EN Oración
Serie Ventanas

Ventanas abiertas: creer, avanzar y compartir las buenas nuevas

Con la historia de Rahab y el relato de Samaria, aprende a aprovechar las oportunidades, a confiar en la palabra de Dios, a dar pasos de fe y a no convertir la bendición en una fiesta privada.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
44 min

Las ventanas son oportunidad y revelación: una abertura para ver no solo lo que uno desea ver, sino lo que Dios muestra sobre la propia vida. Abre tu corazón y tu mente, recibe esa perspectiva y aprovecha las oportunidades que llegan. La oportunidad no es solo esperar un cambio: es estar dispuesto a escuchar y responder.

Rahab: una ventana y un cordón de grana

Rahab vivía en Jericó antes de la caída de sus muros. Recibió en su casa a los espías del pueblo de Dios y les pidió que no se olvidaran de ella ni de su familia. La señal acordada fue un cordón de grana en la ventana, mientras la puerta debía permanecer cerrada. Esa ventana fue una oportunidad recibida: algo nuevo podía comenzar.

Rahab no se limitó a esperar que todo ocurriera. Oyó, creyó, confesó, oró y obedeció: tuvo que tomar decisiones. La oportunidad no significa que Dios haga por ti lo que te corresponde hacer. Y el cordón rojo recuerda la sangre de Cristo: la salvación no se obtiene por las propias fuerzas, sino por la sangre derramada en la cruz.

Cuidado con tus palabras. A veces hacemos «el trabajo del enemigo»: un esposo que le habla hirientemente a su esposa puede causar un gran daño. Ponte del lado de Dios y no des lugar a aquello que puede destruir tus relaciones o desviar tu vida.

Samaria sitiada

Samaria estaba cercada por los sirios y atravesaba un hambre extrema: se vendía a precio elevado el estiércol de paloma. Una mujer pidió justicia al rey: ella y otra mujer habían acordado comerse a sus hijos; ya se habían comido al suyo, y la otra escondía el propio. A ese deterioro había llegado la ciudad.

La crisis de Samaria se relaciona con la confianza puesta en ídolos falsos. También hoy un negocio o una casa pueden convertirse en dios cuando ocupan el lugar central. No mires con superioridad a aquella sociedad: cualquiera puede aferrarse a lo que tiene o desea. Nada puede reemplazar al Dios verdadero ni su palabra.

El alma, el corazón o los pensamientos también pueden sentirse sitiados, sin una salida visible. Y cada persona vive circunstancias distintas: una celebra que va a casarse; otra siente que el tiempo se le acaba porque ese momento no llega. Lo que determina tu vida no es la circunstancia aislada, sino en quién confías mientras la atraviesas.

En 2 Reyes 7:1, Eliseo anuncia que al día siguiente, a esa misma hora, habrá comida abundante y barata en Samaria. El cambio todavía no se ha manifestado, pero el profeta habla con certeza. El milagro no es solo el día en que se recibe, sino también el momento en que se cree la palabra de Dios.

Versículo clave

«Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.»

2 Reyes 7:1

Todos queremos recibir el milagro, pero hay otra respuesta: celebrar y confiar antes de verlo, porque hemos recibido una palabra en la que podemos descansar. Escucha la palabra de Dios y aférrate a ella en medio de una situación que parece cerrada.

Pedro no había pescado nada en toda la noche cuando Jesús le dijo que bogara mar adentro. Pedro era experto en pesca y venía de una noche infructuosa, pero respondió que echaría la red por la palabra de Jesús. Quizá oía voces de desaliento: que ya no había peces, que no había salida, que su trabajo fracasaría. Frente a esas voces, actuó apoyado en la palabra recibida.

Escuchar muchas voces no es lo mismo que obedecer la voz correcta. Lee la palabra de Dios y deja que oriente tus decisiones, en vez de quedar atrapado en mensajes que alimentan el temor o la comparación. ¿Tu influencia principal viene de Dios, de una chequera o de un número? ¿Te apoyas en TikTok, en Facebook o en el estilo de vida que otros muestran?

Diez de los doce espías llevaron malas noticias, y su informe afectó a todo el pueblo. Cada uno decide qué voces orientan su vida. Apóyate en gente que busca a Dios y camina en una misma visión, y, por encima de todo, en la palabra de Dios, confirmada por la misma palabra.

No basta con conocer mucho y experimentar poco. Sigue aprendiendo, pero experimenta también la presencia de Dios, su unción y su palabra. Un avión necesita balance: la enseñanza y la apertura del corazón van juntas. La ventana a lo sobrenatural sigue abierta: Dios no solo hacía milagros; los sigue haciendo.

El oficial en cuyo brazo se apoyaba el rey respondió con sarcasmo: ni aunque Jehová abriera ventanas en los cielos podría suceder aquello. Eliseo le contestó que lo vería con sus propios ojos, pero no comería de ello. El rey se apoyaba en el siervo equivocado, y también nosotros podemos apoyarnos en palabras, comparaciones o influencias que no sostienen la fe.

Una cosa es ver una promesa cumplida y otra beneficiarse de ella. Puedes recibir cosas buenas sin disfrutarlas si al final te atribuyes el resultado y dejas a Dios fuera. Agradece y reconoce a Dios como quien te sostiene. La bendición no debe hacerte olvidar su origen ni llevarte a vivir centrado en ti mismo.

Cuatro leprosos dan un paso de fe

Cuatro leprosos estaban sentados a la entrada de la ciudad. ¿Para qué quedarse allí? Si entraban, morirían de hambre; si se quedaban, también. Decidieron ir al campamento sirio y encomendarse a su misericordia: si los dejaban vivir, vivirían; si los mataban, morirían. Fue un paso de fe cuando ninguna alternativa parecía segura.

Nosotros estábamos muertos en delitos y pecados y no teníamos derecho a la vida eterna; pero por la sangre de Cristo llegamos a ser parte del pueblo de Dios. Como aquellos leprosos, menospreciados y fuera de la ciudad, no merecíamos nada, pero recibimos una oportunidad y Dios puede levantarnos y usarnos.

Arriésgate y avanza; no te quedes inmóvil esperando tener todos los detalles. Los leprosos no sabían qué encontrarían, pero sabían que no querían seguir en el mismo lugar. Es preferible morir creyendo que vivir dudando toda la vida. No se trata de ignorar el peligro, sino de actuar con confianza en medio de la incertidumbre y encomendarse a la misericordia de Dios.

La misericordia de Dios es nueva cada mañana, y cada día trae la oportunidad de aprovecharla. El perdón se recibe, pero avanzar requiere rendirse y responder a la misericordia presente. No le digas a Dios que mereces otra cosa: la misericordia consiste precisamente en no recibir lo que merecemos. La vida y lo que recibimos dependen de la gracia, no de nuestro mérito.

Cuando los leprosos llegan al campamento, no hay nadie. Dios había hecho que el ejército sirio oyera estruendo de carros y de caballos, como de un gran ejército, y huyó en la oscuridad dejando las tiendas, los caballos y los asnos. Cuatro leprosos débiles avanzaban, y el enemigo oía un ejército. No son nuestros pasos los que atemorizan al enemigo, sino Dios, que sostiene nuestra vida.

Hoy es día de buenas nuevas

En el campamento, los cuatro entran en una tienda, comen y beben, toman plata, oro y ropa, y lo esconden. Luego vuelven a otra tienda y hacen lo mismo. Pero la buena noticia era más grande que lo que tenían en las manos, y reconocen que no están haciendo bien.

«Hoy es día de buenas nuevas»: guardar la noticia para ellos mismos y convertirla en una fiesta privada no estaba bien. Podían acumular excusas por haber sido rechazados, humillados o abandonados, pero el bien recibido no debía quedar reservado para quienes lo encontraron primero. Volvieron a contar lo sucedido.

No te canses de hacer el bien. Uno puede cansarse, sobre todo cuando ha recibido mal y aun así intenta responder con bien. Pero no te corresponde ser juez ni usar el cansancio como excusa para abandonar la bondad. Dios renueva tus fuerzas para seguir haciendo lo bueno, y la cosecha llega a su tiempo.

Versículo clave

«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.»

Gálatas 6:9

Hacer el bien también transforma por dentro a quien lo practica. La mayor bendición no era la plata, el oro o la ropa, sino lo que Dios estaba haciendo en los leprosos. El corazón puede llenarse de amargura, como una lepra, si se deja dominar por el odio y la represalia. Seguir haciendo el bien, aun con cansancio o dolor, cuida tu corazón y te hace confiar en el tiempo de Dios.

Las bendiciones no deben convertirse en una fiesta privada ni en un reino personal. Recibir más no es motivo para dejar de congregarse ni para descuidar el propósito. Lo temporal no puede dar lo que solo Dios da, y tener recursos o comodidad no te quita la responsabilidad de compartir las buenas noticias.

El Padre ya está en el mañana

Un padre viajó muchas horas hasta un lugar donde ya era de día, mientras para sus hijos pequeños todavía era de noche. Los llamó y les dijo que ya era de día; ellos respondieron que veían noche. Le preguntaron cómo era el mañana, y él contestó: «Extraordinario». Aunque todavía no veas lo que sigue, el Padre ya está en tu mañana.

Muchas veces el cansancio no viene de ocuparse bien del presente, sino de gastar las fuerzas de hoy pensando en lo que ocurrirá mañana. Basta a cada día su propio afán: confía en que Dios estará allí cuando llegue el nuevo día. No consumas anticipadamente las fuerzas del presente por un futuro que todavía no ha llegado.

Samaria estaba sitiada, tenía hambre y no sabía qué comería, pero la palabra anunciaba abundancia para el día siguiente. Todos tememos, fallamos y necesitamos pedir perdón, pero Dios está presente y ya está en el mañana, aunque hoy no encuentres salida.

Quien se acerca a Dios tiene buenas nuevas que compartir: no hagas una fiesta privada de salvación mientras ignoras a tus vecinos o a quienes te caen mal. Cuenta que Jesús vive y resucitó, y que es el Dios de la vida de quienes creen.

Los leprosos murieron hace mucho, pero lo que Dios hizo en ellos permanece en la historia; las cosas que tomaron del campamento eran temporales. La buena noticia que compartimos es lo que Dios puede hacer en una circunstancia cerrada y quién es Dios para quienes confían en él.

La palabra de Eliseo se cumplió: el pueblo saqueó el campamento sirio y los precios bajaron de la noche a la mañana. La palabra de Dios se cumplirá al pie de la letra en tu vida. Aunque tu alma se sienta sitiada, apóyate en su palabra y confía en que Dios puede cambiarlo todo.

Una vida llena de bendiciones no debe apartarte de tu propósito. Si alguien deja de congregarse porque está demasiado bendecido, quizá ha convertido esos dones en su fiesta privada. Fuiste llamado a contar las buenas nuevas y a bendecir a otros. Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador.

Referencias bíblicas