Avanza a un nuevo nivel de fruto. Todos tenemos áreas en las que todavía no hemos dado fruto y en las que necesitamos que Dios obre. La pregunta no es solo qué queremos alcanzar, sino qué está formando Dios en nuestro corazón.
El fruto vale más que el oro
«Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida». Hay quienes regalan una cadena que parece de oro y resulta ser fantasía. Hay quienes llevan cadenas con diamantes y su nombre escrito en piedras. Lo que impresiona a la gente no necesariamente tiene valor para el cielo.
Versículo clave
«Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; Y mi rédito mejor que la plata escogida.»
Proverbios 8:19
El fruto no es lo mismo que el éxito. Puedes alcanzar éxito financiero con tus dones naturales y, al mismo tiempo, apartarte de Dios y de su propósito. El fruto tiene que ver con el corazón: santidad, fe, templanza y confianza en Dios. Que tengas éxito, pero sobre todo fruto, porque la apariencia de logro puede impresionar a los demás sin mostrar lo que ocurre en tu vida interior.
Puedes tener éxito y comprar una casa; pero la paz dentro del hogar es fruto de lo que has permitido que Dios haga en ti y en tu familia. Dios puede añadirte cosas, incluso lo que no has imaginado, pero los logros externos no bastan si no hay fruto en el corazón.
Oír la Palabra y echar raíces
Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: es la semilla junto al camino. Cuida la palabra que recibes. Un corazón endurecido impide que dé fruto.
El que fue sembrado en pedregales es el que oye la palabra y al momento la recibe con gozo, pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración; pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. Emocionarte al recibir o compartir la Palabra es parte de cómo Dios te hizo. Pero la emoción, por sí sola, no es fundamento cuando llegan la adversidad y las dificultades.
Un esposo le regala rosas a su esposa, no raíces. Las flores son lindas, se ponen en agua y se cuidan, pero duran poco porque ya no tienen raíz. Así es una fe que se queda en la emoción, que no permite que Dios forme la vida ni despierta hambre de aprender más de la Palabra. Las raíces no son lo más bonito a la vista, pero sostienen lo que no se ve. Plántate en el reino y arráigate en el Señor.
Algo en la iglesia puede ofenderte o molestarte y convertirse en ocasión para desarraigarte. No hay iglesias perfectas: la iglesia es una casa con imperfecciones donde seguimos aprendiendo, sembrando y creciendo. Permanece en el proceso y darás fruto, más fruto y mucho fruto. Si llegas por primera vez, date un año plantado en una comunidad: confía en lo que Dios hará en tu vida.
El afán puede ahogar la palabra
El que fue sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. A todos nos ha pasado. Es una vida llena de afán, preocupada incluso por los problemas de mañana y de pasado mañana antes de que lleguen.
Limita tu consumo de malas noticias, que muchas veces desinforman más de lo que informan. Ignora lo que no puedes controlar y enfócate en lo que sí: dar fruto en medio de lo que estás viviendo. No necesitas conocer todos los detalles para dar el próximo paso; basta saber que Dios está contigo y no te dejará solo. Querer saberlo todo sobre mañana, la semana próxima o el año entero puede impedirte recibir la Palabra.
No necesitas conocer el plan de Dios para los próximos cinco años para ofrecerle lo mejor hoy. Si reconoces que has sido tacaño, ¿cómo dejas de ser avaro? Ejerciendo la generosidad. El fruto no es solo una intención: es una respuesta que se practica.
Adán y Eva fueron desarraigados del lugar donde Dios los había plantado y apartados de su plan. Esfuérzate en la gracia que has recibido y asume, junto con la iglesia, la responsabilidad de dar fruto.
La tierra buena puede dar más fruto
El que fue sembrado en buena tierra es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. Si estás en treinta, aspira a sesenta; si estás en sesenta, aspira a ciento. No sabes en qué medida estás, pero todavía hay mucho por hacer para dar fruto.
Distingue entre lo que no puedes controlar y lo que sí. Ora por lo que escapa de tus manos, y ríndete a Dios y da fruto en las áreas en las que sí puedes responder. Si quieres el gozo del Señor, fruto del Espíritu, pero pones tus prioridades y tus raíces en el trabajo, la empresa, el dinero o las posesiones, ¿cómo esperas recibirlo de esas cosas? Hay quienes buscan en un concierto un gozo que no puede durar cuando la raíz está en otro lugar.
José: avanzar aun en una cisterna
Trajo hambre sobre la tierra, y quebrantó todo sustento de pan. Envió un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por siervo. «Lo envió delante», aunque el camino incluía una cisterna. A los ojos humanos, José parecía detenido o ir de mal en peor, pero Dios veía fruto y lo estaba preparando.
Quienes vieran a José en la cisterna, sin la túnica de colores, podrían haberlo criticado. Parecía un fracaso para quienes miraban la situación, pero no lo era desde la perspectiva del fruto.
Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Las cadenas hirieron sus tobillos, pero su corazón no quedó herido. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida. José no podía controlar la cisterna ni los grilletes, pero su corazón podía permanecer dispuesto a dar fruto.
Comprométete a crecer en el evangelio, en Dios y en su Palabra: requerirá esfuerzo y sacrificio. Si buscas una y otra vez confirmaciones, la confirmación viene después del compromiso. José tuvo sueños, y la palabra de Jehová lo probó hasta que llegó la hora: Dios estaba formando su carácter para algo grande.
No descanses en tus dones como si pudieran sostenerlo todo. Ríndete a Dios y comprométete, para que tu carácter sea formado y des fruto donde antes no lo había. Frente a la esposa de Potifar, lo que José podía desear en la carne no era más importante que lo que Dios tenía para su vida.
Dar fruto en medio del dolor
En medio de una fuerte turbulencia en un avión, un pasajero puede empezar a decir que el avión se va a caer y a preguntarse qué pasará con sus hijos pequeños. Aun en el peor escenario que imagina, Dios cuidaría de ellos. La preocupación por lo que no controlas puede consumirte.
Una viuda tenía acreedores que querían llevarse a sus hijos por las deudas de su esposo, y el profeta le dijo que buscara vasijas vacías. Deja de intentar controlar lo incontrolable y enfócate en lo que sí puedes hacer.
Hay dolores fuertes y momentos en que tienes la oportunidad de victimizarte. Puedes llorar y clamar a Dios, y sentir al Espíritu Santo reconfortándote. Decide pedir que el dolor y la angustia produzcan fruto: no salir igual, ni salir amargado. Da fruto en medio del dolor, suelta el control de lo que corresponde soltar y ocúpate de lo que te toca hacer.
El rey lo puso por señor de su casa, y por gobernador de todas sus posesiones, para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, y a sus ancianos enseñara sabiduría. José tenía autoridad, y esa autoridad venía del fruto. Imagina a José hablando con alguien angustiado desde lo que vivió en la cisterna: una palabra tiene otro peso cuando ha pasado por la propia experiencia.
Instruye a otros desde lo que has vivido: ayuda a quienes pasan por escasez y también a quienes atraviesan abundancia, recordándoles que no desplacen a Dios de sus prioridades. Quien solo acumula conocimiento sin rendirse a la Palabra es como un colador: lo bueno pasa y la basura queda. Cuando te rindes, aunque tus raíces no parezcan bonitas, creces hacia abajo y te preparas para dar fruto.
Una vida visible que bendice a otros
Que tus vecinos no solo oigan un versículo, sino que puedan verlo en tu vida. El fruto da autoridad: como la de quien sigue sirviendo al Señor aun después de quebrarse un pie y ser operado. Habrá momentos difíciles, pero es mejor atravesarlos sirviendo a Dios que dejar de servirle.
Y multiplicó su pueblo en gran manera, y lo hizo más fuerte que sus enemigos. Esa multiplicación también se ve en una iglesia de hombres y mujeres con fruto. Imagina a alguien que antes parecía a punto de arder al entrar en una iglesia, y que ahora habla de Jesús y lleva a otros: «¿Qué te pasó?».
El fruto de un árbol de mangos no queda escondido. No te quedes atrapado en un comentario negativo en las redes cuando hay tanto por hacer: enfócate en ver la gloria de Dios. Si juzgaran a José por haber estado en la cárcel, no verían que Dios lo prosperaba.
Donde hay fruto, hay multiplicación. Permanece: el que permanece en Cristo lleva mucho fruto. «Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación». Puede no haber éxito afuera en un momento determinado y, aun así, haber fruto adentro. Tú haces lo que te toca; no controlas el resultado.
Versículo clave
«Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.»
Habacuc 3:17-18
La fuerza y la firmeza vienen de Dios
«Jehová el Señor es mi fortaleza». Tu fuerza no viene de una empresa: si una empresa deja de funcionar, Dios sigue siendo soberano y puede darte nuevas ideas. «El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar». ¿Dónde está tu firmeza? Si tu raíz está en el trabajo, el dinero o una relación, tu base es inestable. Pon tu firmeza en Dios.
Puedes amar profundamente a tu cónyuge, pero tu firmeza no puede depender de él o de ella, ni la suya de ti. Jóvenes: no pongan su seguridad en un hombre o en una mujer. Ni el trabajo ni la chequera te sostienen como Dios. La confianza, la fe y la firmeza en la Palabra son parte del fruto.
Dios te hace andar sobre las alturas: un nuevo nivel de fruto. Por sus frutos los conoceréis. Mantén tu pie firme en lo que Dios ha dicho.
Plantarse, comprometerse y permanecer
¿Dónde estás plantado? Cuidado con el engaño de las riquezas, el dinero y el afán. Plántate en el reino y en la Palabra. Comprométete y permanece: no será fácil, pero será glorioso. Los hijos de Dios son formados.
Que no te conozcan principalmente como alguien de éxito, sino como alguien de fruto. El éxito puede añadirse, incluso de maneras que no imaginabas, pero no es lo que te sostiene: quien te sostiene es Dios. Un hijo puede apreciar los logros de su padre, pero valorará más lo que le enseñó de la Palabra, los besos y el tiempo dedicado. Ningún anillo se compara con el fruto de una vida transformada y un trato que ha cambiado.
No digas «así es mi personalidad» para justificar una conducta contraria a la voluntad de Dios. Si tu personalidad va en contra de la voluntad y la Palabra de Dios, debe cambiar conforme a ellas. Permanece y da fruto como Dios enseña, sin justificar lo que necesita ser transformado.
Pide al Espíritu Santo que toque tu vida. Reconoce las veces en que el afán y las preocupaciones te impidieron dar fruto de confianza y leer la Palabra. Pide perdón por haber sido tierra donde el afán ahogó una palabra con propósito. Pide un nuevo nivel de fruto, raíces profundas en la Palabra y permanecer aferrado a ella cuando llegue la aflicción y falte la emoción, en la cisterna, en la casa de Potifar y en las injusticias. Pide compromiso y obediencia, y no te dejes guiar solo por tus emociones.
Jesús fue a la cruz por el gozo puesto delante de él, y nosotros somos parte del fruto de su dolor. Ábrele tu corazón: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador.
Referencias bíblicas
- Proverbios 8:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 13:19-23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 105:16-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:23-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Habacuc 3:17-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 15:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Habacuc 3:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


