EN Oración
Serie Saltos de fe

Una historia gloriosa: Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros

La Navidad no depende de una noche perfecta. El nacimiento de Jesús es una historia gloriosa que te invita a mirar más allá de las puertas cerradas, confiar en la presencia de Dios y abrirle tu corazón a Jesús.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
43 min

El ángel le dijo a María: «No temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Celebrar el nacimiento de Jesús no es recordar solo un día glorioso, sino un reino que no termina cuando pasa la Navidad ni cuando acaba diciembre.

Versículo clave

«y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Lucas 1:33

María preguntó: «¿Cómo será esto?». Quizá tú también enfrentas situaciones que parecen no tener respuesta. No sabes cómo ocurrirá cada cosa, pero puedes confiar en Dios y en la obra del Espíritu Santo. No necesitas conocer de antemano el desenlace de cada dificultad: Dios puede obrar aun cuando no ves cómo.

Si el reino de Jesús no termina la noche de Navidad a la una de la mañana, hay motivo para seguir celebrando. Si llegas al final del año sin haber visto lo que esperabas, puedes confiar en Dios, aunque no sepas cómo se desarrollará lo que viene.

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios». Aquella historia gloriosa comenzó con una visitación de Dios. María recibió un anuncio que no podía resolver por sus propios medios; pide tú también que Dios visite tu vida y tu familia.

Una historia que va más allá del éxito

¿Qué necesitas para vivir distinto el fin de un año o el comienzo de otro? No un regalo, ropa nueva ni una apariencia de éxito, sino una relación renovada con Dios. Imagina una celebración familiar en la que digan que lo más importante es que Dios visite a la familia y que puedan orar juntos. Los regalos no son el problema, pero Jesús —Dios hecho hombre para libertar a sus hijos— es el regalo mayor.

Una casa, un carro nuevo, un árbol grande y una cena pueden describir una celebración exitosa, pero no agotan lo que significa una vida marcada por Dios. Una historia gloriosa alcanza a las familias y está llena de milagros. Abre tu corazón para que el sueño de Dios se cumpla: es mayor y mejor que tus sueños.

José y María seguramente tenían sueños propios, pero el sueño de Dios era mayor. Deja espacio para el propósito de Dios en tu vida y en tu familia.

La historia que celebramos no dependió de que todo saliera como se había planeado. La Navidad no se reduce al árbol, la cena o los regalos: es una historia gloriosa porque la llegada de Jesús marcó la historia de muchas familias, y Dios también puede marcar la tuya. No presumas de una vida perfecta: dale gloria a Dios por lo que él puede hacer.

José piensa mientras enfrenta lo inesperado

José, su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es».

José pensaba bien: meditaba en lo que estaba viviendo. Ante una situación así, la razón podía sugerirle conclusiones duras, y otros seguramente sospecharon. Pero José pensaba en ello y no quería dañar a María.

Pide que el Espíritu Santo y la Palabra de Dios formen algo en tu interior. En medio de lo que tus ojos naturales muestran, que haya una convicción que te sostenga y te guíe hacia la verdad de Dios. Ora en familia: «Señor, ven, Espíritu Santo; habla a nuestras vidas. Te necesitamos». No necesitas estudios de teología para abrir tu corazón a Dios.

Busquen la unidad familiar. No importa tanto lo que opinen los demás, sino lo que Dios dice: pidan ser formados por él. Esa confianza no borra lo que ves o atraviesas, pero orienta tu mirada hacia la verdad de Dios y hacia una esperanza gloriosa, bendita y hermosa.

Un camino difícil y una puerta cerrada

Se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

¿Le salió todo bien a José? No: hubo cambios y condiciones imperfectas. Unos ciento treinta kilómetros a pie, con sandalias, entre polvo, valles y montañas, con su esposa embarazada. Cualquier familia que espera un bebé prepara todo con cuidado para su llegada; Jesús nació en condiciones muy distintas.

No había lugar para ellos en el mesón. El viaje, el empadronamiento y la falta de alojamiento fueron adversidades en una historia que no fue perfecta. ¿Cómo se puede hablar del favor de Dios con un viaje difícil y una puerta cerrada? La gracia de Dios no significa que todo resulte cómodo.

La travesía fue difícil, sobre todo con María encinta. La puerta del mesón se cerró, pero Jesús dijo: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo». Acércate a él.

Quizá tu año fue difícil y las cosas no salieron como esperabas. Ríndete a Dios y confía en su plan. No tienes que fingir que no hay dolor ni que todo fue perfecto: el favor de Dios puede estar presente aun cuando, desde tu situación inmediata, no es fácil verlo.

Mirar más allá del mesón

La noche del nacimiento no fue perfecta: no había lugar, y el niño nació en un pesebre. Hoy, hasta un pavo que no sale bien puede convertirse en motivo de amargura. Pero la celebración no consiste en comer pavo: puedes celebrar con frijoles si celebras a Jesús con alegría. No dejes que una imperfección material ocupe el lugar central.

La gracia te acompaña aun frente a una puerta cerrada. Que hubiera que empadronarse en ese momento, que no se encontrara lugar en el mesón y que el niño naciera en un pesebre: todo estaba dentro del plan de Dios en esa historia gloriosa.

Lo inesperado no siempre es agradable. Todos vivimos cosas inesperadas que no nos gustan, pero cuando experimentas la presencia de Dios, recuerdas a Emmanuel: Dios con nosotros. Su presencia es el centro de tu consuelo. La dificultad duele, pero mira a Dios en medio de lo que no habías previsto.

Quita tu mirada del mesón y ponla en lo que Dios ha dicho. Todos nos preguntamos alguna vez por qué nos toca una dificultad mientras al vecino parece irle mejor. Eres un ser humano como todos, y Dios es Todopoderoso: él ocupa el lugar central.

A veces te quedas mirando el mesón y preguntas: «¿Por qué solo a mí?». No te detengas en la puerta que no se abrió: mira también el pesebre, donde hay algo glorioso.

Buenas noticias para los pastores

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo… Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre».

Versículo clave

«Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.»

Lucas 2:10-11

Los pastores eran menospreciados por la sociedad, con un trabajo duro y noches de desvelo. Quienes el mundo desprecia también cuentan para Jesús y participan en la historia gloriosa de Dios.

Los pastores estaban desvelados y cansados, y recibieron un anuncio de gran gozo. Muchos llegan a la Navidad con temor, preocupaciones, ausencias familiares o procesos difíciles.

Para muchos, diciembre es un mes de melancolía, incluso de desesperanza, cuando falta la revelación de quién es Jesús. No minimices la angustia de nadie, y anuncia que la gracia de Dios está presente.

El pesebre fue la señal del ángel. Algunas cosas que has sentido como una carga pueden ser señales de lo que Dios hará. No se trata de minimizar la aflicción ni la angustia que has atravesado, sino de mirarlas a la luz de Dios.

A veces esperas que Dios actúe a tu manera y pasas por alto las formas en que él obra. No permitas que lo difícil que estás viviendo defina tu identidad. Si vienes de generaciones difíciles, has experimentado abandono o naciste en escasez, esas circunstancias no tienen la última palabra sobre tu vida.

«Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor». Belén, la ciudad de David, es el cumplimiento de una promesa de Dios. Jesús puede salvarte sin importar dónde te encuentres hoy. Él es el Cristo, el Ungido, el Señor y Salvador resucitado, lleno de poder y de gloria, sentado a la diestra del Padre.

A los reyes, Jesús se les manifiesta como Rey de reyes y Señor de señores; a los pastores, como el buen pastor; a José y María, como el Salvador del mundo. ¿Qué necesitas que Jesús sea hoy en tu vida? Que sea tu Salvador.

El perfecto amor y la celebración de Jesús

El perfecto amor echa fuera el temor. El amor humano es imperfecto; el de Dios es perfecto. Jesús te ama, te perdona y no te abandona; Dios sigue esperándote. Que Jesús sea lo más importante en tu celebración familiar, por encima incluso del regalo más llamativo.

¿Cómo será el próximo año? No lo sabes; ni siquiera sabes cómo será mañana. No sabes qué pasará con tus finanzas o tu empresa, pero tu confianza no depende de conocer esas respuestas, sino de saber quién estará presente. José tuvo que sostener a una familia cuando sus planes cambiaron.

Los sabios de oriente llegaron con oro, incienso y mirra, recursos que proveyeron para la familia de Jesús. Dios puede proveer para ti y tu familia, aunque no sepas qué ocurrirá en el mundo ni con tu empleo el año siguiente.

El reino de Jesús es para siempre. Vive esta Navidad como una experiencia de Dios en tu vida. Aparta el afán por lo que no alcanzaste, deja de mirar el mesón y vuelve tu mirada a Dios. Abre tu corazón para que su presencia llene lo que ningún otro regalo puede llenar.

Dale gracias a Jesús por nacer, hacerse hombre, darte vida eterna y transformar tu vida. Sin él, la vida no tendría sentido: ¿para qué servirían el árbol o los regalos si Cristo no se hubiera hecho vida en ti? Dale gracias por Emmanuel, Dios con nosotros, por su misericordia, su bondad y su gozo, que ningún regalo puede reemplazar.

Que la tradición se convierta en experiencia. Abre tu corazón al mismo Jesús que celebras: el que nació y murió por ti. De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito; si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, serás salvo. No como una repetición, sino desde lo profundo de tu corazón.

Pide perdón por tus pecados, ábrele tu corazón y reconoce a Jesús como tu Señor y Salvador. Celebra a Jesús no solo como una tradición navideña, sino en una relación con él, confiando en su presencia en medio de la incertidumbre.

Referencias bíblicas