EN Oración
Serie En peligro de extinción

Vivir definidos: salir de la tibieza y volver al fuego de Dios

La definición está en peligro de extinción. Que tu sí sea sí y tu no sea no. La tibieza de Laodicea, la costumbre, la resistencia a la corrección, los placeres, las emociones y las prioridades equivocadas apagan el fuego. José se mantuvo encendido ciento diez años por las visitaciones de Dios. Hoy Dios toca a tu puerta: ábrele.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

La definición está en peligro de extinción. Ser definido significa tener claro, con exactitud, lo que Dios planificó para tu vida, y también implica acción y resultados. Si quieres ver resultados diferentes, necesitas acciones diferentes. Una persona definida sigue creyendo cada día en las promesas de Dios.

Un sí que sea sí

«Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede». Lo contrario es la indefinición: un día creo, otro día no; hoy decido cambiar, mañana no. Allí el enemigo aprovecha para confundirte y llevarte en dirección contraria a lo que Dios tiene para ti. Pero cuando te ve definido, se asusta: «Resistid al diablo, y huirá de vosotros».

Por eso no se trata de estar firme un mes, dos o tres, sino de permanecer definido todos los días de tu vida. No le des lugar a la indefinición. Una generación definida es una generación que decide, y sigue decidiendo, caminar con el Señor hasta el último día. No es una decisión que se toma una sola vez en un altar, sino cada mañana, en cada elección pequeña y grande.

La tibieza que Dios no soporta

«Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero… Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!». Laodicea era una ciudad próspera, famosa por sus tejidos finos de lana negra, un centro de placer y riqueza. Sus habitantes creían que su abundancia agradaba a Dios. Pero a él no le impresiona la riqueza, porque es dueño del oro y de la plata; le impresiona el corazón que hay detrás de ella.

Versículo clave

«Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.»

Apocalipsis 3:16

Dios no tiene problema en bendecirte con abundancia; la pregunta es qué corazón tendrás. En Laodicea la abundancia pasó a ocupar el primer lugar, y ya no había tiempo para congregarse. Su estilo de vida contradecía lo que decían creer. Donde vayas, se tiene que notar que Dios es lo primero: en la oficina, en tus negocios, en lo que publicas. Si ya conociste al Señor, solo te quedan dos opciones: estar encendido o estar tibio. Frío ya no puedes ser.

Señales de tibieza: costumbre y resistencia a la corrección

La primera señal es hacer las cosas por costumbre. Vienes porque hay que venir, o para que tu líder no te llame toda la semana; cantas las letras de memoria, pero mientras tanto piensas en lo que harás después. El corazón está ausente. Quien viene a adorar ya viene encendido: no necesita que alguien lo anime a adorar. La misma canción de adoración puede ser cada vez una experiencia nueva con Dios.

Versículo clave

«Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.»

Mateo 15:8

La segunda señal es no recibir corrección. Quien cree saberlo todo, porque ha pasado por muchas iglesias o lleva treinta años de cristiano, ya está tibio. El que arde sabe que nunca deja de aprender, y dice: «Señor, ¿qué hice? Aquí te lo entrego». No se cree perfecto, solo dispuesto. Y cada vez que entrega algo, el fuego se aviva.

Placeres, emociones y prioridades

También te enfría el placer que pone en riesgo tu relación con Dios. Hay placeres buenos, como los que Dios dio al matrimonio; pero si algo te acerca al pecado o a la tibieza, di: «No, muchas gracias». Lo mismo sucede con las emociones: cuando ellas dirigen tu vida, vives como tibio. Hay días en que una noticia te deja el ánimo por el suelo, pero tu dirección no la dan tus emociones, sino lo que Dios dijo. El fuego del Espíritu Santo consume las emociones que no te dejan avanzar y te levanta el ánimo. Cuando tu prioridad es complacer tu alma y no alimentar tu espíritu, terminas decidiendo lo que quieres y no lo que debes.

El joven rico conocía los mandamientos, era respetado y buscaba la vida eterna, pero Jesús le dijo: «Una cosa te falta». Su prioridad era el dinero, y no pudo seguirlo. En cambio Zaqueo, despreciado por todos, subido a un árbol, estaba dispuesto. Jesús pasó junto a una multitud y se detuvo ante él: «Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa». Y Zaqueo dijo: «He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado». Dios prefiere a alguien frío pero dispuesto, que a alguien que lo sabe todo pero es tibio a la hora de decidir.

Un fuego sostenido por las visitaciones de Dios

José vivió ciento diez años encendido. Al final de su vida dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob… y haréis llevar de aquí mis huesos». Su clave fueron las visitaciones de Dios y la esperanza de que lo mejor estaba por venir. Aun a punto de morir, sabía que su historia no terminaba en Egipto. No importa lo bajo que estés: Dios te visitará y te hará subir.

«Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme… Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar?». Cuando por fin se levantó a abrir, sus manos gotearon mirra sobre el cerrojo, pero «mi amado se había ido, había ya pasado». Lo buscó y no lo halló. Dios nunca te obliga: toca, en la oficina, en el auto, en tu cuarto, mientras pasas horas frente a una pantalla. Si los afanes te impiden abrir, solo te queda su fragancia. ¿De qué te sirve saber que un día tu corazón ardía, si hoy ya no arde? No quieras solo sus bendiciones: quiérelo a él.

Abre hoy tu corazón

Dios está tocando a tu corazón ahora mismo, lleno de gracia y de amor. Quizá tu mente esté en otra cosa, pero hoy es momento de medir el termómetro de tu vida. Hay un tiempo en que debes definirte para abrir el corazón y que algo nuevo comience. Ábrele, y vuelve a arder por él. Puedes decirle: «Señor, perdóname por la tibieza. Me defino hoy por ti. No quiero solo tu fragancia; te quiero a ti».

Una persona encendida no se apaga con los años. No importa lo que llegue a tus manos ni las posesiones que tengas: no hay nadie como Dios. Que aunque pasen los años puedas seguir diciendo, como la sulamita, «estoy enferma de amor», y como José, «Dios ciertamente nos visitará». Ese es el fuego que se sostiene toda la vida: el que se alimenta cada día de su presencia.

Referencias bíblicas