EN Oración
Serie Ventanas

Ventanas de oportunidad: una vida de fe en medio de la tormenta

Con la historia de Noé, cree, obedece y trabaja mientras esperas la promesa de Dios. En medio de la incertidumbre, la tormenta puede impulsarte hacia un nuevo comienzo, y tu vida interior necesita espacio para la obra del Espíritu Santo.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
43 min

Una ventana deja pasar la luz: deja entrar claridad y, a la vez, ofrece una vista hacia afuera. Los ojos son las ventanas del alma: una mirada revela alegría, preocupación o tensión. ¿Qué ves cuando miras lo que tienes delante, y qué dejas que entre en tu corazón?

Dispón tu corazón a recibir herramientas de la Palabra y cree que Dios puede obrar de maneras distintas en cada persona, mientras nos conduce a un propósito común. Que haya testimonios de lo que Dios está haciendo.

Cuando se abrieron las fuentes del gran abismo y las ventanas de los cielos, para el mundo que enfrentaba las aguas era el final; para Noé y su familia, el comienzo de una nueva etapa. La misma circunstancia puede vivirse como pérdida o como el cumplimiento de una palabra recibida.

Una promesa que requiere una vida de fe

La historia no comienza cuando empieza a llover. Noé había sido advertido mucho antes acerca de cosas que todavía no se veían, y por la fe preparó el arca para salvar a su familia. Pasaron cien años entre la palabra y el diluvio: no fue un breve impulso religioso, sino una vida sostenida por la fe.

Versículo clave

«Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.»

Hebreos 11:7

Imagina el costo de perseverar. Noé trabajaba en algo que nadie había visto, mientras pasaban los días y el paisaje seguía igual: años martillando bajo un sol que no anunciaba ningún diluvio. La pregunta no es solo si crees cuando recibes una palabra, sino si sigues caminando con Dios mientras todavía no ves su cumplimiento.

También pesan las opiniones ajenas. Te pueden llamar loco por ir a la iglesia o por seguir una convicción que los demás no entienden. No vivas para ganar aprobación: confía en la fidelidad de Dios y sigue adelante. Noé no caminaba solo: su familia estaba con él. Camina con Dios, no te limites a recibir un mensaje.

La fe de Noé se expresó en una construcción concreta: un arca de más de 140 metros, una tarea imposible de resolver con un entusiasmo momentáneo. No te intimides por lo grande. Si la palabra recibida te lleva a un desafío, el tamaño de la tarea no tiene que apagar tu confianza; puede inspirarte a trabajar con perseverancia.

Muchas veces queremos que todo cambie en ese mismo instante, e intentamos arreglar los problemas de mil maneras sin resultado. Dale lugar a Dios. Noé siguió construyendo mientras todavía no llegaba la señal visible.

La iglesia son las personas. Dios abre oportunidades para cumplir sus promesas, y su pueblo puede aceptar desafíos sin dejarse gobernar por el temor. La palabra que inspira no elimina el esfuerzo ni hace sencillo el camino, pero da razones para avanzar aun cuando la tarea parezca una locura.

En el arca no faltó alimento. La provisión va de la mano de la obediencia, la generosidad y el servicio. La confianza no se limita a pedir: también lleva a escuchar, obedecer y ser de bendición para otros. La vida que recibimos es para multiplicarse y servir.

El arca comienza a flotar cuando llegan las aguas: lo que Dios dice funciona, aunque haya días en que parezca que nada cambia. Afuera, los planes se detienen; Noé y su familia son sostenidos y dirigidos. Déjate guiar por Dios y no confundas la duración de la tormenta con el abandono de quien prometió sostenerte.

En tu matrimonio, con tus hijos, en tu juventud, puedes decidir hacer las cosas de otra manera. Levántate para un nuevo comienzo: una vida arraigada en Dios sigue funcionando, aunque el entorno sugiera lo contrario. Lo que para unos es el final puede ser para otros el inicio de un tiempo distinto.

El arca era fe manifestada: Noé no se limitó a declarar que creía, sino que trabajó. La fe sin obras está muerta. Ponte a trabajar, acepta que habrá desafíos y entiende que la fe precede a lo que todavía no se ve.

La fe se mueve: esfuerzo, prioridades y decisiones

Construir durante tanto tiempo fue incómodo, y una vida de fe puede exigir esfuerzo, críticas y renuncias. Pero hay cosas que nos corresponden y otras que solo Dios puede hacer: Dios no le pidió a Noé que enviara el diluvio, sino que construyera el arca. Nuestra parte es obedecer, no controlar el resultado.

El centro del evangelio no son tus intereses —la casa, el automóvil, una moto, una bicicleta o una relación—, como si Dios estuviera obligado a colaborar con tus planes. Jesucristo es el centro, y quienes creemos estamos llamados a servir. La pregunta no es solo qué vas a recibir, sino qué acciones de fe mostrarán que realmente escuchaste a Dios.

Hay un tiempo cronológico y un tiempo oportuno de Dios, y la desesperación aparece cuando una promesa tarda. Cien años parecen inconcebibles para quien se impacienta tras unos pocos días, pero la demora no prueba que Dios te haya abandonado. Sigue creyendo y sigue haciendo lo que te corresponde.

No saltes del arca. En la angustia puede ser tentador abandonar el proceso, pero la tormenta no demuestra que sea mejor huir. Y no arrastres a tu familia a decisiones precipitadas. Permanece en la confianza, aun cuando por dentro sientas que no puedes soportar un día más.

Hay momentos difíciles y voces que desaniman, y la tendencia es buscar salidas inmediatas. Pero hay un solo Salvador, y tu confianza no debe apoyarse en soluciones que no pueden sostener tu vida. La tormenta es real; también lo es la invitación a no renunciar a la fe mientras la atraviesas.

Versículo clave

«Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.»

Hebreos 11:6

No es lo mismo tener algo que tener al que es todo. No limites tu esperanza a una solución parcial: confía plenamente en Dios. Si lo que tienes delante es tan grande que solo Dios podría hacerlo, no niegues la dificultad: ajusta lo que crees y lo que haces a la palabra recibida.

Las ventanas de oportunidad pueden pasar de largo si evitas todo lo incómodo. Es tiempo de hacer, esforzarse y desacomodarse. Dios no hará en tu lugar el trabajo que te corresponde. Él abre la puerta y da la oportunidad; tú avanzas con fe y asumes la tarea encomendada.

El esfuerzo deja la satisfacción de haber colaborado con Dios, y el centro sigue siendo Jesucristo. Construir el arca significa que la fe toma forma en decisiones y acciones. El servicio y la adoración no se cambian por una vida más fácil o por beneficios personales.

Cuando Dios señala un lugar para su obra, no hace falta esperar diecisiete confirmaciones ni tener todos los recursos listos. Se puede empezar a actuar en medio de factores complicados: pueden faltar recursos económicos, pero no debe faltar la fe.

Hay quienes se comprometen y arriesgan lo que tienen para la obra de Dios. No es lo mismo hablar de fe que dar pasos de fe, sobre todo cuando todavía no tienes todas las garantías que quisieras. No se trata de actuar por impulso, sino de responder a la convicción con hechos y asumir la responsabilidad que eso implica.

Somos una iglesia de discípulos, llamada a multiplicarse y a bendecir a otros. Que Dios sostenga una obra no elimina nuestra participación: nos anima a servir y a caminar con fe incluso con nuestras imperfecciones, sabiendo que cada acción puede formar parte de algo mayor.

La tormenta que conduce a otro lugar

El arca reposó sobre los montes de Ararat: no en un lugar bajo, sino en uno alto. Es el cumplimiento de Dios: algunas tormentas te llevan a lugares que la comodidad y el confort nunca te habrían permitido alcanzar.

Una tormenta puede impulsarte hacia el propósito de Dios. No saltes del arca. Lo que para muchos fue destrucción, para Noé y su familia fue el impulso para continuar la historia.

Noé envió primero un cuervo. El cuervo representa los pensamientos y mensajes sin vida: voces que dicen que no lograrás nada, que se acabó el tiempo o que todo ha terminado. También lo que alimenta la mente, como los chismes o los contenidos que alejan de la palabra viva.

El cuervo iba y venía, sin encontrar dónde posarse. Así son los pensamientos que contradicen la esperanza: no siempre puedes evitar que aparezcan, pero sí decidir si les das entrada y alimento. No permitas que esas voces ocupen el lugar de la palabra de Dios.

La paloma, en cambio, volvió al arca cuando no encontró dónde posarse. La paloma representa al Espíritu Santo y la necesidad de extender la mano hacia Dios en los momentos clave. Aunque todavía no tengas una respuesta completa, vuelve a buscar su presencia, en vez de buscar soluciones por todos lados sin detenerte a escuchar.

Ten temporadas a solas con Dios. No pidas solo una experiencia que confirme que todo está bien: disponte a ser corregido y pregúntale qué necesita mostrarte de tu vida interior. La obra de Dios no comienza únicamente en las circunstancias de afuera; también empieza dentro de ti.

Noé esperó siete días antes de volver a enviar la paloma. El siete habla de perfección: la obra que Dios comenzó llegará a su término. Mientras tanto, permanecer cerca del Espíritu Santo vale más que dejar que los pensamientos de derrota gobiernen tu corazón.

La paloma regresó con una hoja fresca de olivo: las aguas se habían retirado. El olivo da el aceite de la unción, y la hoja nueva es renovación. La unción no está reservada para líderes o ministros: Dios quiere una iglesia que ore por los enfermos, atienda a los necesitados y se ponga en la brecha.

La unción pertenece a una iglesia dispuesta a servir, no a una figura individual. Aunque cambien las condiciones del mundo, el olivo que sobrevivió habla de continuidad y de esperanza: el proceso se acerca a una nueva etapa.

Noé pudo agradecer haber aceptado la oportunidad. No desaproveches lo que Dios te presenta por evitar el esfuerzo. El reino de Dios no es un camino cómodo, sino glorioso. La vida de fe incluye decisiones, sacrificios y momentos arduos, pero se mantiene orientada al propósito y al servicio.

Aparta siete días para la oración y considera el ayuno según tus posibilidades. Hay distintas formas de ayunar; no es una competencia, sino tiempo apartado para Dios para cultivar intimidad durante la espera.

Pide perdón por tus pecados y abre tu corazón a Jesús como tu Señor y Salvador. Creer es confiar en Dios, permanecer en medio de la tormenta, escuchar al Espíritu Santo y responder con pasos concretos. Una ventana de oportunidad puede abrirse en el momento menos esperado: no dejes que el temor o la comodidad te impidan cruzarla.

Referencias bíblicas