Dios está abriendo ventanas de oportunidad. Por eso no puedes dormirte ni distraerte: necesitas estar despierto, hambriento y expectante, para que cuando la ventana se abra, estés listo.
Las ventanas del cielo son compuertas
«Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde». La palabra «ventanas» sugiere compuertas, cataratas: como una presa que se abre y deja pasar el agua. Así abre Dios las ventanas del cielo.
Versículo clave
«Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.»
Malaquías 3:10
El deseo de Dios es dar con generosidad. Su bendición alcanza a las familias, a los matrimonios y a generaciones enteras. No se trata de una salpicadura, sino de una inmersión: prepárate para empaparte de lo que Dios quiere hacer.
1. El desborde nace de la obediencia
«Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos… Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola… si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios». Ese pasaje está dentro de un contexto: la obediencia. Un versículo fuera de contexto es solo un pretexto. Si has dado pasos de obediencia y has rendido las áreas que Dios te pidió, prepárate para un desborde.
Pedro y sus compañeros habían pescado toda la noche sin conseguir nada, ni un pez. Pero Pedro dijo: «En tu palabra echaré la red». Hay momentos en que las circunstancias no pueden hablarte más fuerte que la voz de Dios, aunque no tenga lógica. Obedecieron, y las redes se rompían de tantos peces. Dios puede provocar un desborde con una sola orden del cielo.
Una viuda, a punto de perder a sus hijos por las deudas, fue a buscar la voz de Dios en Eliseo. Cuando estés en aprietos, deja de buscar voces extrañas y busca la voz de Dios. Ella solo tenía un poco de aceite. Eliseo le dijo: «Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas». Ella obedeció en seguida, cerró la puerta, y el aceite se multiplicó hasta llenar todas las vasijas. Dios espera una obediencia inmediata. A veces hay que cerrar la puerta a las voces de la incredulidad, para abrir espacio a la fe en tu casa, y que tus hijos crean como tú crees.
2. Ventanas para quien aprovecha lo que tiene
Hay dos actitudes: quienes se quejan todo el tiempo y quienes aprovechan lo que tienen. En tiempos de crisis, unos lloran y otros fabrican pañuelos. Dios abre ventanas a quienes, aun con limitaciones, mantienen un corazón dispuesto. No importa cuánto tienes, sino la disposición con que lo ofreces.
«Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?». Entre miles, solo ese muchacho ofreció lo suyo. El pan de cebada era el alimento de la gente humilde; Salomón usaba la cebada para sus caballos. Sin embargo, esa entrega hizo posible uno de los milagros más conocidos. Si estás escaso, pero has entregado todo con fe, sacrificio y esfuerzo, Dios usará lo poco para multiplicarlo y convertirlo en un banquete. Tu entrega, tu fe y tu disposición pueden desatar milagros.
3. Dios se sirve de lo débil
Dios también abre ventanas para quienes se sienten insignificantes, frágiles, sin fuerzas, o con la fe herida. Gedeón se sentía el más pequeño de la casa de su padre. Dios redujo su ejército a trescientos hombres, para que Israel no dijera: «Mi mano me ha salvado». Y lo envió de noche al campamento enemigo.
Allí oyó a un soldado contar un sueño: un pan de cebada rodaba hasta el campamento de Madián, golpeaba la tienda y la derribaba. Su compañero respondió: «Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón». Los madianitas veían a Israel débil y menospreciado, como pan de cebada; pero Dios estaba con él. Dios se sirvió de lo débil con Abraham y Sara, con Elisabet, con David. Puede usar tu debilidad para llevarte a la victoria y dar un giro a tu historia.
Gedeón tenía treinta y dos mil hombres; Dios los redujo a diez mil, y luego a trescientos. Cuando estás con Dios, tú y Dios son suficientes. Él no necesita muchos. Quizá dicen de ti: «Nunca va a salir de ahí; nunca lo va a lograr». Eso es justamente lo que Dios toma: lo vil, lo menospreciado, lo débil. Él abre el camino, y su mano te empuja a un nuevo nivel.
4. Reservado para un propósito
Dios abrirá ventanas para quienes se sienten estancados, paralizados o sin sentido. Jesús les dijo a sus discípulos: «Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo». Ese pollino estaba reservado para él. Hay cosas que Jesús se reserva para sí mismo, y tu vida es una de ellas. Aunque para otros no tenga sentido, para él tiene mucho propósito.
Versículo clave
«y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.»
Marcos 11:2
Buscarlo, desatarlo y traerlo. Si alguien preguntaba, debían decir: «El Señor lo necesita». El Señor tiene poder para desatar lo que está estancado en tu matrimonio, tu familia o tus finanzas. Cuando crees que tus defectos lo toman por sorpresa, le hablas como si fuera ciego. Él pagó un precio por ti, y te conoce.
Jesús se reservó un vientre virgen para nacer, una tumba nueva donde nadie había sido puesto, y un pollino que nadie había montado. Quizá hubo un tiempo de silencio en que preguntabas: «Señor, ¿para qué te sirvo?». Él te dice: «Eres mío. Te reservé para este tiempo, y te voy a usar con propósito». Cuando Jesús se acerca, alumbra las áreas no resueltas, los conflictos internos y las heridas que te paralizan, no para rechazarte, sino para desatarte.
Entrega tu manto al Señor
«Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino». Al tender sus mantos, reconocían el gobierno de Jesús. Todos llevamos un manto: una posición, recursos, talentos, fama, propiedades. La bendición puede llegar en abundancia, pero la clave es no olvidar que Jesús es el Señor. Ninguna casa, empresa, herencia o recurso debe ocupar su lugar.
Tira tu manto delante de Dios y dile: «No quiero ninguna bendición que me aparte de la verdadera bendición, que eres tú». Nada se le compara. Sin Jesús estás perdido; él es quien guía tu vida. Recibe con fe lo que Dios te habla, y entrégale el gobierno de todo.
Referencias bíblicas
- Malaquías 3:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 28:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 4:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 6:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 4:22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 7:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 11:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


