EN Oración
Serie Victory

Victorias inesperadas: Dios también te sorprende

La vida te sorprenderá con ataques inesperados, como el gran ejército que vino contra Josafat; pero Dios también te sorprende con victorias inesperadas. Toma tu posición, quédate quieto y observa su salvación. Como el cojo junto a la puerta la Hermosa, abre espacio en tu corazón para ser sorprendido por Dios: la fe es más preciosa que el oro, y en el nombre de Jesucristo hay poder para levantarte.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 00 min

La vida trae sorpresas difíciles. «Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud». Josafat no lo esperaba ese día. El enemigo ya estaba a pocas decenas de kilómetros: no había tiempo para pedir consejo ni para planear. Tal vez a ti te llegó de pronto una enfermedad, una adversidad económica, una división o un momento difícil más grande que tú.

«Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá». No te mentiré: habrá momentos en que te sentirás aterrado, en que oirás la voz del enemigo y recibirás malas noticias. Sentir miedo no es pecado. Lo importante es tu reacción inmediata: Josafat corrió a Dios. Lo que vives puede ser más grande que tú, pero no más grande que tu Dios. El problema es quedarte aterrado y terminar el trabajo que el enemigo comenzó.

Toma tu posición

La respuesta de Dios fue: «No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros». No importa el tamaño del enemigo, sino la posición que tomas. Mantente firme en lo que Dios ha dicho, y observa. Si el ataque fue inesperado, la victoria también puede serlo. El desafío de la fe no es solo estar seguro de que Dios puede, sino mantener un corazón capaz de ser sorprendido por él.

Versículo clave

«No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.»

2 Crónicas 20:17

Así como la vida te sorprende, Dios también te sorprende, con victorias que solo él puede dar. Hay días en que no tendrás tiempo de leer un libro ni de pedir consejo; tendrás que doblar las rodillas y ver la manifestación del poder de Dios.

Junto a la puerta la Hermosa

«Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna». Muchos viven cojos en algunas áreas de su vida con cosas que los acompañan desde siempre, patrones que se repiten en su familia. La Biblia habla de consecuencias que alcanzan a varias generaciones, pero también dice que Dios hace misericordia a millares. La bendición es más grande que cualquier maldición, y en Jesús hay poder para traer libertad. Eso te da esperanza y también responsabilidad: tus decisiones afectarán o bendecirán a tus descendientes.

Por un lado venían Pedro y Juan a orar; por otro, cargaban al hombre cojo. En Dios no hay casualidades: mientras a ti te llevan cargado, Dios ya está enviando a alguien que no imaginas. Pedro y Juan eran muy diferentes, y aun así Dios los unió. Los que te cargan pueden llevarte hasta la puerta, pero llega un punto en que todo queda entre tú y Dios. Abre espacio en tu espíritu para que él te sorprenda. A veces estás tan lleno de lo que vives que ya no hay espacio para que Dios haga algo nuevo.

Fíjate en que el hombre estaba junto a la puerta, afuera del templo: tan cerca y tan lejos. Puedes estar en la iglesia, adorando, con el corazón lejos. Y el milagro ocurrió afuera, en la entrada, no en el interior del santuario. Lo más hermoso de una iglesia no son las pantallas ni las luces, sino un pueblo con un espíritu abierto para que Dios haga lo sobrenatural.

Míranos

«Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo». Lo primero fue cambiar su mirada: de la moneda a lo que Dios iba a hacer. Si quieres algo diferente, mira de manera diferente. Durante años lo habían apoyado en su condición; ese día alguien lo desafió en su condición. Bendice a quienes te apoyan, pero valora a quienes te desafían a creer más.

«Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda». Tu fe es «mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego». Aun lo que parece más estable en la economía puede caer; los cielos y la tierra pasarán, pero su palabra permanece. No te enfoques en el oro que perdiste, porque lo más valioso es tu fe. Y la fe se ejerce desde un corazón sano, no amargado: de él mana la vida.

Versículo clave

«Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.»

Hechos 3:6

Ese hombre ya no ensanchó su bolsillo, sino su corazón. «Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios». No perdones solo por el otro; perdona porque tu corazón vale más que el oro que te quitaron, y el Dios dueño del oro y de la plata puede restituirte aún más.

Pedro le tendió la mano. Un día extiendes la tuya pidiendo ayuda; otro día Dios te usa para levantar a alguien. La transformación de una ciudad no depende solo de pastores o líderes, sino de una iglesia que se acerca a alguien y le dice: «No tengo oro ni plata, pero oremos; en el nombre de Jesús hay poder». Cuidado también con quienes se alimentan de tu miseria para sentirse mejores: cuando te levantes, quizá ya no estén. Pero tú llevarás bendición a dondequiera que vayas.

Si aquel hombre hubiera insistido solo en lo primero que pidió, una moneda, no habría recibido su milagro. A veces insistes en lo mismo una y otra vez, aunque no funcione. El afán, por ejemplo, vendrá, pero no le abras la puerta: es un ladrón silencioso que te roba la paz y la confianza en el Padre. Cuando llegue, mira las aves del cielo y los lirios del campo: si Dios los cuida, cuánto más a ti. Deja que Dios te dé algo mejor que lo que pediste, y quizá un día tú seas el milagro para otros.

Sorprendidos por su nombre

En medio de las tensiones más grandes se manifiestan las verdades más grandes. Solo el nombre de Jesucristo debería sorprenderte: el Cristo levantado, el Mesías, el Hijo de Dios sentado a la diestra del Padre. Quizá esta temporada ha sido difícil; pero en cualquier momento Dios puede sorprenderte con una victoria inesperada. Toma tu posición, mira a Jesús, y prepárate para ser sorprendido.

Referencias bíblicas