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Serie Estatus

Resolver los conflictos en el noviazgo

En toda relación hay conflictos, porque todos somos imperfectos, pero podemos estar en las manos del Perfecto. Conocer tu temperamento, buscar la reconciliación, responder con palabras que sanan, enfocarte en lo bueno del otro y respetar límites te ayudan a resolver los conflictos. El noviazgo es un tiempo para conocer y decidir, y la mejor decisión es ponerte de acuerdo con Dios.

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Duración
20 min

¿Quién no ha tenido una pelea, una situación difícil o un conflicto con su pareja? Todos. Por eso es importante aprender a resolverlos. Ninguna relación es perfecta, porque todos somos imperfectos; pero cuando la relación está en las manos de Dios, que es perfecto, él nos ayuda a resolver los conflictos. Estas son algunas lecciones que muchas parejas, de novios y de casados, han aprendido en el camino.

Conoce tu temperamento

Hay personas de «mecha corta»: se enojan rápido, a veces por cosas pequeñas que no valen la pena, aunque el enojo también se les pasa pronto. Otras son de «mecha larga»: cuesta mucho que se enojen, pero cuando se enojan, se enojan de verdad. Algunas necesitan un espacio para respirar, pensar cuál es la raíz del problema y calmarse antes de hablar, porque saben que en el enojo pueden decir cosas que no quieren decir. Conocerte y conocer a tu pareja te ayuda a manejar mejor los conflictos. «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo».

También hay diferencias que provocan roces: alguien distraído que olvida detalles o no presta atención en una conversación seria mientras come; alguien muy organizado frente a alguien relajado e impuntual; alguien que quiere arreglarlo todo frente a alguien que necesita espacio. Esas diferencias no tienen que destruir la relación; pueden ser oportunidades para crecer, si se conversan con amor.

Busca la reconciliación

En muchas parejas, uno busca reconciliarse rápido —«resolvámoslo y demos vuelta a la página»— y el otro necesita tiempo para procesar. Ambas cosas se pueden respetar. Un consejo sabio dice que alguien debe tener la humildad de pedir perdón primero, aunque no esté seguro de haber tenido toda la culpa. Esa actitud muchas veces lleva al otro a reflexionar. «La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor». Una respuesta suave calma la tensión y evita peleas mayores.

Versículo clave

«La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.»

Proverbios 15:1

Otro peligro es callar: cuando uno dice «no pasa nada» y en realidad está pasando todo. Muchas parejas se han prometido algo sencillo: si algo te molesta, lo hablamos. Guardar el enojo solo hace que crezca. Y aun las peleas más tontas —como discutir en la luna de miel porque uno quería seguir comprando y el otro no— enseñan a resolver rápido y a reírse después. Lo importante no es recordar la primera pelea, sino aprender de cada una.

Pedir perdón y perdonar son la base para resolver cualquier conflicto. «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo». No se trata de ganar la discusión, sino de cuidar la relación. Quien siempre necesita tener la razón termina solo con su razón.

Palabras que hieren o que sanan

«Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina». Cuando hablas sin pensar, tus palabras penetran como un cuchillo; quizá tú lo olvides rápido, pero en el otro puede quedar una gran herida que los aleje. Muchos han tenido que aprender a no responder «con el hígado», diciendo lo primero que sienten para sentirse bien a costa de hacer sentir mal al otro. La raíz está en tu objetivo: ¿quieres herir o quieres resolver? Si de verdad te importa la persona, buscarás solucionar y hablarás de otra manera.

Versículo clave

«Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.»

Proverbios 12:18

Muchas veces te enfocas más en lo malo de la persona que amas que en lo bueno. Cuando agrandas sus virtudes, sus defectos se hacen pequeños, y eso te ayuda a verla de otra forma. «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable… en esto pensad».

El amor verdadero se describe así: «El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor». Antes de reclamarle a tu pareja, pregúntate cuánto de ese amor estás practicando tú. El conflicto revela lo que hay en el corazón, y también puede ser la oportunidad para que Dios lo forme.

Nadie más que Dios puede cambiar a una persona

El noviazgo es una oportunidad para conocer a la persona con quien quizá te comprometerás, y la forma en que resuelve los conflictos te muestra mucho de quién es. No entres en una relación pensando: «Yo lo voy a cambiar» o «ella me va a cambiar». Puedes amar, aconsejar y apoyar, pero solo Dios cambia a una persona. Aprende a valorar al otro como es.

Otro error frecuente es creer que, por ser novios, uno tiene derechos sobre el otro: «No te dejo ver a tus amigos», «no puedes salir con tal persona». Eso no es sano. En el noviazgo no le pides permiso a tu pareja, sino a tus padres. «Honra a tu padre y a tu madre». Ya en el matrimonio, los esposos se ponen de acuerdo y se someten el uno al otro; pero el noviazgo no es un matrimonio. Respeta también las reglas y los principios de la casa de tu pareja.

Cinco consejos para los conflictos

Primero, comunicación: aprende a hablar siempre, con palabras amables. Segundo, acuerdo: «¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?». Tercero, límites: respeta los límites de tu pareja, y que ella respete los tuyos. Cuarto, humildad: un corazón humilde permite que Dios trabaje en la relación. Y quinto, conocer para decidir: el noviazgo es una relación de amistad para conocerse y decidir si habrá matrimonio. Ese es su propósito. Si en el noviazgo los conflictos se resuelven con gritos, control o manipulación, presta atención: es una señal que no debes ignorar. Si se resuelven con diálogo, respeto y perdón, es una buena base para el futuro.

Más allá de tu estado —soltero, de novio o casado—, el acuerdo más importante es con Dios, que tiene todo preparado para tu vida. Puedes orar: «Señor Jesús, quiero ponerme de acuerdo con tus planes para mi vida. Perdona mis pecados; te recibo en mi corazón como mi Salvador. Ayúdame a tener mejores relaciones con mis amigos, con mi familia y con mi pareja». Cuando estás de acuerdo con Dios, aprendes a resolver los conflictos con su amor, su paciencia y su sabiduría, y tu relación se convierte en un lugar donde ambos crecen.

Referencias bíblicas