar lo que él determinó.

Versículo clave

«Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.»

1 Samuel 14:6

Eran solo dos. El miedo mira; la fe salta. Da el paso confiando en que Dios puede darte la victoria, y celebra desde ahora lo que él hará. Boses significa «brillante» y Sene, «espinoso». Puedes mirar la oposición como una ocasión para ver la gloria y la victoria de Dios, o como una espina que te molesta en todo.

Jonatán subió trepando con su paje de armas, y en aquella primera matanza cayeron como veinte hombres. Y hubo pánico en el campamento, y la tierra tembló. Si estás cansado de esconderte en cuevas y cisternas, levántate con fe. Cuando los hijos de Dios actúan con valentía, el enemigo entra en pánico. Haz tu parte con firmeza, y Dios hará el resto.

El águila no baja a tierra a pelear con el cuervo: sigue remontando. A medida que sube, el aire se hace más delgado, el cuervo se queda sin oxígeno y cae. No te concentres en combatir cada dificultad: sigue elevándote y obedeciendo lo que Dios te pide. No te preocupes por los cuervos que te hostigan: si te mantienes arriba, caerán.

Tus cuervos pueden ser una enfermedad, un problema financiero o cualquier otra dificultad. Mantén el rumbo, cobra valor y créele a Dios en esta temporada. Si remontas el vuelo y te mantienes donde debes estar, sin distraerte con el cuervo que te fastidia, oirás al Espíritu Santo decirte: «Todo estará bien». Mantenerte en las alturas es seguir conectado con Dios, con sus planes y con sus propósitos.

Una respuesta de fe y gratitud

Declara que los cuervos que te han fastidiado caerán, y que nada podrá detener lo que Dios quiere hacer en tu vida. Levántate, enfrenta tu situación y dispónte a los planes y propósitos de Dios. Da gracias por los milagros que vienen, por una nueva temporada, por las salidas y por lo que Dios añadirá. En Cristo Jesús eres más que vencedor.

Que se vaya el temor a los cuervos, la frustración, el temor a la oposición y las ganas de salir huyendo. Si quieres iniciar una vida eterna con Jesús, ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados; te pido que entres en mi vida y seas mi Señor. Gracias, Jesús, por la vida eterna que me das».

Prepárate para un nuevo nivel. Espera milagros que nunca pensaste que Dios podía hacer, y elévate como nunca antes.

Referencias bíblicas